Tras el parón del pasado año, el personaje de Don Juan volvió a pasear este viernes por las estancias del Palacio de la Merced, una escenografía natural de la que disfrutaron un total de 192 personas, el mismo número que volverá a hacerlo en los próximos días (30 y 31 de octubre y 1 de noviembre), ya que las invitaciones para esta función, que regresa cada año por el Día de Todos los Santos, están agotadas desde el mismo día que se pusieron a disposición del público.

Dirigida por Antonio Barrios, que está al frente de la compañía cordobesa de teatro clásico Teatro Par, la puesta en escena vuelve a tener el aliciente de recorrer las estancias de este emblemático recinto a través de una representación itinerante que se desarrolla en varios escenarios y que va moviendo a los asistentes por las distintas estancias del palacio. A causa de la lluvia, el recorrido previsto, que iba desde el vestíbulo hasta el Patio Barroco, la Iglesia, el Patio Blanco y la sala del artesonado, cambió ligeramente.

Álvaro Barrios vuelve a meterse en la piel del Don Juan de Zorrilla, un papel «que llevo muchos años haciendo, pero del que siempre descubro algo nuevo», dice el actor, que asegura que es un rol «complicado» porque «tiene muchas aristas». «Está el Don Juan más chulesco, pero también el enamoradizo y el temeroso, que es lo interesante», continúa el intérprete, que se ve acompañado de unos quince actores, además de un equipo técnico que vigila que toda la representación fluya correctamente y llegue al público con la máxima calidad. 

Una de las escenas de la obra de Don Juan en el Palacio de la Merced de Córdoba. MANUEL MURILLO

«Este año es muy especial para nosotros porque no pudimos hacerlo el pasado y teníamos muchas ganas de volver a representar la función en la Diputación, ya que supone otra forma de llevar a escena la obra», continúa Barrios, que asegura que «para un actor este escenario real es muy especial e influye mucho en la interpretación porque impresiona, igual que para el espectador también es otra forma de verla, ya que lo está viviendo en un lugar donde pudo ocurrir la acción».

En efecto, los espectadores se pueden sentir parte de la obra, que comienza en el vestíbulo del Palacio de la Merced, que hace las veces de la Hostería del Laurel, desde donde la acción pasa a la escalinata del Patio Barroco, escenario de la casa de Doña Ana de Pantoja. La siguiente escena, la del convento, se lleva a cabo, pasando por el interior de la iglesia, en el Patio Blanco, donde Doña Inés lee en su celda la carta que le escribe Don Juan. De ahí se vuelve al Patio Barroco, lugar de la la famosa escena del sofá. El Patio Blanco convertido en cementerio es el último escenario.