El productor y músico cordobés Fernando Vacas pasa por un momento dulce después del éxito cosechado con la pieza Alegrías del romero, dedicado a Julio Romero de Torres en el 90 aniversario de su fallecimiento. Además, este año se cumplen diez de la salida del disco Alegrías, grabado con Howe Gelb, con el que hizo «las paces con el flamenco». Pero si hay algo que tiene entusiasmado a Vacas es un ambicioso proyecto cultural que está a la espera de ser aprobado y presupuestado y que supondría un revulsivo para la ciudad a través de la cultura. «En Córdoba, si se pule la cultura, hasta nos puede dar de comer», dice.

- La pieza dedicada a Romero de Torres que presentó recientemente está teniendo una gran repercusión. ¿Lo esperaba?

- Cuando la terminamos, vimos que era un objeto de vanguardia muy bello, pero nunca sabes si va a gustar o no. Yo tenía cierta intuición, sobre todo después de mostrar la pieza a algunas personas. Creo que es una evolución natural de la ópera flamenca que hice, de mi manera de entender ese arte, desde el respeto, pero intentando arrojar otro punto de vista.

- Asegura que tiene interiorizado el mundo del pintor. ¿Qué le atrae especialmente del artista?

- En mi ópera flamenca ya lo reivindiqué, pero de una forma más espiritual. Julio Romero de Torres representa para mí cierto aroma de flamenco, la vanguardia, la belleza. Me interesa mucho su retrato de Córdoba desde la elegancia absoluta y, sobre todo, creo que fue el inventor del fotoshop. Cogía el cuerpo de una mujer, la cara de otra, y en el fondo aparecían amigos y familia y algún rincón de Córdoba.

- ¿Por qué un músico tan vanguardista como usted se aferra tanto a Córdoba?

- Creo que Córdoba tiene esa frecuencia de vanguardia, ese sustrato intelectual, que la diferencia de otras ciudades, lo que ocurre es que a veces se encuentra muy enterrado, pero existe. Además, yo tengo una conexión muy especial con San Rafael, y hasta que no haga dos cosas y media en Córdoba, que solo yo sé cuáles son, no me puedo mover. Me quedo en la tierra.

- Este año tiene otro gran aliciente para usted, la reedición del disco ‘Alegrías’ que grabó con Howe Gelb y que cumple diez años. ¿Qué significó ese disco?

- De alguna manera, este disco supuso la vuelta a mis raíces flamencas, que desde pequeño mantuve al margen porque quería ser yo mismo, lo que significaba apartarse de la tradición y de dónde naces. Pero con Howe volví a retomar el tema del flamenco porque a él le gustaba mucho Tomatito, la guitarra española, y a partir de ahí se creó una relación de amistad que compartí con mis amigos flamencos Lin Cortés, Añíl, Raimundo Amador y El Punky, y fue como un hacer las paces con el flamenco y retomar ese pulso que yo había mantenido apagado mucho tiempo.

- En enero nos sorprendió poniendo música a un documental de la empresa IKEA que habla de ciudadanía, cultura y sostenibilidad, ejes que le gustaría que se plantearan en Córdoba. ¿Lo ve posible en esta ciudad?

- Creo que sí. Córdoba tiene unas dimensiones, un tipo de ciudadanía y un sustrato intelectual que hace posible que esto suceda. Tiene una conciencia del urbanismo, de cuidar la ciudad, del patrimonio, y eso es importante. Por otro lado, la cultura siempre ha estado ahí, pero hay que ponerla en valor. Es como si tienes una pepita de oro, pero sucia, sin brillo. Si la pules con un buen paño puede brillar mucho y, si la vendes, hasta te puede dar de comer.

- ¿Tiene algo que ver esta idea con lo que nos indujo a pensar en la presentación de ‘Alegrías del romero’ sobre un próximo e importante proyecto cultural para la ciudad?

- Llevo desde junio del pasado año trabajando con varios profesionales de Córdoba y de fuera en un proyecto no atrevido, pero sí ambicioso, que ya se presentó en Alcaldía y sigue su curso. Sé que no es fácil, la Administración es lenta, pero sé que hay ilusión por la idea y desde Alcaldía lo están tratando con mucho mimo y seguramente cuaje. No va a ser fácil, pero es importante y necesario.

- ¿Cuáles son los ejes de ese proyecto?

- Se basa en la cultura, toca la sostenibilidad y la ciudadanía, que son los tres pilares marco en los cuales se posiciona el futuro. Partiendo de esa base, se crearía una escena cultural y después un tejido, lo que llevaría a una industria que puede ser perfectamente una manera de conseguir recursos económicos para la ciudad. Que no sea un turismo como el que hemos visto hasta el momento, porque con esta pandemia y lo que puede suponer para los años venideros, no es sostenible. Y creo que debe ser así, no ya por el tema psicológico, sino sostenible a nivel de ciudad y de estabilizar los recursos de una población que, si no se tiene cuidado, a las próximas generaciones las vamos a dejar prácticamente desiertas.

- ¿Cree que Córdoba está a años luz de lo que debería ser culturalmente?

- Sí, Córdoba tiene mucho potencial. Yo siempre pongo el símil de un padre cuyo hijo no hace lo que debe y tiene que marcarle unas pautas. En este sentido, pienso que la voluntad política es importante a nivel cultural y, sobre todo, tiene que hacer partícipe al ciudadano, motivarlo, y que a partir de ahí empiecen a pasar cosas positivas.

- Da la sensación de que este proyecto tiene un poso filosófico cuyo objetivo es convertir a Córdoba en un centro de creación y exhibición a la vez. ¿Cómo se consigue eso?

- Con consenso y con la idea de ir todos a una. No somos ni tan originales ni tan especiales como pensamos a veces, simplemente somos diferentes, pero al final hay unos objetivos comunes. Y en Córdoba, aparte de que te guste más o menos la cultura, el reto es poder vivir en una ciudad amable y bonita, y aquí se presta esa posibilidad, pero hay que darle muchas vueltas, pensar en positivo y perseguir objetivos comunes para todos.

- ¿Qué papel juega la tradición en este proyecto?

- Un proyecto de ciudad apoyado en la cultura toca troncalmente a todas las fiestas populares y citas clásicas. Hay que crear una ciudad llena de contenidos culturales que atraigan a un tipo de turismo que interese y que no sea solo en unas épocas del año, sino que sea sostenible y desestacionalizado.

- ¿Tiene fe en que nuestros representantes y los propios cordobeses sepan entender este proyecto?

- Sí, creo que nuestros representantes políticos lo están viendo, pero también sé que no es fácil. Aunque hay que darle una oportunidad para que se expresen y que tengan confianza en ellos y en la ciudadanía, porque creo que Córdoba puede reaccionar de una manera muy positiva a este tipo de iniciativas. Yo soy músico, pero siempre me ha gustado relacionarme con la música de otra manera, como, por ejemplo, creando programaciones en algunos espacios que, siendo arriesgadas, al final han dado un resultado muy positivo a nivel de calidad, critica y audiencia. Creo que al cordobés, cuando se pellizca en el sitio justo, le sale una sonrisa.

- ¿De quién se ha acompañado para realizar este proyecto?

- De profesionales de alto nivel de las letras, la tecnología y lo digital, de la cultura, de la música, del flamenco... Tengo una larga colección de cartas credenciales y, cuando esto avance, se conocerán los nombres.