ENTREVISTA | José Manuel Lucía Megías Escritor

"'Kabul' nació de la barbarie y de la rabia"

‘Kabul’ es una crónica en verso del drama de Afganistán tras la vuelta al poder de los talibanes. José Manuel Lucía habla de su gestación en esta entrevista

José Manuel Lucía Megías. | Jesús Miguel de la Fuente

José Manuel Lucía Megías. | Jesús Miguel de la Fuente

Nuestro escritor, traductor, gestor cultural, catedrático de Filología de la Universidad Complutense, especialista en Cervantes..., además de otros cargos y títulos, nació en Ibiza, pero se ha movido por Barcelona y últimamente reside en Madrid. Debutó en la poesía en 2020 con el poemario ‘Libro de horas’. Así mismo, es director de la Plataforma Literaria Escritores Complutense 2.0 y del grupo de investigación Poética de la modernidad.

‘Kabul’ es un libro entrañable en todos los aspectos, de esos de releer. ¿Qué te llevó a escribir ‘Kabul’?

Podría decir que la crónica poética que es ‘Kabul’ nació de la barbarie y de la rabia: de la barbarie de cómo un régimen tan inhumano como el de los talibanes consiguieran conquistar Kabul en agosto de 2021 y de la rabia de comprobar que ni el pueblo afgano ni los pueblos que los habían apoyado habían sido capaces de crear una nueva sociedad que no permitiera vueltas a la barbarie del pasado. ‘Kabul’ es la crónica -día a día- de cómo los talibanes iban conquistando el poder mientras la población huía y se encontraba cada vez más sola; pero es también la crónica de cómo la globalización capitalista que ha terminado por imponer un «orden natural» ha terminado de ser el menos natural de los órdenes, el menos humano. ‘Kabul’ es un grito para que el silencio no se convierta en nuestra única respuesta ante las injusticias que vemos día a día multiplicarse por el mundo.

¿Se puede decir que es un poemario social?

Más que un poemario social, yo lo calificaría de crónica política poética. ‘Kabul’ no es un libro de poemas pensado, no es literatura de salón, de escritorio. ‘Kabul’ nunca fue pensado como libro. Durante los meses anteriores a la caída de Kabul, había desplegado una estrecha colaboración desde la Universidad Complutense de Madrid con la Universidad de Kabul y con las autoridades afganas en España, con la intención de crear la Biblioteca Básica del Español. Meses de esperanzas, de proyectos, de tener la sensación de poner un ladrillo en la construcción de un nuevo Afganistán, donde la cultura y la educación eran dos de sus baluartes. Así que leía las crónicas que nos llegaban de Kabul, veía las imágenes de las calles, de las colas alrededor del aeropuerto, las noticias de los derechos que se iban perdiendo día tras día y comencé a escribir. Comencé a escribir para mí un diario de aquellos instantes, porque sabía que, pasados unos meses, nadie se acordaría de Kabul, de lo que había pasado y lo que seguía sufriendo el pueblo de Afganistán. Y la crónica desde un principio se volvió verso, y el verso fue mi aliento y mi ritmo durante esos quince días. Los poemas fueron escritos a medida que se iban sucediendo los acontecimientos que se narraban. Con una voluntad clara de hacer de la literatura el grito perpetuo de la memoria, de la denuncia. Por eso, pienso que ‘Kabul’ tiene mucho de político, de un posicionamiento donde la literatura deja de ser entretenimiento -lo que le gusta al poder capitalista- y vuelve a ser voz del oprimido, del que le han robado la voz, o veo cómo se la están robando.

El tema protagonista de ‘Kabul’ es la pérdida de los derechos humanos en Afganistan, principalmente el de los derechos de las mujeres.

En efecto, la crónica cotidiana poética, la necesidad de dejar en verso escrito lo que estaba sucediendo a cada momento, en realidad era la crónica de unos derechos perdidos, de la muerte anunciada de una sociedad. A cada nueva declaración de los talibanes de que no iban a repetir los excesos de hace veinte años, esos derechos se tambaleaban hasta llegar a perderse. Y así ha sucedido. Las mujeres han vuelto a ser consideradas «objetos» sin derechos, limitadas a la geografía de las paredes de su casa, y sin educación, sin posibilidad de ganarse otro mundo gracias a la educación: primero la educación primaria, luego la secundaria y luego la universitaria. Por eso, después de un año de mantener el libro en el cajón de la escritura, quise comenzar con un poema escrito un año después que es un homenaje a todas esas mujeres que siguen luchando en Afganistán para revertir esta situación, incluso jugándose la vida en cada uno de sus movimientos. Mujeres con las que he mantenido y mantengo contacto y que intento apoyar y animar en la distancia. Mujeres que, gracias a miles de personas en todo el mundo, saben que no están solas. Que nunca lo estarán.

¿Por qué ya no se habla de Kabul?

Ni de Kabul, ni de Siria, ni de Senegal... ni de la Cañada Real que siguen sin luz justo al lado de una ciudad que se prepara para el despilfarro energético de las Navidades... La agenda de las noticias no se organiza a partir de nuestros intereses, de la mayoría de la población que, estoy seguro, se mueve en una empatía ante el otro mucho mayor que los gritos de odio al que se le da un altavoz excesivo en los medios de comunicación. Se ha impuesto la política de la palabra (de los titulares) y no de los hechos. A mí como ciudadano me gustaría escuchar menos a los políticos y verles trabajar más por solucionar nuestros problemas. Los ciudadanos debemos reivindicar el derecho de la palabra, del espacio para que se escuche nuestra palabra. Me temo que el periodismo moderno -que nació en el siglo XIX para abrir estos espacios de diálogo y de control al poder- ha perdido esta función. Hay que volver al arte, a la literatura para devolverle el voz a la gente que se han quedado mudos, que nos intentan dejar mudos.

Este poemario también se podía titular, ‘El grito’.

En efecto, es eso: un grito poético... pero no el grito de rabia o de la desesperación, sino el grito poético de la razón, de las ideas, de la propuesta de futuro. La poesía ha de recuperar su espacio central en la vida cotidiana, porque la razón poética, atravesada de belleza, termina por mejorar nuestro entorno, hacernos más humanos. Vivimos en una época de demasiada prosa, y además un prosa cada vez más ramplona y simple. Ante una sociedad de prisas y prosa, reivindico una sociedad de miradas y de poesía.

Por cierto, ¿se podría decir que ha desaparecido la literatura social?

Para mí, la literatura es, en su propia esencia, social: es decir, es el mejor medio para comprendernos como entes sociales, como parte de una sociedad. Y hacemos poesía social cuando hablamos de nuestra memoria o de nuestra desolación al no encontrarnos en este mundo. Hacemos poesía social cuando describimos y nos describimos en este mundo, o intentamos comprender la realidad que nos rodea... Aquella poesía social, que lo era también política y lo era de grito de libertad y lo era de ataque al sistema político -y económico- del momento, que fue la poesía del inicio de la dictadura o de los primeros años de la transición, tendría que volver: una poesía necesaria para también hablar de la gran crisis que estamos viviendo, los estertores violentos y mortales del capitalismo liberal que ya no da más de sí... la poesía como fuente de conocimiento de nuestro mundo. Ayer y hoy. Y mañana.

Para mí, este libro entrañable tiene una estructura narrativa poética.

La estructura del libro viene dada por su propia escritura: la crónica diaria de lo vivido en Afganistán a medida que se iba sucediendo, el guion de la ignominia durante aquel agosto de 2021. Los poemas vienen acompañados de una fecha, que es la fecha de escritura... y había días en que hay dos y tres poemas... Era una crónica necesaria. Todas las historias, todas las tragedias, todas las derrotas y todos los silencios merecían, tenían que ser contados... y en verso. Y además recuperar el recuerdo y la memoria de otros momentos de la historia de Afganistán, y de otros escritores y mujeres excepcionales que se quedaron en el camino como Nadia Anjuman. Una crónica que, día a día, llenaba mi teléfono móvil de versos, de unos versos que esculpían en la piedra del recuerdo lo leído y lo visto durante aquellos días.