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HISTORIA

Una biografía colectiva

'Ellas. Los estudiantes de la Residencia de Señoritas', de Encarnación Lemus

María de Maeztu imparte clase en la Residencia de Señoritas de Madrid. ARCHIVO INSTITUTO INTERNACIONAL

En 1933, Niceto Alcalá-Zamora, presidente de la República, visitó el Instituto Escuela y la Residencia de Señoritas de Madrid. En esta última lo recibió su directora, María de Maeztu, junto con los miembros del Patronato. Según recoge el diario ‘Ahora’, pronunció un discurso con palabras de reconocimiento para la labor que a favor de las mujeres se hacía en aquella institución, y acerca de su directora, «le dijo que para ella existía el éxito de renovar perpetuamente su juventud y el sentido de la maternidad, porque cada nueva generación que entraba por las puertas y cada una de las que se marchaban tenían en ella el sentido acogedor de la madre que perpetuamente veía renovado su espíritu».

Aquella institución, vinculada al proyecto educativo de la Institución Libre de Enseñanza (1876), inició su andadura en el curso 1915-16. Sus alumnas encontraron en su formación el amparo de la Junta de Ampliación de Estudios (1907), con una línea marcada por la experiencia de la Residencia de Estudiantes (1910) y además mantendría colaboración docente con el Instituto Escuela (1918). La presente obra no es una historia de la Residencia, sino de la trayectoria de un conjunto de mujeres que pasaron por ella a lo largo de su breve existencia, pues la misma se vio truncada con la guerra civil. La base de la investigación de la profesora Lemus se halla en las cartas de las jóvenes con la institución que las acogió, de ahí que, como ella reconoce, «al ser esta una correspondencia tan numerosa, he querido construir no una suma de biografías sino, en cierta manera, una biografía colectiva, es decir, un retrato del conjunto de las residentes». No está de más recordar, en este punto, que Encarnación Lemus ya había dado muestras de su sensibilidad y delicadeza al manejar fuentes epistolares cuando editó el conjunto de cartas intercambiadas entre Carmen Gómez Ruiz y Luis Campos Osaba: ‘¡Cárcel de amor. Una historia real en la dictadura franquista¡’ (2005).

A lo largo de la obra resalta el papel clave jugado por la «señorita de Maeztu», así la denomina la autora, quien también reconoce ese papel maternal, algo matizado, al que recurría Alcalá-Zamora, pues afirma: «María, una madre para todas, también tenía que ser recta, intachable, abnegada, trabajadora incansable, culta y mujer de mundo». Todas esas características aparecen a lo largo de las cartas manejadas en esta investigación, aunque se debe añadir que no estuvo sola, pues contó con colaboraciones importantes, entre ellas la de la secretaria de la institución, Eulalia Lapresta, que también aparece en algunas de las cartas.

La estructura de la obra es consecuencia de la fuente manejada, de modo que la profesora Lemus, tras la introducción, detalla a lo largo de seis capítulos cuestiones vinculadas tanto a la actividad profesional como a otras de ámbito privado, bien por boca de las propias estudiantes o por la de sus familiares, puesto que la vinculación con la Residencia no se limitaba a las allí alojadas, sino también a padres, madres o hermanos, y así es como nacería ese fenómeno que Encarnación Lemus define como «residencialismo». En las cartas vemos la preocupación de los padres por cómo se va a desarrollar la vida de sus hijas en la capital, o cómo iban a ser los desplazamientos, y cuáles eran las normas de conducta a observar; también se obtienen conclusiones acerca de los esfuerzos económicos de algunas familias modestas para que sus hijas pudieran desplazarse a Madrid; no faltan referencias al dolor que se sufre en la familia por la enfermedad o la pérdida de alguno de sus miembros; queda constancia de la importancia de las amistades e influencias para conseguir determinados objetivos; aparecen reflejados los éxitos en distintos ámbitos: docente, profesional, científico, presencia en centros extranjeros; por último, están recogidas las «grandes aventuras» de algunas de ellas, pues dice Lemus que de la mano de María de Maeztu «iniciaron una empresa con resultado incierto y que implicaba riesgos y algunas persistieron en mantenerse en esa vía, la del resultado incierto». Con el valor indudable de que fueron las primeras mujeres en tener presencia en varios campos de la docencia y la investigación.

Imposible detallar aquí los nombres de aquellas mujeres. En sus conclusiones finales, la autora recurre a un término utilizado por Shirley Mangini para calificar a las mujeres protagonistas de cambios trascendentales en la España del primer tercio del siglo XX: «modernas», y así a las estudiadas en su investigación las define como «modernas de provincias», intérpretes de una transgresión que a algunas les costaría ser víctimas de la represión franquista, también se encuentran sus nombres en el exilio republicano, y otras se verán obligadas a abandonar su actividad o cuando menos muchos de sus planteamientos. A ellas la profesora Lemus no quiere aplicarles el término de exilio interior, prefiere «describirlas de manera más sencilla: mujeres en soledad», porque «se vieron arrojadas otra vez al pasado, aisladas en su individualidad, transformadas de modernas en extravagantes, desalojadas».

‘Ellas. Las estudiantes de la Residencia de Señoritas’

Autora: Encarnación Lemus López.

Editorial: Cátedra. Madrid, 2022.

Presencia en Córdoba

Dolores Saudiel Repiso llegó a la Residencia de Señoritas en 1918 desde Posadilla (Fuenteovejuna) y tuvo su propia farmacia en Villaviciosa. Allí se alojaron dos hijas de Juan Díaz del Moral, Serafina y Luz, así como Paula Martín Ruiz, de Pueblonuevo, que le pidió a María de Maeztu que fuera su madrina de boda.

Desde Cabra llegaron Felisa Gómez García-Cantarero, hija del secretario del Juzgado de 1ª instancia, que estudiaría Farmacia. Igual que Consuelo Gómez Pérez, farmacéutica en Puente Genil, donde mantuvo amistad con Rafaela Ortega y Gasset (vivió allí entre 1936 y 1939); tras la guerra, Consuelo desempeñó el cargo de inspectora de Sanidad local. Murió en Sevilla a los 90 años. Y Nieves López Pastor, que llegó en 1926; se licenció en Filosofía y Letras, desarrolló una intensa vida cultural en Madrid e hizo amistad con Gabriela Mistral, con la cual mantuvo correspondencia. Vinculada al Estado republicano, sufrió consejo de guerra, fue cesada y condenada a 6 meses y un día de prisión menor. Se instaló en Villanueva del Arzobispo, donde realizó una intensa actividad docente y se ocupó de la biblioteca municipal. Publicó poesía y falleció en Úbeda en 1973.

Vinculadas a la Residencia estaban Pilar Díez Jiménez Castell, catedrática de Lengua y Literatura del Instituto de Cabra en 1928 y Carmen Guerra San Martín, directora de la Biblioteca Pública de Córdoba, destituida y depurada, su nombre debería figurar en alguno de los espacios del nuevo edificio de la Biblioteca en Córdoba.

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