CARTAS DE LA ALMEDINA

Volver a los clásicos

¿Qué hay que leer para saber de Córdoba y su literatura?

Góngora.

Góngora. / Francisco Expósito

Francisco Expósito

Francisco Expósito

En un año en el que se celebrará el centenario del nacimiento de Italo Calvino, tengo sobre la mesa su libro ‘Volver a los clásicos’, una buena excusa para recordar al también autor de ‘El barón rampante’. Decía Calvino que podemos llamar clásicos «a los libros que constituyen una riqueza para quien los ha leído y amado, pero que constituyen una riqueza no menor para quien se reserva la suerte de leerlos por primera vez en las mejores condiciones para saborearlos». ¿Cuáles serían los clásicos de Córdoba? ¿Quiénes han sido los autores que han influido en España e, incluso, a nivel internacional? Hace unos años, en un trabajo publicado para una revista cordobesa, recurría a académicos e investigadores para tratar de hacer una síntesis de las «maravillas» de Córdoba, desde el personaje más influyente de la historia de Córdoba, al edificio religioso que ningún visitante debería dejar de conocer, el monumento natural de más interés, la fiesta que no hay que perderse de Córdoba o el libro publicado por un autor cordobés que todos deberíamos haber leído.

Las respuestas eran dispares, aunque siempre surgían nombres que cualquier cordobés, cualquier andaluz, debía conocer o leer. Ahí estaban Séneca, Averroes, Maimónides o Góngora, pero también otros como Juan Valera, Díaz del Moral o Ramírez de Arellano. ¿Habría que incluir a algunos miembros del Grupo Cántico en esta relación por la incidencia que han tenido en la poesía de la segunda mitad del siglo XX?

En el primer siglo de nuestra era escribía Séneca en su libro ‘De vita beata’ (‘Sobre la felicidad’): «La naturaleza me ordena ser útil a los hombres; sean esclavos o libres, de padres libres o libertos, de libertad legal o dada entre amigos. ¿Qué importa? Dondequiera que haya un hombre, allí hay lugar para un beneficio». Era Roma y todos conocemos lo que sucedió después. Un libro abierto a la vida sería éste de Séneca, donde también afirmaba: «Si podéis, alabad a los Dioses buenos; si no podéis, al menos pasad de largo». Puro estoicismo. ¿Qué decir también de Maimónides o Averroes, personajes que tuvieron tanta influencia en los siglos posteriores? Por cierto, ahora que los fogones han creado «semidioses» de la gastronomía, por qué no mirar a Maimónides o Averroes y lo que decían sobre el aceite de oliva.

Y en la literatura, y más concretamente en la poesía, resulta imposible pasar de largo de Luis de Góngora. En palabras de José Manuel Cuenca Toribio, «el mayor genio de la poesía lírica española». Lorca lo calificó como el «padre del idioma castellano», por encima de Cervantes, al considerar que impulsa una revolución de la gramática, construyendo nuevas palabras y construcciones sintácticas. Ahí queda la influencia que tuvo en los poetas del 27 y su permanente vigencia en la lírica castellana. En la novela, Joaquín Criado seleccionaba ‘Pepita Jiménez’, de Juan Valera, «una de las mejores novelas psicológicas y costumbristas de todos los tiempos».

Por su influencia en la historiografía andaluza hay que reseñar siempre la ‘Historia de las agitaciones andaluzas’, de Juan Díaz del Moral, y para un ámbito más local, los ‘Paseos por Córdoba’, de Ramírez de Arellano. Sin duda, nombres que nadie debe dejar pasar entre los clásicos cordobeses a los que acudir siempre, como también hay que bucear en las obras de Amador de los Ríos o el inca Garcilaso de la Vega, que falleció en Córdoba y unió la literatura de España y América.