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ENSAYO

El gran apagón

Manuel Cruz reflexiona sobre la degradación de la racionalidad

El gran apagón FERNANDO ALVARADO

Si el siglo XVIII mereció el calificativo de Las Luces, el empeño en que la Humanidad abandonara por fin su culpable minoría de edad, el siglo XXI parece estar ganándose a pulso el de ‘El Gran Apagón’. Si el primero se caracterizó por examinar la totalidad de lo real a la luz de la razón, el segundo, en cambio, el que nos ha tocado vivir parece que se va caracterizándose por un oscurecimiento progresivo de dicha luz. Pareciese que nuestro tiempo está renunciando al empleo de la racionalidad misma como herramienta útil para esclarecer los más diversos ámbitos de la realidad, tanto personales como colectivos, de nuestras vidas.

Esta es la tarea que se propone llevar a cabo, Manuel Cruz, catedrático de Filosofía contemporánea en su reciente ensayo ‘El gran apagón’ (‘El eclipse de la razón’, Galaxia Gutenberg, 2022). Este diputado de Barcelona por el PSC, presidió la Cámara Alta en la XIII legislatura. Ha recogido sus experiencias políticas en dos libros: ‘Transeúnte de la política’ (2020) y ‘Democracia, la última utopía’ (2021). El subtítulo del ensayo hace referencia a los efectos que van a influir en el funcionamiento de todos los ámbitos a los que se ha renunciado al empleo de la racionalidad, más allá de la mera razón instrumental. Ese eclipse racional en modo alguno debería hacerse equivalente al silencio ni tampoco a la renuncia a la persuasión del otro. Así, para Cruz, el déficit de racionalidad que se está produciendo en el espacio público afectará sin duda y de manera directa a la calidad de nuestra vida en común. Por lo tanto, de seguir así la democracia entendida como deliberación colectiva se verá seriamente afectada. Más que el examen crítico de las propias convicciones a la hora de la toma de decisiones, se verán sobrepasadas por la adhesión emotiva, lejos de toda crítica racional de lo real.

Lo específico de las democracias deliberativas es, precisamente, que las decisiones se toman al final del diálogo y nunca al inicio. La política, como forma de espectáculo donde los políticos (supuestamente poderosos) sufrirán una feroz crítica, mientras el poder real se encuentra en la sombra. Si desaparece lo racional, sostiene Cruz, el debilitamiento de lo público será severo. A más racionalidad instrumental, menos racionalidad deliberativa. Se cortocircuitará la argumentación racional, donde las gentes opinarán de política sin ideas políticas, por sentido común. En la era de la post-política las cuestiones materiales quedan fuera de escena, apareciendo los valores post-ideológicos de carácter transversal.

Democracia: Izquierda y derecha

Asistimos a una crisis de confianza de una ciudadanía fatigada hasta la decepción por el incumplimiento reiterado de los programas de máximos. En una sociedad del espectáculo, para que este continúe la política alimenta la producción de contenidos a los medios. La izquierda comienza por un salvemos, desde el paisaje a las especies animales, pasando por el patrimonio cultural amenazados por la «destrucción colectiva» de los conservadores de derechas. El populismo de izquierdas se ve a sí mismo como una respuesta democrática antiliberal al liberalismo no democrático. Se le abrió una ventana de oportunidad al galvanizar el profundo malestar generado por la gestión de la derecha de la crisis de 2008.

La izquierda populista libra batallas culturales en un nuevo escenario, el de la diversidad, que en realidad acaba por ser una trampa, que la aleja de la lucha por la igualdad, que debe ser multifactorial, de lo contrario será revancha y una apuesta fallida. La izquierda, en general, debe reformularse a sí misma, con nuevos términos y nuevos protagonistas.

La derecha, por su parte, se caracteriza por la resistencia a los cambios, en la práctica busca mantener determinadas estructuras básicas relacionadas con la propiedad y el poder. Y todo aquello que le proporcione beneficios económicos. El capitalismo más voraz tiende a convertir en negocios todo cuanto tiene a mano. El imaginario que la caracteriza es la legitimación del orden existente. La apuesta conservadora apuesta por lo obvio, lo ya dado y en contra del asombro. El populismo de derechas se ha lanzado a un revisionismo histórico desaforado. La nueva derecha alternativa abraza los valores post-materiales, post-ideológicos, esforzándose en despolitizarlos para atraerlos a su proyecto transversal. En un intento de soslayar el eje izquierda/derecha se apuntan al victimismo, casi monopolio de la izquierda, planteando una jerarquía de agravios, ofendidos, asimilando la cultura de la queja.

Este ensayo que trata temas como si hay antifascistas de derechas, sobre la devaluación de la cosa pública, el eclipse de la razón que oscurece también la memoria, la victimización como utopía del resentimiento, sobre las víctimas de las víctimas, sobre el nativismo y el directismo, de las emociones y las guerras culturales en tiempos de oscuridad discursiva. En definitiva describe a fondo la calidad de la democracia que vivimos, estableciendo qué ha hecho posible la actual polarización a la que hemos llegado.

El filósofo y político Manuel Cruz establece una serie de causas de esta degradación de la racionalidad. Reflexiona sobre sus efectos e intenta reconstruir todo un debate de ideas que regenere el necesario e imprescindible diálogo en las democracias avanzadas. De lo que se trata es de fomentar las divergencias críticas como paso ineludible para un mejor entendimiento en la esfera pública.

‘El gran apagón’.

Autor. Manuel Cruz

Editorial: Galaxia Gutenberg

Barcelona, 2022

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