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CUENTOS

El desconcierto de vivir

La profesora y escritora Juana Vázquez publica en Relataria su nuevo libro

Juana Vázquez. CÓRDOBA

Editado por Relataria, en la colección Sapere Aude, el último libro de la poeta, narradora, ensayista y profesora Juana Vázquez es un cosmos donde viven muchos personajes, mirados por la novelista con la lucidez de su extrañeza vital. Y me explico, la narración de Juana Vázquez siempre contiene una mirada singular a la vida, donde respira la melancolía y una cierta añoranza de lo que no ha ocurrido.

Vivimos a veces las vidas que imaginamos, caminamos a veces con los seres que no somos, nos impulsamos con personajes de novelas, de películas, somos seres a la deriva, que buscamos en el universo alguien que nos comprenda o con quien podamos identificarnos.

La clave de estos cuentos son espejismos, miradas únicas a unos seres que necesitan el abrazo, la protección. Cuentos como «Su nombre es Julia, tenía los ojos de agua», «La madrugada tenía muchos racimos» y «Llovía torrencialmente», ella la poeta, nos hablan desde la niña que vive en Juana, una niña asombrada al universo vital, que no entiende el mundo de los adultos, que vive con la sensación de tener una luz interior, un juego de espejos en una colmena (aquí expreso mi admiración a ‘El espíritu de la colmena’ de Víctor Erice, gran película), donde los adultos callan, esconden secretos, viven sus derrotas.

La mujer que es Juana se manifiesta en los cuentos, llenos de realismo mágico, de luz que irradian personajes que a veces son fantasmagóricos, pero que se parecen mucho a nuestros mundos interiores.

La prosa de la escritora está llena de orfebrería verbal, de luz que ilumina los objetos, el mundo exterior, de personas extrañas que uno se encuentra y que nos ofrecen sus miradas a la ficción de la propia vida: «Era una noche serena en el café, no había más que siete personas solitarias y resonaba la paz entre los huecos de las mesas, vacías. Las luces tenían color de mariposas de polilla...».

Todo ese mundo de bares, de lluvia que cala hasta los huesos, de la mujer que mira desde el interior de su casa el exterior, mientras se pone a escribir, ante una página en blanco que es también un lienzo de un cuadro posible, vive en Juana. Logra la gran escritora extremeña sumergirnos en espacios que respiran sueño y pesadilla, que son reflejos de espíritus que no entienden el sentido de la vida.

La escritora que mira desde la ventana, que sabe que afuera hay vida, pero que dentro hay melancolía y un afán de abrazar a los demás, de perpetuar el afecto vital: «En una ventana de enfrente vio luz. Todos los edificios de alrededor dormían, soñaban o quién sabe qué».

Edificios, bares, escaleras, ventanas, personas que vagan sin rumbo, son todos paisajes para la escritora que sabe mirar adentro para desvelar la verdad de un mundo que se rasga por dentro.

Desde la poeta a la ensayista llegamos a la narradora, en todas sus vertientes, Juana Vázquez tiene una voz original y poderosa, que nos traspasa y que nos va llegando, hasta la emoción de su riqueza literaria y humana.

El desconcierto de vivir son un grupo de cuentos escritos a flor de piel, con dolor y con nostalgia, pero también con la esperanza de un lector que los acoja y los abrace, cuando llega la noche y estamos solos ante las sombras y las luces de la vida.

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