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‘Cántico’, 75 años de una feliz aventura poética

Carlos Clementson reivindica la importancia del Grupo Cántico al cumplirse el 75 aniversario del primer número de la revista que los unió y sirvió como faro de su inmensa creatividad poética y artística

Distintas imágenes en las que se observa a los integrantes del Grupo Cántico, una alianza perfecta de amigos que pusieron a Córdoba en lo más alto de la poesía española durante varias décadas. Diario CÓRDOBA les entregó a algunos de sus integrantes el premio Cordobés del Año (fotografía de la derecha). | JOSÉ LUIS PICÓN/CÓRDOBA

En aquel ya lejano octubre de 1947 salía a la luz, rompiendo la atonía provinciana de la vida cultural cordobesa, el primer número de una revista, ‘Cántico’, dirigida por un trío de jóvenes poetas, Ricardo Molina, Pablo García Baena y Juan Bernier, a los que habría que añadir los también cordobeses Julio Aumente y Mario López, más la colaboración plástica de los artistas Miguel del Moral y Ginés Liébana.

Esta revista presentaba una estética nueva, una voz genuinamente andaluza en el panorama de la época, al margen de la poesía neoclasicista e «imperial» aglutinada en torno a la madrileña revista ‘Garcilaso’ y del compromiso social-realista de la castellano-leonesa ‘Espadaña’.

Ya en su primer número podemos constatar las ideas éticas y estéticas que van a configurar la que va a ser la poética general del grupo, muy a contrapelo de la imperante de Despeñaperros para arriba. Se trata de una poesía constitutivamente lírica, que oscila entre el himno y la elegía, y en ella podemos valorar una sorprendente conciliación (en estos poetas muy natural, aunque, a veces, conflictiva en Molina) de paganismo y cristianismo, una predilección por la antigüedad clásica a la vez que por los fastos y ritos de la liturgia y la tradición católica, junto a un vitalismo de raíz epicúrea, así como una búsqueda de la imagen y la palabra bella y sensual, teñida, a veces de un fino barroquismo; todo ello al servicio de un intimismo substancialmente elegíaco.

‘Cántico’, 75 años de una feliz aventura poética

Y todo ello en un cordial enraizamiento en la concreta realidad cordobesa, la urbana y la serrana y agraria, en su historia prestigiosa y en su monumentalidad vivida, en su cotidianidad de barrios, tabernas y callejas y en su legendario pasado encarnado en la nobleza de unas piedras ilustres, pero paseadas y convividas con la naturalidad de quien se mueve por su propia casa, hasta al punto de hacer a Córdoba y su provincia el centro unificador de la obra de todos ellos.

Ricardo, Pablo y Juan

Estos poetas gozaron de un cierto reconocimiento en su juventud y hasta obtuvieron algún premio importante, como el Adonáis para Ricardo por el misceláneo ‘Corimbo’, cuando muy bien podría haberlo conseguido con sus inolvidables ‘Elegías de Sandua’, un excepcional poemario en el que la pasión juvenil, la nostalgia, la ciudad en sus más íntimos rincones, el sentimiento de una naturaleza en plenitud en toda su pureza, vinculada al recuerdo del amor, hacen que este título quede como uno de los libros clave en la lírica de su época. Un poemario fuera de lo común, como lo es también ‘Antiguo muchacho’, de Pablo; un libro, que es una joya por su imaginería y su autenticidad; por su sabor a inmediata realidad vivida de una Córdoba recoleta y entrañable, entrevista con la pureza de los ojos de un niño y la sabiduría de un maestro, pero ennoblecida con un lenguaje de una excepcional riqueza, aprendido en Gabriel Miró y en la Biblia.

Ya el primer número de la revista, que implícitamente es casi todo un manifiesto poético del grupo, se abre con una deslumbrante eclosión esteticista de García Baena, su poema «Ágata», inteligente y actualizada lectura del Modernismo decadentista, bello anticipo de la noble retórica barroca de sus mejores libros, que en Pablo es algo natural o consubstancial, y, a su vez, sirve para brindarnos la realidad inmediata de su mundo particular, pues en Pablo la retórica o la imagen están al servicio de la inmediata realidad, de su particular experiencia, expresada con una lujosa carnalidad verbal y en su inmediata realidad de verdad, con una brillantez metafórica que no enmascara la experiencia, sino que la potencia y nos la presenta palpitante y vívida ante los ojos.

La presencia luminosa de lo meridional, de la feliz naturaleza del sur, es otra constante tanto temática como espiritual con todas sus exóticas connotaciones de sensualidad y paganía, como apreciamos en ese fundacional ‘Canto del Sur’, de Juan Berrnier; y así, «desde las torres de Córdoba a la azul espuma de Cnossos, / (...) hasta las palmeras de Tombuctú, / y más allá... hasta los huertos del Hedjaz...» hallamos la omnipresencia vitalista y radiante de un sur como símbolo de una idealizada realidad terrenal y casi paradisíaca, «donde no hay brumas ni tristezas y hasta los cementerios son blancos»; esta invocación meridional y siempre hedonista y paganizante en Bernier será una constante en estos inequívocos poetas meridionales, en estos poetas «excéntricos» en todos los sentidos, tanto espiritual como geográficamente, como era su misma radicación biográfica en la lejana y sola Córdoba callada, aunque tan rica de historia y de cultura; y éste será uno de los motivos de su pronto olvido y postergación en los determinantes núcleos de decisión cultural, hasta su feliz recuperación en los años setenta por la nueva apuesta estética de ciertos poetas ‘novísimos’ y la consagración actual de sus nombres.

‘Cántico’, 75 años de una feliz aventura poética

Julio y Mario

No sólo la amistad, no sólo una serie de experiencias y sensibilidades comunes, y preferencias literarias, históricas como el cultismo gongorino y coetáneas, como Juan Ramón, Aleixandre o Cernuda, junto a la síntesis de lo religioso-litúrgico y lo clásico-pagano, unifican a esta pléyade cordobesa, sino, ante todo, su amor por la ciudad y su noble pasado histórico-monumental, que les asalta a cada paso desde sus primeros años; ése va a ser el rasgo común y la savia nutricia que aglutinará estas personales estéticas concomitantes por la amistad y unas vivencias análogas, y Córdoba, con su ilustre y prestigiosa historia, hecha viva piedra urbana y mármol vivencial, más también la Córdoba íntima y vecinal de sus callejas y sus barrios, sus cantaores y tabernas, iglesias y conventos, sus cuaresmas y cultos religiosos, desde la Navidad hasta el Corpus, será no sólo el común paisaje de sus vidas, sino el vivo protagonista de muchas de sus obras.

Irremediable melancolía por el irrecuperable tiempo que pasa y la imposibilidad de conciliar realidad y deseo inspiran la poesía de Aumente en sus primeros libros, junto a un congénito esteticismo, un gran dominio de la forma y un brillante lenguaje engastado de una imaginería entre neomodernista y gongorina, y en los que el latido de la ciudad se presiente en la mayoría de sus versos.

Su poemario intermedio ‘Por la pendiente oscura’ nos brindará dos poemas históricos muy novedosos, como la elegía «A la muerte del rey Don Sebastián», poema neoparnasiano, engastado de rutilantes imágenes sobre el séquito militar del monarca y su trágica muerte en las arenas africanas, y otro que igualmente revela la vocación por la historia, la genealogía y la heráldica de nuestro poeta, el titulado «Juan de Mena», sobre la ejecución de su amigo y protector, el orgulloso y soberbio Don Álvaro de Luna, el todopoderoso valido de Don Juan II, en el cadalso. Tras la cual nuestro Juan de Mena, partidario y amigo personal suyo, hubo de retirarse a Córdoba, donde «fiel a la amistad, en una habitación desnuda le llora».

‘Cántico’, 75 años de una feliz aventura poética

Julio Aumente

Con ‘La antesala’, su mejor libro, Aumente nos ofrece su particular estética del lujo y de la muerte: un erotismo clásico y amor por la cultura, humanismo y pasión por las artes, sugestivas localizaciones de cultura y belleza (Bérgamo, Agrigento...), un preciosismo decadente y ‘snob’, pero también el latido y el pulso de la vida, con la introducción de elementos de una cotidianidad urbana de jovenzuelos mercenarios y patinadores callejeros, con el empleo de una dicción coloquial y un lenguaje de hoy.

‘Garganta y corazón del sur’ y ‘Universo de pueblo’ son dos libros de Mario López que revelan su particular y auténtica cosmovisión tan andaluza. Voz y latido de una provincia, con Mario, poeta y labrador, entra en la lírica de postguerra un soplo de aire fresco y campesino, el aliento cálido de la tierra fecundando una poesía de lontananzas y horizontes abiertos de trigales y olivos, una poesía enraizada en los surcos y en una serie de valores tradicionales, patriarcales y cristianos; la campiña cordobesa cotidianamente vivida y recorrida, el monótono y grave paisaje de su comarca del Alto Guadalquivir y el ambiente «lento y amable» de sus pueblos, girando siempre en torno de los mismos y antiguos ritos agrícolas y familiares presencias; tiempo y espacio en definitiva, sentimiento del tiempo y emoción de un paisaje, que es el suyo, y que, a su vez, son «paisajes del alma», hasta tal punto Mario los mira con esa mirada suya que es hondura y verdad.

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