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Los elementos de Patrick Modiano

‘Tinta simpática’, la nueva obra del Premio Nobel de Literatura en 2014

Patrick Modiano. CÓRDOBA

Tiempo, olvido y memoria. Son tres elementos y no importa demasiado el orden en el que se trabajen si la combinación está cuidada con esmero. Así se lo pareció a quienes decidieron otorgarle el Nobel de Literatura a Patrick Modiano cuando aseguraron en 2014 que lo suyo era el arte de la memoria. Poco después, en su discurso al recoger el premio, el escritor francés pronunció esa palabra en varias ocasiones, al entender que su modo de comunicarse y de acercarse al mundo parte de ahí, con esa suma de tiempo y olvido. Una búsqueda permanente en la que ha terminado por conformar una carrera literaria muy atractiva. “Modiano no deja de escribir la misma novela y, sin embargo, ¿por qué nos sorprende siempre?”, se pregunta el escritor Álex Chico. Y añade: “Es autor de un solo libro, o constructor de un solo universo”. Otro buen conocedor de la obra del nobel, el también escritor David Aliaga, asegura que la suya es una narrativa marcada por la necesidad de reconstrucción y reparación, y se constituye como un ejercicio de denuncia.

No cabe duda de que Tinta simpática cuenta con esos elementos, más la búsqueda, la identidad, París, los recuerdos… En esta novela, asistimos a una exploración personal que comienza con el encargo recibido por el inexperto detective Jean Eyben a través de la agencia Hutte. Tendrá que seguir las huellas de una misteriosa mujer, desaparecida, llamada Noëlle Lefebvre. Los lugares y los hechos que determinaron esa circunstancia serán el vínculo que unirán al joven detective y a la mujer. Se tratará de una conexión que perdurará en el tiempo, al encontrarnos treinta años después con el retorno al caso sin resolver. En ese momento, el ya escritor Eyben descubre su proceso de creación literaria al rememorar y continuar con aquel viejo expediente surgido de un despacho de París: “Sobre todo, no hay que detenerse, sino conservar la imagen de un esquiador que se desliza por toda la eternidad por una pista bastante empinada, igual que la estilográfica por la página blanca”. Una imagen que traslada la idea de no corregir, de no detenerse en ese primer encuentro con la memoria y dejar correr la pluma: “Las tachaduras ya vendrán después”. Algo parecido debe pensar un detective a la hora de avanzar en determinadas circunstancias.

Modiano pone a prueba nuestra percepción sobre la literatura a través de una escritura de la que somos testigos directos. Avance y enigma, enigma y avance. No hay otra forma de desvelar el misterio, a pesar de los momentos de desaliento similares a los del escritor durante las primeras páginas de una novela. Y en esta, los hechos que se nos presentan guardan relación con otras palabras del autor al recoger el Premio Nobel, cuando aseguró que la vida se asemeja a una memoria en capas, como si se tratase de descifrar un palimpsesto. Ciudades, barrios y calles que “evocan un recuerdo, una pena, un momento de felicidad” con los que debe trabajar la tinta.

Ajeno a los focos, Patrick Modiano entiende que haber nacido en 1945, tras la destrucción de varias ciudades durante la Segunda Guerra Mundial, hizo que fuese más sensible a los temas de la memoria y el olvido. En el caso de Jean Eyben, esos elementos no determinan el orden cronológico (o su importancia): “El presente y el pasado se mezclan con una especie de transparencia, y todos y cada uno de los momentos que viví en mi juventud lo veo separado de todo, en un eterno presente”. Poca importancia tiene entonces el dar con una respuesta si esta determina que más allá no hay lugar por el que evadirse. En ese camino, Eyben se descubre a sí mismo (y lo hace ante nosotros), a veces en una especie de trance de connotaciones metafísicas; otras, mediante una madeja poco fiable que solo ofrece “detalles deshilvanados y contradictorios que lo enturbian todo, igual que esas interferencias de la radio que nos impiden escuchar una música”. Pero quizás sea el título el detalle desde el que empezar a descifrar esta historia. La tinta simpática cuya composición líquida tiene la propiedad de que no sea visible lo escrito con ella hasta el momento en que se le aplique el reactivo conveniente (así la define el diccionario). Y en ese proceso puede tener lugar cualquiera de los elementos que sirven para construir un corpus literario; de nuevo, sin importar el orden en el que se evoquen si terminan por mirar hacia el mismo sitio. El tiempo actuaría como prisión de lo escrito. El olvido, como composición invisible. La memoria, finalmente, como el reactivo conveniente para mostrar (a su manera) las partes del pasado, las huellas humanas que eran imperceptibles hasta entonces.

'Tinta simpática'

Autor: Patrick Modiano

Editorial: Anagrama. Barcelona, 2022

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