EN EL 190 ANIVERSARIO DE SU MUERTE

Aguilar de la Frontera rinde homenaje a Ana María de Soto, la mujer que llegó a ser "marino"

La iglesia de Soterraño luce un cuadro en honor a la vecina ilustre

Autoridades locales y eclesiásticas muestran el cuadro que ya luce en la parroquia del Soterraño de Aguilar.

Autoridades locales y eclesiásticas muestran el cuadro que ya luce en la parroquia del Soterraño de Aguilar. / G. Albornoz

La Parroquia del Soterraño, de Aguilar de la Frontera, su feligresía y su párroco, Pablo Lora, han conmemorado el 190 Aniversario de la muerte de Ana María de Soto y Alhama, la primera mujer que se enroló en la Marina tras hacerse pasar por hombre a finales del siglo XVIII.

Para honrar su memoria, se realizó una humilde y elegante ceremonia, como sufragio por el alma de la heroína aguilarense, oficiada por el capitán capellán de la Brigada Guzmán el Bueno X del Cerro Muriano y de la comandancia de la Guardia Civil de Córdoba, Luis Sánchez Chamorro. La solemnidad del momento estuvo acompañada por el piano y los cantos de Manuel Pareja. Entre los asistentes, la alcaldesa Carmen Flores; la concejala de Cultura, Paqui Herrador, y los miembros de la Asociación Galatea.

Tras la didáctica explicación de Antonio Hierro Prieto, miembro de la Cátedra de investigación de Ana María de Soto y Alhama, se inauguró una cartela conmemorativa realizada por Ricardo Llamas, que recuerda el momento del nacimiento de dicha feligresa de la Parroquia del Soterraño, al lado de su pila bautismal. Una pintura al óleo sobre tabla, con tallas y perfiles en madera sobre doradas y en el centro, la figura idealizada de Ana María de Soto vestida con el uniforme de fusilera de Infantería de su tiempo, "con casaca, chupa y calzón de paño color azul turquí, en granate las vueltas y solapas, camisa blanca y botón dorado, botines altos de lienzo blanco, zapatos negros, trincha blanca, sable corvo y cartuchera ventral, fusil con bayoneta, sombrero bicornio con guarnición de hilo blanco". En la parte superior, el nombre de la heroína y en la parte inferior un rótulo con la leyenda de su vida.

Imagen del cuadro de Ana María de Soto.

Imagen del cuadro de Ana María de Soto. / G. Albornoz

Un trayectoria muy singular

Tras la ceremonia, el investigador aguilarense Antonio Hierro Prieto compartió datos sobre los hechos de su vida resaltando aspectos biográficos relacionados con su alistamiento al Ejército, la participación en diversas batallas y desmintió teóricamente algunas cuestiones que se exponen de la ilustre figura aguilarense.

Ana María Antonia de Soto y Alhama, nacida un 16 de agosto de 1775 en la villa de Aguilar de la Frontera, era hija de una familia con cuatro hermanos. Sus padres fueron el montillano Tomás José de Soto Salas y la aguilarense Mencía Gertrudis de Alhama García. Se apropió del nombre de su hermano menor, Antonio, de apenas cuatro años, para alistarse en la Marina, ocultando su identidad desde 1793 a 1798.

Según comentaba Antonio Hierro Prieto, la militar aguilarense se bautizó el mismo día de nacer en la Parroquia Santa María del Soterraño y la misa fue oficiada por Miguel de la Vera Salcedo, en la misma pila bautismal que se conserva hoy día de estilo bajomedieval. Antonio Hierro Prieto recalcaba la importancia de este personaje histórico de Aguilar al que “hasta hace muy poquito no se le está prestando la atención que se debía”.

En el segundo tercio del siglo XVIII, nuestra Armada estaba completamente mermada, “hacía falta muchísimo personal”. A través de los banderines de reclutas, reclutaba y se apuntaba al personal para las distintas armadas. Según las investigaciones realizadas por este miembro de la Cátedra, llegan hasta Aguilar “en la última semana de mayo o primera semana de junio” y se sitúan en “los alrededores de la Placilla Vieja”, al lado de la Cuesta de Jesús y la Parroquia del Soterraño. Hierro desechaba, rotundamente, la idea de que Ana María de Soto se alistara en ese lugar, debido a que podría haber sido “delatada y detectada”.

Se pudo alistar el 26 de junio de 1793, en la sexta compañía del undécimo batallón de Infantería de Marina y se alista por un período voluntario de instrucción de 6 meses en la Isla de León, actual San Fernando en Cádiz, y por 6 años de servicio activo en el Ejército. Tenía unos 17 años al alistarse en los mismos, medía aproximadamente 1,55, era de ojos pardos y pelo castaño y sirve como fusilera de la época. Tras su servicio activo, es descubierta, según certifica Hierro, por un párroco al que le desveló en secreto de confesión su verdadera identidad. Tras ello, fue recluida en un convento hasta que por decisión del rey Carlos IV fue puesta en libertad. Se le concedió un sueldo honorario, un estanco en Montilla y que vistiese el color de los ropajes de la Marina.