a fondo

'De este agua no beberé'

Este sería un buen título para hacer un docudrama sobre la inadmisible situación que sufren desde el pasado mes de abril los ciudadanos de Los Pedroches y El Guadiato con la chapuza del suministro de agua

Reparto de agua en Pozoblanco, en abril, cuando el agua de La Colada fue declarada no apta para el consumo.

Reparto de agua en Pozoblanco, en abril, cuando el agua de La Colada fue declarada no apta para el consumo. / Rafa Sánchez

José Luis Blasco

José Luis Blasco

De este agua no beberé sería un buen título para hacer un docudrama de los que se estilan ahora en las plataformas de contenidos de entretenimiento tipo Netflix sobre la inconcebible, inadmisible e incalificable -y me quedo corto con los calificativos- situación que viven los ciudadanos del norte de Córdoba, en concreto de Los Pedroches y El Guadiato, debido al desastroso abastecimiento de agua. El argumento puede generar interés de los espectadores para varias temporadas -en la realidad ya se cumple la segunda-. Hay material muy potable -vaya paradoja, cuando lo que se ansía es precisamente agua potable-. La audiencia puede engancharse con títulos de episodios tan sugerentes como Este agua no se puede beber ni colada, La incapacidad de convocatoria de 28 alcaldes o El río Guarrorramilla. Metido en faena, me atrevo a contarles la trama, pero sin reventar el final, porque éste ni se intuye.

Ahí va. Año 2006. Termina la construcción del embalse de La Colada, situado en Los Pedroches, en los términos municipales de Hinojosa del Duque, Belalcázar y El Viso. La obra, financiada por el Estado, se ha realizado en el cauce del río Guadamatilla, afluente del Zújar, en la cuenca del Guadiana. Tiene capacidad para almacenar 58 hectómetros cúbicos de agua (lo de agua es un decir). Con el embalse se pretende garantizar el suministro de agua potable (es otro decir) a las comarcas de Los Pedroches y El Guadiato, en las que viven más de 80.000 ciudadanos y con una economía basada principalmente en la ganadería (vacuno de leche y de carne, cerdo y ovino), actividad que precisa hierbas (que las dan sus dehesas), piensos (que los produce Covap, empresa cooperativa potente en el ámbito nacional) y agua.

Hay otro río en Los Pedroches, el Guadarramilla, que nace en la sierra de Pozoblanco y atraviesa los términos municipales de Añora, AlcaracejosDos Torres y El Viso para dejar su agua (o lo que sea) en el Guadamatilla (ya se sabe, el río que alimenta La Colada). El Guadarramilla es el principal afluente del Guadamatilla. Pero volvamos al año 2006. Terminada La Colada por el Estado, corresponde a la Junta de Andalucía realizar la obra que conecte el nuevo embalse con el de Sierra Boyera, que es desde el que se suministra el agua potable a Los Pedroches y El Guadiato.

Año 2013. Siete años después de concluida La Colada, la Junta sigue sin realizar la conexión con Sierra Boyera. Hubo crisis económica gorda desde 2008 y ni recuperados de la misma entra esta obra en los planes prioritarios del Gobierno andaluz. Coincidiendo con esta despreocupación, un informe oficial revela que el agua que se está almacenando en La Colada contiene una alta carga contaminante. El origen de la contaminación está en la deficiente depuración de aguas residuales de los municipios que vierten en su cauce, principalmente Pozoblanco (núcleo industrial de la comarca), y por la existencia de explotaciones ganaderas que hacen lo mismo. La Sociedad Estatal de Aguas de las Cuencas del Sur aprueba un proyecto para evitar la contaminación del embalse que consiste en redirigir mediante bombeo el agua del río Guadarramilla para que vierta pasada La Colada y preservar así la calidad del agua almacenada. A pesar de recibir el visto bueno de la Secretaría de Estado de Medio Ambiente, la obra no se hace. Otra despreocupación, ésta del Estado.

En el norte viven 80.000 ciudadanos y su economía se basa en la ganadería

Año 2022. Es verano y saltan las alarmas tras otro año de sequía: Sierra Boyera se está quedando sin agua. Sierra Boyera sin agua y la conexión con La Colada sin hacer. ¡Por Dios, que llueva! (deán de la catedral de Córdoba, vaya preparándose que pronto tendrá que entrar en acción). Y aquí empieza la lamentable guerra política. Los que mandan en Madrid -PSOE y Podemos- acusan: el Gobierno andaluz del PP no ha conectado La Colada y Sierra Boyera. Los que mandan en el sur -PP- también acusan: lo que hace falta es el bombeo de Puente Nuevo a Sierra Boyera, que se recomendaba este mismo año dentro de las medidas para luchar contra la sequía y que el Gobierno central se lo ha pasado por el forro. Respuesta desde Madrid: hay agua en La Colada, no hay que sacarla de Puente Nuevo. Y, como la Junta no ha hecho la conexión La Colada-Sierra Boyera, que no se preocupe la población que aquí está el Gobierno central para hacer el trabajo que tenía que realizar el Gobierno andaluz, o sea, una obra de urgencia, provisional, para llevar agua del embalse sin estrenar al viejo. Dicho y hecho justo cuando Sierra Boyera se queda sin agua, en la primavera de 2023. Título del capítulo final de la primera temporada: Con el agua en los talones.

No apta para el consumo

Año 2023, mes de abril. El agua fluye con bastantes dificultades desde La Colada a Sierra Boyera. Hay agua gracias al Gobierno de España. Pero, mira por dónde, el Gobierno andaluz da un giro crucial a la trama al anunciar que no se puede beber ni echar a la comida porque está contaminada. Emproacsa entra en acción: que nadie se preocupe, que va a haber agua potable, aunque como en los tiempos olvidados del blanco y negro. «Señora, el camión cisterna ha llegado a su localidad». Un servicio con todas las garantías. Sólo hay que dar un paseíto a la plaza del pueblo con las garrafas de plástico y se las llenan gratis.

Año 2023, agosto. Un amplio grupo de ciudadanos de Los Pedroches y El Guadiato, preocupados por la gravedad de la situación, constituye la plataforma Unidos por el Agua. El movimiento ciudadano se pone en marcha (nunca mejor dicho) con una caminata nocturna a La Colada y una caminata diurna a Sierra Boyera para dar la despedida al embalse muerto. Y exige tareas incumplidas por las cuatro administraciones (ayuntamientos, Diputación, Gobierno andaluz y Gobierno central): construcción de una planta potabilizadora en La Colada, construcción de la conexión definitiva con Sierra Boyera, hacer estaciones de depuración en las localidades que carecen de ellas y conseguir el funcionamiento adecuado de las existentes, conexión de los pantanos de Puente Nuevo y Sierra Boyera (ambos en la cuenca del Guadalquivir) y, finalmente, conexión de los embalses de La Colada y La Serena (ambos en la cuenca del Guadiana).

Reparto de agua en camiones cisterna, en Pozoblanco.

Reparto de agua en camiones cisterna, en Pozoblanco. / Rafa Sánchez

¿Y qué dicen los alcaldes de los 28 pueblos? Deben estar ocupados con las tareas que propician las elecciones de mayo. Y eso que la mayoría ha renovado mandato y no precisa aterrizaje ni periodo de prácticas. Sobre el problema del agua guardan público silencio. Netflix, hay buen título para este episodio: El silencio de los corderos.

Año 2023, seguimos en agosto. El nuevo presidente de la Diputación se arremanga -Netflix, atento, otro pedazo de título para este episodio: El agua viene de fuentes- con este despliegue: potabilización del agua de La Colada, pero llevándola hasta la estación de tratamiento de Sierra Boyera, y bombeo desde Puente Nuevo -esta es la idea estrella, que es justo lo que se niega a hacer el Gobierno central, ¡toma ya!; ¡Ah!, y que el deán de la catedral rece para que llueva mucho en otoño, invierno y primavera. La Junta echa una mano y, por fin en septiembre, anuncia que se aplicará en el tratamiento de las aguas residuales con estaciones depuradoras que garanticen que el agua que llegue a La Colada no esté contaminada, empezando por subsanar el deficiente funcionamiento de la estación existente en Pozoblanco.

Año 2023, otoño. A los alcaldes acaban de darle papel en la trama: se encargarán, por las cuentas que les traen con la Diputación y la Junta, de organizar a sus vecinos para montarlos en autocares y trasladarlos a Córdoba a reclamar el bombeo de Puente Nuevo a Sierra Boyera. El de La Serena a La Colada no procede pedirlo porque es una petición nueva que viene de la plataforma. Hay que centrarse en el bombeo desde Puente Nuevo, que es en la reclamación que lleva tiempo insistiendo el PP.

A los alcaldes del PP la estrategia les parece estupenda, porque es colocar en el disparadero al Gobierno de España, que es el que ha de decidir si hay o no bombeo. Pero a los alcaldes del PSOE no les parece una estrategia tan estupenda. Sin embargo, los primeros ediles de los 28 pueblos del norte, pese a discrepancia de tal calibre, encargan autobuses para traer a sus gentes a Córdoba a manifestarse. Y lo hacen por dos veces y por dos veces tienen que suspender el viaje. Resulta que, además de su -¿insalvable?- discrepancia, no encuentran gente ni para llenar un microbús. Suspenden las protestas «con el objetivo -textual- de buscar una mayor movilización social y ampliar el consenso».

El consenso está complicado, aunque resulta sorprendente el desacuerdo. Si PP y PSOE han exhibido consenso ha sido, precisamente, para desentenderse del problema del abastecimiento de agua en el norte de Córdoba durante años, en los que ambos partidos han gobernado o cogobernado la Diputación, la Junta y el Gobierno central.

Percatarse a estas alturas de la necesidad de contar con los ciudadanos es una demostración de la incapacidad de los 28 alcaldes, que, precisamente, han ignorado a sus gentes en todo lo que lleva recorrido el problema del agua. Curiosamente, la plataforma Unidos por el Agua aglutina y canaliza el sentir ciudadano y hasta ahora ha sido la gran ignorada por las cuatro administraciones. La plataforma resulta incómoda, pero es incuestionable como interlocutora con los grandes afectados por el problema, los ciudadanos. Otro título redondo, Netflix: Una china en el zapato.

En algún momento habrá que escuchar a los ciudadanos, que, por cierto, están deseosos de contribuir a solucionar el problema de más envergadura de los que se han tenido que afrontar en El Guadiato y Los Pedroches. Y mira que los ha habido importantes: la gente ha tenido que echarse a la calle para exigir carreteras decentes, hospitales, alguna parada del tren de alta velocidad y para detener aquel premio gordo que los gobiernos centrales pretendieron colocarles en los años noventa del pasado siglo: el cementerio nuclear.

Si los productores de este docudrama buscan un final feliz, ya tienen título para el siguiente episodio: Hablando se entiende la gente. Pero será necesario que la gente que manda hable entre ella y también que hable con la gente que sufre el problema, el ciudadano. Continuará.