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Diario Córdoba

VUELTA A CÓRDOBA | LAS OCHO COMARCAS EN BICI

Pasión por lo cercano

¿Qué hubiera pasado de no haber llegado la pandemia? ¿Habría dedicado las vacaciones de Semana Santa a recorrer mi provincia o me hubiera dejado engañar por lo lejano y exótico?

Autorretrato en la Sierra de Hornachuelos, el domingo 28 de marzo de 2021

No me ha cambiado la pandemia. No he cocinado más, no me ha dado por hacer pan ni abdominales, no he prometido ver más a mis amigos ni trabajar menos horas, no me he propuesto exprimir más la vida. No necesito que nadie me dé un bofetón. Durante dos meses leí algo más y privé de soledad a mi gato, pero ya está. Algún día bajé a la cochera a dar unos esprines, por sudar, pero no me obsesioné. No conocí mejor a mis vecinos. Sí hice videollamadas con mis viejos colegas de Madrid, que no volvieron a repetirse cuando retomamos la rutina. Es triste que tenga que venir una pandemia para alertarnos de que nuestros cimientos apenas se sostienen.

¿No nos dábamos cuenta de nuestra fragilidad, de nuestra insatisfacción? ¿En qué burbuja vivimos? ¿Tan difícil era pararse? ¿Tan poco control teníamos?

A mí solo hay un interrogante que me deja la pandemia: ¿Habría dedicado seis días de mis vacaciones a recorrer en bicicleta las ocho comarcas de Córdoba? ¿Adónde habría ido en aquella Semana Santa de haber podido salir de la provincia? Todos tenemos un reproche misterioso.

Quiero unir fronteras locales. Hago 14 kilómetros de más por una carretera tediosa para llegar al límite con Sevilla.

Vuelta en bici Sierra de Hornachuelos

Un viaje a lo cercano, directo desde la cama, tras el desayuno de todos los días y el maullido de Sauce reclamando comida. Comenzar a pedalear por la ciudad, como un domingo más, solo que hoy no llegaré para comer. Que el kilómetro cero de un viaje sea la puerta de tu cochera es un brebaje de rutina y aventura. Parece que no haya nada excepcional y, sin embargo, ves un brillo diferente en el asfalto y en tus piernas.

Hay un pellizco en todos los inicios. Se transforma lo cotidiano.

Vuelta en bici Sierra de Hornachuelos

Voy dejando pueblos a mi izquierda, Almodóvar, Posadas, Palma del Río, el Guadalquivir, la primera foto sobre el puente, y creo que no, que este viaje no lo hubiera hecho si no es por la pandemia, que probablemente hubiera ido por décima vez al Cabo de Gata, a los Arribes del Duero o a Guadalajara. Quién sabe, cualquier destino antes que el nuestro.

A veces, en la fascinación por descubrir, damos saltos demasiado grandes. Soy un ignorante de mi tierra.

A partir de Hornachuelos ya no hay más pueblos en 57 kilómetros. Entraré en la sierra y cuando caiga la noche, pararé. Estoy preparado para no encontrarme a nadie en muchas horas. “Donde las monjas puedes coger agua”, me avisa un vecino.

Vuelta en bici Sierra de Hornachuelos

Vuelta en bici Sierra de Hornachuelos

Mi amigo Javi me iba a acompañar en los primeros kilómetros, pero al final se tuvo que ir con su familia de senderismo. La familia es un apoyo, pero ata y retiene. Con la familia podría hacer miles de planes, incluso viajes en bici, pero me faltaría el riesgo. No puedo someter a nadie a esta tortura fascinante.

He echado 60 euros para seis días. Creo que me va a sobrar. Dos carretes. Puede que me quede corto. Todo mi equipaje cabe en un tercio de la cama.

Aquí está mi noche, en la carretera A-3151, Sierra de Hornachuelos, una carretera hecha para nadie y maravillosamente asfaltada, como si la escasez de movimiento la preservara. Es una carretera que no envejece, que no se ensancha, que convive en armonía con la naturaleza. Sin humos, no se molestan. ¿Quién es el afortunado que se atreve a llegar aquí con el sol tan bajo?

Vuelta en bici Sierra de Hornachuelos

Vuelta en bici Sierra de Hornachuelos

Me quedo a dormir en la segunda curva apetecible que veo. No quiero dejar pasar más oportunidades. Le doy nombre a la curva. Tengo ante mí todo el parque natural. Un ciervo se me queda mirando. ¿Los ciervos hacen algo? ¿Monto la tienda? Dudo si me entrará frío por la noche. Siempre cuesta dormir al raso, y más la primera noche. Opto por intentar no dormirme, descifro el cielo, lo disfruto, ya se ha ido el ciervo. Durante la madrugada me despierto varias veces, realmente no sé las horas que duermo; diría que no descanso, pero al día siguiente suelo pedalear bien. Hago una señal en el punto kilométrico 54. ¿Si volviera, reconocería la curva? Amanece nublado, así que me quedo en el saco hasta las nueve. No tengo prisa por nada, tengo el control de todo. Aparece otro ciervo. Me cubro un poco más.

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