DIEZ AÑOS DEL CENTRO SOCIOCULTURAL

Rey Heredia, la escuela del melón compartido

Los vecinos ocuparon el colegio el 3 de octubre del año 2013

Ahora el centro se autofinancia y depende del trabajo voluntario

Rafael Verdú

Rafael Verdú

«Quien puede nos trae una sandía o un melón y nos lo comemos entre todos, porque aquí todo se comparte». La frase resume el espíritu del centro sociocultural Rey Heredia, un viejo colegio que tiene muchas historias que contar. La principal, la de la lucha de todo un barrio en la margen izquierda del río por convertir el edificio en un espacio de convivencia y solidaridad -de buena vecindad al fin y al cabo-, autogestionado casi como un falansterio. Sin subvenciones ni interferencias políticas, sólo una comunidad con muchas inquietudes y aún más esfuerzo. La historia del melón, real como la vida misma, la cuenta Guadalupe López, una de las voluntarias que organiza las actividades mediante un sistema de coordinación horizontal, sin jefes, presidentes ni cargos. Sólo hay una tesorera (Gloria Garrido), y porque hay que tenerla para llevar las cuentas claras con las donaciones privadas, la única forma de financiación del Rey Heredia. 

Para melón, el que abrieron los vecinos del Campo de la Verdad hace ahora diez años. Por entonces, el desarrollo urbanístico tenía otros planes para el colegio Rey Heredia: su completa desaparición. Los voluntarios que hoy trabajan en el centro sociocultural recuerdan que el Ayuntamiento quería erigir allí una gran plaza abierta al lado de la Torre de la Calahorra. «Nos querían poner el cemento como en otros sitios», afirman. Ahí se plantaron los vecinos y comenzó un largo proceso de reivindicaciones y lucha social que movilizó a gran parte del barrio del Campo de la Verdad. El 4 de octubre de 2013 dieron el primer paso, la ocupación del edificio para impedir su derribo. 

La cocina, lo primero

El colegio estaba en estado de abandono total, así que los primeros días de la ocupación se dedicaron a su rehabilitación con el sudor de los propios vecinos. Fueron cientos los que colaboraron en tareas de albañilería, limpieza o pintura. Una vez adecentado, entre las primeras iniciativas que se pusieron en marcha estuvo la cocina solidaria, que daba -y sigue dando- de comer a decenas de personas necesitadas. Lo hicieron con lo que tenían a mano, como rememora en la actualidad Emi Murillo, responsable de los fogones. 

Voluntarios | Colaboradores del Rey Heredia.

Voluntarios | Colaboradores del Rey Heredia. / CHENCHO MARTÍNEZ

«Cuando ocupamos había gente de 80 años y chavales de 14. Había lo que la gente considera un okupa, y eso en principio al barrio le chocó mucho. Estaban con recelo a la espera de ver lo que íbamos a hacer», explica la cocinera voluntaria, que lleva una década colaborando en el Rey Heredia. Era una época de crisis como la actual -aunque por otros motivos, relacionados con el ladrillo y la especulación urbanística-, por lo que a diario «la gente venía a pedir comida, y venían muchos, con sus familias y sus niños, personas mayores y de todas las edades», relata Emilia. Y como a nadie se le pedía nada a cambio de la comida, mucho menos un papel que certificara su pobreza, el barrio vio que lo que había allí era bueno. «La gente venía entonces por si necesitábamos algo y nos traían muebles y de todo», relata Emilia. 

Hoy la cocina se mantiene, perfectamente equipada aunque ya sin comedor, como una de las labores con más impacto social del Rey Heredia. Dan de comer a diario, de lunes a viernes, a unas 75 personas necesitadas, afirma Gloria Garrido. Obtienen los productos únicamente de donaciones privadas, a veces individuales y a veces a través de eventos que organizan otros colectivos. 

Pero volvamos al año 2013 y el inicio de la ocupación, promovida por el colectivo Acampada Dignidad. Menos de una semana tardó el Ayuntamiento, que por entonces estaba en manos del PP (con algunos de sus principales responsables hoy también sentados en Capitulares), en ordenar el desalojo del edificio. Ante la negativa de los ocupantes, el caso llegó a los tribunales y la Fiscalía llegó a pedir multas de 720 euros para cada uno de los responsables. Como medida de presión, el Ayuntamiento cortó el agua del edificio, pero aquello provocó un efecto contrario al deseado. «Lo único que han conseguido es crear más solidaridad hacia nosotros», decían entonces los ocupantes. Las imágenes de la época dan fe de cómo los propios vecinos llevaban enormes garrafas de agua hasta el Rey Heredia. 

Protestas y soluciones

Hubo manifestaciones y protestas con miles de personas por toda la ciudad para impedir el cierre del colegio Rey Heredia, cosa que se consiguió. La solución provisional llegó tras las elecciones de 2015, que auparon al gobierno de PSOE e IU, partidos que habían apoyado públicamente las reclamaciones de los vecinos. La alianza de izquierdas cedió provisionalmente el Rey Heredia a los vecinos.

Manifestación contra el cierre del Rey Heredia.

Manifestación contra el cierre del Rey Heredia. / CÓRDOBA

Aquella entrega, sin embargo, tenía fecha de caducidad. Se produjo por dos años más una prórroga de otro bienio que se concedió de forma automática. Tocaba renovar el pacto en el mandato 2019-2023, el primero de Bellido como alcalde, cosa que nunca se produjo. En consecuencia, los vecinos ocupan ahora el Rey Heredia en precario

Con permisos o sin ellos, los voluntarios del Rey Heredia han seguido realizando actividades y mejorando las prestaciones que ofrecen a la comunidad, todas ellas gratuitas -menos el ambigú, claro está-. Hoy disponen de una biblioteca perfectamente catalogada con unos 5.000 títulos y numerosos voluntarios. «Es nuestro tesoro», afirman las voluntarias que realizan un recorrido por las instalaciones. En la cocina abierta entregan comida ya preparada y otros productos a las familias más necesitadas, aunque esos trabajos se detienen durante el verano; siempre están faltos de manos para trabajar en los hornillos. El centro cuenta con varias salas multiusos en las que se celebran conferencias y charlas, e incluso ofrecen wifi gratis a sus usuarios. 

Una de las iniciativas más celebradas es la Escuela de Verano, en la que cada año los monitores voluntarios dan clase a unos 80 niños. Para Guadalupe López, que coordina las actividades educativas, eso indica que «no hay suficientes plazas en las escuelas municipales. El día en que haya muchas y no tengamos que hacerlo nosotros, haremos otra cosa. Para eso estamos aquí, para cubrir deficiencias».

Asamblea en el Rey Heredia.

Asamblea en el Rey Heredia. / CÓRDOBA

Hay muchos colectivos que organizan en el Rey Heredia sus actividades, desde encuentros o jornadas de convivencia hasta charlas, talleres o conciertos. Por el propio modelo de gestión, todos están relacionados con los movimientos de la izquierda social. Hay asociaciones feministas, de transexuales, de inmigrantes, de refugiados, Córdoba Laica, ecologistas, Stop Desahucios, republicanos («se celebra un fiestón el 14 de abril», dicen)… «Aquí somos todos iguales. Cada uno aporta lo que puede y todos aportan aprendizaje para los demás», declara Guadalupe.

Puede que sean todos iguales, pero son las mujeres quienes están al frente de la coordinación de la mayor parte de las tareas. En eso coinciden con otros dos centros similares de la ciudad, el Juan XXIII y el Luciano Centeno. En el Rey Heredia las voluntarias aseguran que «hemos visto cómo se empoderaban las mujeres. Los hombres estuvieron en primera fila en los inicios, porque las mujeres no querían ponerse en la pancarta. Ahora el movimiento se ha feminizado». 

La fiesta del aniversario del centro sociocultural Rey Heredia será el próximo 21 de octubre, de 13.00 a 24.00 horas, y estará abierta a toda la ciudad. Como siempre, se hará con las aportaciones de la comunidad. Quizás alguien se acuerde de llevar melones y sandías.