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Diario Córdoba

REPORTAJE

El auge de los huertos urbanos

Córdoba multiplica por cuatro su extensión de huertos urbanos en tan solo un año | El Ayuntamiento busca atender los compromisos de sostenibilidad asumidos

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Los huertos urbanos están de moda en Córdoba CHENCHO MARTÍNEZ

Lo ecológico está de moda, pero no es una moda frívola sino una exigencia que se explica en cuestiones prácticas. El ecologismo va mucho más allá de comprar prendas de segunda mano o ropa manufacturada a partir de algodón ecológico, bambú y algas. El ecologismo, en defensa de nuestros derechos ambientales y sociales, también propugna un sistema alimentario sostenible y accesible que genere un tejido social resiliente ante las crisis existentes y las que puedan sobrevenir.

Para la consecución de este propósito, los huertos urbanos pueden ser una herramienta eficaz. Estos pequeños espacios productivos ubicados en terrenos cedidos por los ayuntamientos tienen su origen en el concepto de huerto tradicional que, en zonas rurales, garantizaba la autosuficiencia y aportaba ingresos complementarios.

Recientemente, el huerto urbano está llevando a cabo una transición que tiene que ver con su imagen y con la forma en que administraciones e instituciones lo abordan. El huerto urbano pasa a ser herramienta imprescindible para desarrollar sistemas alimentarios sostenibles que garanticen alimentos saludables y accesibles a toda su población, al tiempo que se protege la biodiversidad y se reduce el desperdicio de alimentos.

Este es un concepto que va como anillo al dedo a todos esos incentivos verdes que ofrecen administraciones nacionales y supranacionales. Sin embargo, es difícil que los huertos urbanos desempeñen a la altura de semejantes expectativas. Con todo, como señala Rafael Blázquez, coordinador de los Huertos Ecológicos Comunitarios, estos suponen «una modesta pero estratégica contribución a esa necesaria transición hacia la sostenibilidad del sistema alimentario».

Rafael Blázquez coordina la actividad hortícola. CHENCHO MARTÍNEZ

El Imgema hace pública anualmente una convocatoria para la participación en los huertos urbanos. Esta convocatoria, que se cerró el pasado 20 de julio, cuenta este año con 128 plazas para las cuales se han recibido en torno a 150 solicitudes. En concreto, más de la mitad de las plazas, 68, corresponden al de la Asomadilla, que es el decano de los huertos de la capital. El resto se reparten entre los de Levante y Miralbaida, cada uno de ellos con 30 plazas.

El salto

A mediados de septiembre se realizará la primera asamblea de hortelanos en la que se pondrán en funcionamiento los huertos de Miralbaida y Levante. Los recientes progresos de la Red de Huertos Urbanos, en la línea que marcan los compromisos de sostenibilidad asumidos por el Ayuntamiento, se dan hoy como fruto de un trabajo de años.

El salto no se ha dado este 2022, empezó a darse en el momento en que la administración fijó estos objetivos y dispuso medios para su consecución. Sin embargo, este progreso, aun bienvenido, puede resultar lento para muchos, máxime si se consideran todos los ámbitos de acción pendientes de impulso. La inauguración de los huertos de Levante y los Huertos de Paco, en Miralbaida, suponen un aumento considerable de la extensión de cultivo, pasando de 5.000 metros a más de 20.000. Aún está por ver, sin embargo, si el Imgema cuenta con la financiación y el equipamiento necesario para mantener en óptimas condiciones de uso un espacio de cultivo que se multiplica por cuatro.

Debe señalarse que los huertos de Levante y Miralbaida suponen una experiencia distinta en comparación con La Asomadilla. Se trata de nuevos espacios que requieren de un proceso de tutorización y puesta a punto que, por otra parte, reforzarán el aprendizaje de los hortelanos. La ampliación de puestos asignados a estos nuevos espacios se producirá en siguientes convocatorias a condición de que se consoliden grupos de trabajo y mantenimiento.

Lo que afecta en mayor medida a la actividad en los huertos es su dinámica se trabajo. Tal y como destaca Blázquez, «el modelo a seguir es el comunitario, sin asignación de parcelas individuales, siguiendo la experiencia acumulada en La Asomadilla». Los participantes del huerto se integran en grupos de unos diez hortelanos que trabajan la zona asignada dos o tres días por semana, dos o tres horas cada día, según se acuerde. Cada grupo decide qué quiere plantar. Lo más habitual, de cara al otoño, son las coles, habas y alguna zona de patatas. Más adelante, es común ver tomates, pimientos o pepinos. En la recolecta, cada grupo se reparte su producción a partes iguales.

Algunas hortalizas presentan un tamaño de récord. CHENCHO MARTÍNEZ

En el huerto, el equipamiento y los gastos fundamentales los aporta Imgema. Aparte de esto, en La Asomadilla existe un fondo común que decidieron aportar los hortelanos para cuestiones menores. En defensa de la biodiversidad agrícola y las variedades locales, el suministro de semillas se produce a través de hortelanos y hortelanas del municipio, en colaboración con el propio Jardín Botánico, la Diputación o la Junta de Andalucía. Parte de la producción se destina, valga la redundancia, a la producción de semillas. Así, La Asomadilla cuenta con su propio banco de semillas, a las que llaman semillas campesinas, que no llegan por vías comerciales.

Una de las características de los huertos urbanos municipales es la intensa actividad educativa que en ellos se desarrolla. Solo el programa Siembra, trasplanta y recolecta, dependiente de la Delegación de Educación e Infancia, implica a unos 500 niños para que este otoño realicen toda una serie de actividades alrededor del huerto, culminando con la recolecta.

La vida en el huerto

«Ese se lo come to, pero está disfrutando como un enano, déjalo». Carmen lleva diez años en el huerto de La Asomadilla. El conejo, probablemente lo haya soltado esta semana en el huerto un vecino que se va de vacaciones. «¡Nati, échale agua al conejo!». Comida ya tenía, ahora también tiene agua, y depredadores, en principio, no. Demasiado grande para un gato.

En 2012, Carmen quería aprender del huerto. Es curiosa, «como los internautas». El principal escollo que se encontró en sus comienzos fue un conocimiento que no tenía. El deseo por aprender la ha llevado a convertirse en la decana de este espacio. Este ha sido uno de sus principales impulsos, como lo ha sido su curiosidad y su ánimo por aprender. Esto la ha llevado a encontrar pequeñas soluciones en el trabajo de la tierra que ahora son sabiduría popular de La Asomadilla. Sucede igual con los amaños que el resto de hortelanos han ido aplicando, cada uno desde su personalidad, cada uno con sus cualidades. El patrimonio humano es lo que, en efecto, hace de este un huerto consolidado. A ello se suma que las actividades de formación agroecológica no se dan con tanta frecuencia como quisieran algunos hortelanos. Por lo tanto, para los novicios, el aprendizaje se realiza, sobre todo, a través de la experiencia acumulada por la comunidad.

El trabajo en los huertos refuerza el tejido social. CHENCHO MARTÍNEZ

Entre los hortelanos encontramos toda clase de gente, el perfil del solicitante es sorprendentemente diverso. Sin embargo, se reconoce que los jóvenes encuentran más difícil dar continuidad a su participación y que son los jubilados los que concatenan más convocatorias. Así, hasta ahora, no existe límite en el número de convocatorias continuadas a las que los hortelanos pueden optar. 

Antonio Toledano, presidente de la Federación Al-Zahara, cree que los huertos urbanos son importantes «para tejer redes de apoyo mutuo» y hace hincapié en aspectos prácticos como la mejora en la dieta de los hortelanos, sus relaciones sociales o el paisaje urbano.

Equidad de género

En el huerto de la Asomadilla, Carmen y Nati bromean sobre ganarle el pulso al machismo. Se rebelan contra la imagen del hombre que trabaja la tierra, no porque sea inmerecida, sino porque, a través de ella, el imaginario popular a menudo delimita el cultivo del campo como una labor estrictamente masculina, dejando de lado a la mujer labriega, a la que la tierra debe tanto.

El 54% de las participantes en los huertos urbanos municipales son, de hecho, mujeres, algo muy poco común en este tipo de proyectos. Esto se explica, coinciden coordinador y hortelanos, en el carácter comunitario de los espacios. «Los hombres quieren tener su parcela, algo suyo» dice Carmen, las mujeres, asegura, son más dadas a compartir. Por otra parte, si bien no necesitan a ningún hombre para el trabajo de la tierra, sí esperan la incorporación en esta convocatoria de algún chico «alto, fuerte y… también guapo».

Antonio Toledano se adhiere a esta línea de pensamiento y ubica, en la naturaleza comunitaria del huerto, la causa de esta equidad. Además, la defiende. Primero porque esta ha sido consensuada y, sobre todo, porque «ha implicado una equidad de género en la participación que no es común en los huertos urbanos municipales del resto del país».

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