Un olor intenso a tradición y especias se impuso al de las flores del Jardín Botánico con motivo de la tercera edición del Concurso Amateur de Rabo de Toro cordobés, que organiza la cofradía de este plato.

Fue una competición reñida desde antes de empezar. En total, 135 cocineros amateur presentaron su solicitud para batirse en duelo aunque, por motivos de seguridad sanitaria, fueron finalmente 30 los valientes, escogidos al azar por un sorteo ante notario, que empuñaron sus cucharones y ollas con esmero antes de acercar los guisos al jurado, que en ningún momento tuvo contacto con los participantes para no crear sospechas. Rafael Moreno Rojas, director de la Cátedra de Gastronomía de Andalucía, coordinó al grupo de exigentes catadores, formado por Almudena Villegas Becerril, presidenta de la Academia de Gastronomía de Córdoba; Rosa Quero, tesorera de la Cofradía del rabo de toro; Francisco Mulero, gerente del Mercado Victoria; Elena Yubero, gastrónoma; el chef Periko Ortega y Lola Jiménez o señora de las tabernas, gestora de locales como El Poema o La Cuarta.

Los cocineros fueron presentando sus platos en grupos de 6, por turnos de 20 minutos cada grupo, que resultaron frenéticos. La emoción del momento, junto con el calor que emanaban los trozos de carne, provocó el sudor de los esforzados contrincantes, esperanzados en lograr, no ya la remuneración económica que prometían los primeros puestos, a saber, 600 euros para el primero, 350 euros para el segundo y 150 euros para el tercero, sino de obtener el reconocimiento de mejor chef de su casa. Eso y las botellas de vino Cruz Conde, las garrafas de aceite de Baena y las especias Carmencita que aportó el patrocinador del evento, el Supermercado Piedra. Finalmente, fueron Rafael Delgado Repullo, Claudio García Canales y Ana Castro Domínguez los que obtuvieron el primer, segundo y tercer puesto del ranking, respectivamente, entre vítores y la desesperación de los que solo podían mirar sin hincarle el diente a las piezas.

«Queríamos dar un reconocimiento a esas personas que preparan sus platos en casa, que brillaran en un día solo para ellos», comentó, orgulloso, el presidente de la Cofradía del Rabo de Toro, Ricardo Rojas. Objetivo logrado. «Algunos con más nivel que otros», opinaba Ricardo Rojas, pero «todos contentos». Lo esencial, coincidieron todos, no era llenar el buche ni ganar dinero, sino rendir homenaje a una joya de la gastronomía cordobesa a partir de quienes mejor la conocen.