Había escuchado tantas veces que las vacunas de arn mensajero contra el coronavirus eran tan inestables y requerían una temperatura tan baja para no echarse a perder, que había imaginado que un equipo ataviado con trajes de astronauta sería el encargado de extraer los virales con mucho cuidado de una nevera gigante incrustada en un trailer que, al abrirse, dejaría salir un denso humito blanco. Pero nada más lejos de la realidad. Las vacunas contra el covid, sean de la marca que sean, llegan a Córdoba en furgoneta. La imaginación, a veces, juega esas malas pasadas. Según Manoli Rodríguez, la auxiliar encargada de la recepción de todas las vacunas que se almacenan en el autocovid del centro Castilla del Pino, solo llegan congeladas las de Moderna, que se tienen que mantener entre -15 y -25 grados, aunque la mayoría de esas, que se han empleado últimamente en la inmunización de enfermos de muy alto riesgo, se depositan directamente en el hospital Reina Sofía. Lástima. Ese día no habría entrega de Moderna, aunque aún quedaban algunas dosis de un pedido anterior pendientes de aplicación apartadas en una esquina de la cámara frigorífica donde, una vez descongeladas, pueden aguantar hasta un mes. «Esas no se pueden mover, hay que cogerlas con mucho cuidado», advirtió Manoli. Las vacunas de Pfizer, también de arn mensajero, salen de Sevilla congeladas, pero se van descongelando poco a poco y se conservan, con el resto, en la cámara frigorífica, a una temperatura de entre 2,8 y 5,5 grados. La diferencia con la de Moderna es que «solo tenemos cinco días para aplicarla», aclaran. El tiempo es oro, y más si se trata de Pfizer.

Centro cívico Fuensanta | Llegada de vacunas desde el Castilla del Pino. MANUEL MURILLO

El habitáculo donde se almacenan las vacunas en el autocovid decepciona a primera vista. Uno imagina un lugar noble, aireado y espacioso en el que almacenar tan preciado elemento, pero luego se encuentra con una habitación en el bajo de los aparcamientos del centro de salud, sin ventanas (al menos, alguien ha colocado en la pared un par de pósters con vistas de paisajes frondosos) y con una entrada llena de cajas y placas de congelación apiladas. Tanto las cajas como las placas están ahí por algo, pero pareciera que han sido abandonadas sin ton ni son. Lo cierto es que, aunque parecen de cartón normal, las cajas tienen truco, muchas de ellas son térmicas y pueden utilizarse como neveras. Las placas de congelación se almacenan lo más cerca del congelador, uno de esos arcones donde las tiendas almacenan los cubitos de hielo, porque a diario hacen falta decenas de ellas para dar salida a cada lote de vacunas. A las 7.20 de la mañana, Manoli, que compagina su tarea en el almacén con su labor en Urgencias, ya está en su puesto organizando el reparto de viales. Al rato, llega María Lovera, una de las farmacéuticas del centro, cuya misión es comprobar que la cadena de frío se ha mantenido y que las vacunas llegan a la temperatura correcta, 3 grados. Ese día es especial porque se esperan los primeros viales de Janssen, así que rápidamente se pone al día del prospecto, que indica que cada vial permite administrar cinco dosis (los de Pfizer, hasta 6) y que tiene un periodo de caducidad de tres meses, más del doble que Moderna, que dura uno, y la mitad que AstraZeneca, de seis meses.

Neveras especiales | Preparadas para enchufarlas. MANUEL MURILLO

A las ocho de la mañana empieza el trajín de enfermeros procedentes de los puntos de vacunación del distrito Guadalquivir, que acuden al Castilla del Pino para llevarse los viales que administrarán a lo largo del día. Isabel viene de La Carlota. «Cada día me llevo de la marca que toque, según los listados de personas citadas», explica, «hoy toca AstraZeneca», por lo que tienen previsto vacunar a personas de entre 60 y 65 años. José Miguel, enfermero del distrito, trabaja habitualmente en Montoro pero refuerza los turnos de tests de antígenos y vacunas en Castilla del Pino, así que esta mañana espera su turno para recopilar las 500 dosis de Pfizer que prevén aplicar esa mañana. Los lotes están organizados desde el día anterior, así que van entrando y saliendo con el cargamento correspondiente antes de que lleguen los sueros de la nueva remesa. Ese día está previsto que lleguen 2.000 vacunas de Janssen y 195 viales de Pfizer. José Lázaro, director de Enfermería del distrito Córdoba-Guadalquivir, explicará después que todo tiene que estar muy bien organizado para no desperdiciar ni una dosis. «En una semana, podemos recibir vacunas hasta dos y tres veces, es importante no pedir demasiadas por ese límite de 5 días para su uso», comenta.

Reparto de viales | Manoli prepara la nevera para Isabel, antes de partir hacia La Carlota. MANUEL MURILLO

De Montoro llega María del Mar, que trabaja como enfermera en el punto de vacunación instalado en este municipio, al que acuden también desde Villa del Río, Pedro Abad, Adamuz y Algallarín. A su lado, un enfermero de Fuente Palmera comenta que vive en Córdoba y que una o dos veces por semana acude al Castilla del Pino a recoger las vacunas para su zona. «Hoy estamos con Pfizer, con mayores de 70 años, ya quedan pocos, pero hemos hecho captación por redes sociales para que vengan los que no han recibido la llamada o habían tenido dudas y ya se han decidido», señala, «cuando decimos que les toca la de Pfizer no hay problema, con AstraZeneca sí hay más miedo, todos te preguntan si les corresponde la buena o la mala». Los casos de trombosis han alertado a la población hasta el punto de que «algunos acuden con el historial de las enfermedades que sufren para que comprobemos si por sus dolencias la de AstraZeneca les está contraindicada».

Furgoneta de Bidafarma donde viajan las vacunas desde Sevilla para su entrega en Córdoba. MANUEL MURILLO

Junto a las neveras, cargadas con las placas de hielo y los viales, los enfermeros portan las jeringuillas y salen pitando. No hay tiempo que perder. El día está encapotado y ha amanecido lloviendo a cántaros, así que la temperatura, a estas alturas de abril y a esa hora de la mañana, es bastante fresca. Desde Córdoba, viajan con las vacunas a Bujalance, Villaviciosa, Fuente Palmera, La Carlota, Montoro, Palma del Río y Posadas, a una hora como máximo de distancia, tiempo en el que las neveras portátiles mantienen las dosis a 5 grados sin problema.

Alguien avisa de que Jose, de Bidafarma, llegará a las 9.30 horas. Las vacunas del covid no viajan solas a Córdoba. Las trae siempre Jose, al que todo el mundo llama de Bidafarma como si ese fuera su apellido. A la hora convenida, la furgoneta escoltada por la Policía enfila el camino de entrada a las cocheras. No hay mercadillo en Las Setas, así que no hay interrupciones en el trayecto. La expectación es mayor que un día normal por la llegada de Janssen y hay quien baja a hacer fotos y grabar el momento. Según Jose, aunque el material es sensible, las vacunas están seguras. «Todo va estabilizado y con plástico de burbujas aunque hay que conducir siempre con precaución», sentencia. A esa hora, aún no es seguro que se pueda empezar a administrar ese día. «El proceso de citación de las personas es más complicado de lo que la gente cree, hasta ayer a última hora de la tarde, cuando acabó el comité interterritorial, no supimos el grupo de edad al que se administraría la vacuna, los listados de los grupos etarios llegan de los Servicios Centrales del SAS y a partir de ahí se distribuyen por áreas sanitarias a partir del año de nacimiento señalado, así que ahora hay que empezar a llamar a la gente», comentan. Jose salió de Sevilla a primera hora de la mañana y antes de llegar a Córdoba, su furgoneta paró en Cabra para depositar las vacunas del distrito Sur, luego continuará la ruta hacia Pozoblanco para entregar las del área Norte. Mientras se recepcionan los viales de Janssen abajo, la actividad continúa en la planta de arriba, donde los responsables de la vacunación de los centros cívicos recogen las dosis que se inocularán esa mañana. «Las dosis que sobran las devuelven y luego vienen a recoger las de la tarde», comenta Manoli. Los responsables de farmacia se encargan de comprobar cada dosis que sale y que regresa para garantizar que se cumplen las fechas de caducidad. El centro cívico Fuensanta es uno de los que recibe hoy cargamento de Pfizer en las neveras ajustadas debidamente en el maletero. Una vez en destino, tras enchufar de nuevo las neveras, cargan las dosis y empieza el proceso de vacunación a los citados.

Al día siguiente por la tarde, las primeras vacunas de Janssen suben una planta al centro de salud de Castilla del Pino. En una tarde se inocularán 1.200 monodosis. Tres años de diferencia hace que una pareja reciba distintas marcas. Ella Pfizer y él Janssen. Ella se ha llevado «la buena», pero tendrá que esperar la segunda dosis para abrazar a los nietos. Él se va inmune en un viaje. Misión cumplida. Ya queda menos de pandemia.