«Entraron juntas en el hospital y en la UCI para batallar contra el covid y ya no se verán más, mi madre no le ha podido decir adiós». Es el testimonio desolador de Inmaculada Rivas, una cordobesa que perdió hace tres días a su hermana Desiré, una joven con síndrome Down de 24 años fallecida por el coronavirus. «No sabemos cómo lo cogió, ella salía con mi madre a dar una vuelta, siempre con su mascarilla puesta», explica, «pero de algún modo el virus entró en la familia y contagió a varias personas, todos los casos fueron asintomáticos menos mi madre y mi hermana». Los primeros síntomas dieron la cara a mediados de enero. «Mi madre empezó con un resfriado muy fuerte y dio positivo en covid», recuerda, «al día siguiente, le hicieron la prueba a Desi y dio también».

Los primeros días estuvo bien, pero luego empezó con vómitos y diarrea y la llevaron al hospital. «Cuando le hicieron la radiografía, salió que tenía neumonía y se quedó ingresada», relata. Dejar en un hospital sola, sin compañía familiar, a una niña con síndrome Down no es fácil. «Ella sabía que tenía que llevar mascarilla, pero cuando se quedó ingresada no entendió que no pudiera darle un beso... fue muy duro», asegura Inmaculada. Horas después, Ángela, su madre, ingresaba por covid en el hospital. «Las pusieron a las dos en la misma habitación», comenta Inma, que insiste en recalcar el agradecimiento de la familia al personal del hospital Reina Sofía. «El trato ha sido inmejorable, están todos al cien por cien, agotados, trabajando como burros, dándolo todo, si no paramos esto, no va a haber quién nos cuide», sentencia convencida.

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Al quinto día, Desi, que tenía sobrepeso por un problema de tiroides, empeoró y fue traslada a la UCI. Poco después, Ángela también ingresaba en Intensivos. «No se puede explicar el sufrimiento que supone tener a tu madre y a tu hermana en el hospital tan graves sin poder cogerlas de la mano, hablarles... los médicos te llaman una vez al día para decirte la evolución y rezas para que no te llamen antes o después de la hora prevista porque eso significa que hay malas noticias», explica sincera. Los problemas respiratorios obligaron a conectar a Desi a un pulmón artificial pero la bajada de defensas que produce el covid hizo que le atacaran dos bacterias.

Según su hermana, «tuvo que batallar con las dos cosas y cuando había acabado con el virus, sufrió una muerte cerebral». Inma explica con sus palabras la traducción de las explicaciones ofrecidas por los médicos que durante 20 días atendieron a su hermana en la UCI. Antes de que muriera, pudo verla tras un cristal. «Nos despedimos así, pero ya estaba inconsciente». Desi murió el viernes 19 y al dar negativo en covid, pudo ser enterrada. «Otras familias solo reciben las cenizas», comenta.

Ángela, de 61 años, había pasado a planta y está evolucionando favorablemente. Dos días después, le contaron lo ocurrido. «Es desgarrador, se tuvo que despedir de su hija por videoconferencia», confiesa Inma, que destaca el vínculo que las unía. «Mi hermana era una niña llena de luz, muy cariñosa y muy artista, le gustaba cantar y bailar y las dos estaban muy unidas», comenta con la voz quebrada, «mi padre ha tenido que enterrar solo a su hija con su mujer debatiéndose entre la vida y la muerte». Madre de ocho hijos, Ángela perdió a otra niña hace años y ahora temen cómo afrontará el futuro cuando salga del hospital.

Antes de acabar, Inma llama a tomar conciencia: «Hemos vivido tres olas de coronavirus y mucha gente aún no es consciente de lo que está pasando, yo tampoco lo era hasta que lo he vivido, creemos que el covid es algo que le pasa a otros y no, por eso pido a todo el mundo que tenga cuidado, el covid está destrozando muchas familias».