Virgilio Peña nació en enero de 1914 en Espejo, hijo mayor de una familia de campesinos. "Yo era el mayor de cinco hermanos. Mi madre era la churrera de Espejo y mi padre campesino. Murió en 1925 cuando yo no tenía aún 11 años. En esa época se trabajaba de sol a sol por un jornal de 4 o 5 pesetas diarias, de las que te descontaban la comida. A los chicos, por guardar el ganado nos daban 8 o 10 pesetas al mes".

A su padre lo detuvieron..."Y le quemaron todos sus libros. Él, que no había ido casi a la escuela, tenía una biblioteca más grande que muchos señoritos".

Trabajaban como esclavos y luchaban por la reforma agraria. "Mi padre participó en la creación de los sindicatos agrícolas y en las huelgas de trabajadores del campo". En 1931, "estalló" la República. "Yo tenía 15 años. Me enteré en la casa de la Unión de Izquierdas y salí a la calle a gritar ¡Viva la República! después de colgar en el balcón la bandera tricolor".

Entonces llegó la reforma. "La República entró muy tímida, sin sangre. Los burgueses del pueblo se encerraron en las casas, pero luego se dieron cuenta de que no se buscaba la revancha. En el 31 un decreto estableció que no se podía trabajar más de ocho horas y en el 32, algunos campesinos reciben por primera vez 18 fanegas de tierra".

El 18 de julio de 1936, los fascistas se hacen con el pueblo. Empieza la Guerra Civil. "En Espejo decían ¡que vienen los rusos! cuando oían las explosiones. Se organizaron milicias. Espejo resistió hasta el 25 de septiembre. Hubo centenares de combatientes muertos.

Virgilio luchó en muchos frentes por la República hasta ser capitán. "Combatí en Bujalance, Villa del Río, luego en Villanueva de Córdoba, en los ataques de Pozoblanco, en Talavera de la Reina, Teruel y en el Ebro, donde resulté gravemente herido".

Después vino el exilio. "Yo no me fui de España, me echaron a cañonazos como a otras 500.000 personas. Llegamos a Francia y nos recibieron fatal. Fue una decepción llegar al país de la libertad y que nos trataran de aquella manera".

En Francia, militó en la Resistencia contra Franco hasta que fue detenido y enviado a un campo de concentración. "Nos metieron en un vagón de tren a más de cien hombres durante tres días, con un cubo para cagar y mear. Sin agua y sin nada. Muchos murieron. Yo saqué la cara para respirar y me agarré a una argolla de hierro que chupaba para mojarme los labios".

Cuando el tren paró, los nazis le dieron la bienvenida a patadas. Estaba en el campo de Buchenwald. Corría el año 1944. "Mi número era el 40.843. Éramos 60.000 personas. Nos torturaban, nos inyectaban fármacos para hacer experimentos... Cada 40 minutos, 16 cadáveres eran quemados en el crematorio, todavía recuerdo ese olor... Otros morían asados en las alambradas eléctricas..."

En junio del año 45 sale libre. "Logramos escapar antes de que llegaran los americanos, con más de 200 presos alemanes. Yo pesaba 42 kilos y era de los más gordos".

Considerado apátrida, siguió viviendo en Francia, en Pau, donde militó a distancia en el PCE. Allí se ganó la vida fabricando alpargatas y más tarde en la construcción hasta que se retiró con 60 años. "En un baile conocí a mi mujer, Cristiana, y tuve cuatro hijos. Ahora tengo 93 años y sigo volviendo a casa, a Córdoba y a mi pueblo, donde están mis raíces, mi familia".

Dice que él no es ningún héroe. "Mi padre me enseñó a decir ¡viva la libertad!. Yo creía en la revolución. hice lo que tenía que hacer".