REPORTAJE

El hidropedal que fabricó el abuelo en el mejor verano de los 80

Andrés Parra construyó la embarcación en el número 6 de la calle Felipe II en Córdoba y lo llevó hasta el Rincón de la Victoria donde pasaba los veranos

María del Carmen Parra sostiene una foto en la que se puede ver el hidropedal que hizo su padre en los años 80.

María del Carmen Parra sostiene una foto en la que se puede ver el hidropedal que hizo su padre en los años 80. / EFE

María José Díaz Alcalá (EFE)

Los años 80 de la nostálgica serie de televisión Verano Azul sitúan el escenario de las vacaciones de los Parra, una familia cuyo abuelo, Andrés, fabricó un hidropedal para que sus nietos pasaran "el mejor verano de sus vidas" en Rincón de la Victoria (Málaga).

Andrés Parra y Carmen Serrano vivían en el número 6 de la calle Felipe II en Córdoba, pero pasaban los veranos en un pequeño apartamento de Rincón de la Victoria. Él, funcionario de Renfe entonces ya jubilado, se dedicó los últimos años de vida a soñar.

"Mi padre vivía de sus sueños, de lo que quería haber hecho y no pudo". Andrés nació en 1920, tenía 16 años cuando le "pilló" la guerra y muchas aspiraciones que no pudo cumplir, pero eso no le impidió estudiar de manera autodidacta, enseñar lo que aprendía e, incluso, escribir en periódicos, relata Mari Carmen, la mayor de sus hijas.

Creativo también con las manos, tallaba desde barcos de madera hasta casas de muñecas para sus nietas, quienes lo definen como un “manitas”, pues además empleaba para su construcción materiales elementales y herramientas rudimentarias: destornilladores y navajas.

El hidropedal lo construyó en la terraza del sexto piso de Córdoba. Chapa, madera, unos pedales y unas cuantas sillas metálicas a las que les cortó las patas fueron suficientes para que aquel "armatoste" flotara, porque "flotaba de verdad", asegura -entre risas- la tercera de las nietas, Carmen.

"La calle se puso como una Feria"

El ascensor y las escaleras eran espacios demasiado estrechos para transportar el hidropedal, así que Andrés tuvo que desmontar el aparato, bajarlo por la fachada con una polea y pedir ayuda a cinco personas: "La calle se puso como una feria", recuerda jocosamente Mari Carmen.

"Bajarlo desde un sexto piso en el centro de Córdoba fue anecdótico porque era muy grande", pero montarlo en la baca de un Citroën 2 CV para llevarlo hasta Rincón de la Victoria tampoco fue tarea fácil: "Se salía por todas partes... bueno, las cosas de mi abuelo", cuenta la segunda nieta, Esther.

Una vez en la playa, había que montarlo y después "necesitábamos ayuda de media playa para empujar aquello orilla arriba, orilla abajo para meterlo y sacarlo del agua, porque pesaba muchísimo", rememora la segunda de las nietas.

La envidia de la playa

"Hoy en día se alquilan motos acuáticas y tablas de pádel surf, pero por aquel entonces nosotros teníamos nuestro propio hidropedal y éramos la envidia de la playa", explica Esther, quien asegura que se llegaban a subir hasta catorce personas.

Y es que, aquellos veranos, el entorno de Rincón de la Victoria era muy diferente al de hoy, recuerda: “No estaban ni siquiera los chiringuitos que hay ahora, eran chiringuitos de cañas, como los de `Verano Azul'" -una serie mítica que pocos mileniales han visto, pero que todos conocen-.

Andrés llamó al hidropedal "Juescarjolu", acrónimo de los nombres de los nietos que tenía en aquel momento: Juan, Esther, Carmen y José Luis. "Mi abuelo tenía muchas cosas, pero en eso no tuvo mucha imaginación", cuenta chistosamente Esther.