VENTANA A LA NATURALEZA

Ganadería extensiva y biodiversidad

La producción ganadera en extensivo ha tenido una gran importancia histórica en España. Durante los inviernos se aprovechaban los pastos de los valles y zonas más bajas y durante el resto del año los pastos de las montañas que permanecían verdes durante el verano a través de la trashumancia

El ganado bovino es ramoneador y controla el estrato de matorral y arbustivo.

El ganado bovino es ramoneador y controla el estrato de matorral y arbustivo. / R. ARENAS

La ganadería extensiva ha tenido una gran importancia histórica en nuestro país. Las especiales características orográficas y las variaciones climatológicas dieron lugar a un sistema de explotación de los pastos muy peculiar. Durante los inviernos se aprovechaban los pastos de los valles y zonas más bajas y durante el resto del año los pastos de las montañas que permanecían verdes durante el verano. El traslado se realizaba a pie dando lugar a lo que se conoce como trashumancia y a las vías pecuarias, que eran los lugares por donde se desplazaba el ganado de un lugar otro. Se aprovechaban de manera sostenible los pastos. Ya en el siglo VIII se encuentran las primeras referencias en el Fuero Juzgo, un compendio de legislación visigoda, en la que figura la primera mención escrita sobre la existencia de calles o caminos para el ganado lanar. No es hasta 1158-1214 cuando Alfonso VIII dicta las primeras disposiciones de pastores, en las que se autoriza a los ganaderos segovianos a trasladarse a Castilla para apacentar allí a sus rebaños. Julius Klein, en su tratado clásico sobre La Mesta llegó a la conclusión que en 1273 el rey Alfonso X de Castilla crea el Honrado Concejo de la Mesta de Pastores, una asociación nacional, y les otorgó una carta de privilegio. El rey decía de la cabaña real trashumante que era «la principal instancia de estos reinos, cuya conservación tanto importa, así para sustento y población de fábricas, como para mantener el comercio con otros reinos y provincias, y la permutación de unas mercancías por otras, en cuyo tráfico son tan interesados mis vasallos y mi Real Patrimonio». En este privilegio real, la anchura de las cañadas se limitaba a «seis sogas de cuarenta y cinco palmos», es decir, unas noventa varas castellanas (75 metros). A finales del siglo XIII, la fina lana castellana empieza a aparecer en los puertos de Inglaterra, Francia, Flandes y Florencia procedente de los puertos de la costa del Cantábrico. Se convirtió en unos de los principales baluartes de la economía.

La trashumancia elimina el combustible seco ligero que propicia los incendios forestales

Algunos autores han señalado la profunda deforestación que provocó el desarrollo de esta actividad tan protegida, donde no faltó la colisión con los intereses agrícolas. También se ha apuntado que la Mesta fue un instrumento de los ganaderos del norte para proteger sus «incursiones en las tierras recién conquistadas» frente a los ganaderos existentes al sur. Con el transcurso del tiempo se estableció una red de comunicaciones que ha llegado hasta nuestros días y que son las vías pecuarias: cañadas, cordeles y veredas. Las primeras son a manera de las autovías y conectan el norte con el sur, su anchura puede llegar a los 75 metros. Las segundas se asemejan a las carreteras autonómicas que estructuran el territorio y no sobrepasan los 37,5 metros. Y las terceras son como las locales, que llegan a determinados puntos, y tienen una anchura no superior a los 20 metros. Esta ganadería no requería de insumos del exterior ya que su alimentación se basaba exclusivamente en pastos naturales. En sus traslados, tanto enganchados en su pelaje o en su sistema digestivo, trasladan semillas y favorecen la dispersión de la flora. También modela el paisaje y elimina para el verano el combustible seco ligero, que es donde suelen comenzar los incendios forestales, y controlan el matorral y arbustos dependiendo del tipo de ganado. Con esta actuación se incrementa el efecto de borde de distintas unidades de vegetación y se incrementa la biodiversidad.

Trasterminancia en busca de las rastrojeras de la ganadería Las Albaidas.

Trasterminancia en busca de las rastrojeras de la ganadería Las Albaidas. / A. ARENAS

Este tipo de ganadería trashumante (protegida esta semana Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco) prácticamente ya no existe porque los desplazamientos raramente se hacen a través de las vías pecuarias. Hoy, pocos ganaderos aún conservan esta costumbre. En Córdoba, la familia Molina aún mantiene movimientos trasterminantes entre la sierra y la campiña. Ha evolucionado a otra intensiva o con un aporte manifiesto de alimento procedente del exterior de las explotaciones. En ocasiones pueden observarse supuestas ganaderías extensivas que no sólo tienen un gran aporte de insumos, sino que aprovechan de forma insostenible los recursos de las fincas donde se hallan. 

Es difícil establecer una definición de la ganadería extensiva y cada autor que la ha abordado tiene la suya. En una publicación denominada Definición y caracterización de la ganadería extensiva en España se ha abordado este aspecto y tras un extenso estudio llega a la conclusión de que es aquella que aprovecha los recursos naturales del territorio, con una baja utilización de insumos externos y principalmente mediante pastoreo. En general, se caracteriza por el empleo de especies y razas de ganado adaptadas al territorio, el aprovechamiento de pastos diversos ajustándose a su disponibilidad espacial y temporal, y el respeto del medio en el que se sustenta.

Este tipo de ganadería mucho más adaptada al entorno no está siendo apoyada por la Política Agraria Comunitaria y no tiene un marco regulatorio concreto que la diferencie de otro tipo de ganaderías más intensivas. Urge esa determinación si no se quiere que desaparezca de nuestras tierras con sus servicios ecosistémicos.