radiografía de la ganadería cordobesa

Los 61 años de media de edad del ganadero amenazan al extensivo

La falta de relevo generacional afecta al 81% de las explotaciones que hay censadas en la provincia

El sector acumula dos años consecutivos de cierre de ganaderías y pérdida de todo tipo de ganado

Un ganadero junto a sus bueyes en una explotación en extensivo.

Un ganadero junto a sus bueyes en una explotación en extensivo. / Víctor Echave

David Jurado

David Jurado

La radiografía de la ganadería extensiva en la provincia de Córdoba refleja las dolencias de un sector con visos de cronificarse y de derivar en males mayores si no se actúa de inmediato. El sector acumula dos años consecutivos de pérdida de explotaciones y cabezas de ganado, una situación que apunta a convertirse en tendencia por la falta de relevo generacional. Así lo indica el presidente de la recién creada Asociación de Ganaderos y Ganaderas de Extensivo (AGGE), Felipe Molina, quien recuerda que la media de edad de los ganaderos en extensivo es de 61 años. Un envejecimiento que amenaza la viabilidad de las explotaciones ganaderas de la provincia y que acentúa el problema de la despoblación del norte.

La sequía y la inflación se suman a esta falta de sangre nueva en el campo. Es la fatal combinación que se esconde tras la caída del 20% de las cabezas de ganado en los dos últimos años, tal y como afirma Molina. El campo podrá recuperarse cuando lleguen las lluvias, y los animales crecerán en número, pero las explotaciones que cesaron en su actividad y echaron el cierre no se recuperarán. Y seguirá el problema de la falta de banquillo.

Actualmente, esta actividad supone el 85% del total de ganaderías en la provincia, concentrándose principalmente en la comarca del Valle de Los Pedroches. Le sigue en importancia en número de explotaciones de Sierra Morena, fundamentalmente en el término municipal de Córdoba, y en menor medida, en las localidades de Hornachuelos, Posadas y la comarca de la Subbética.

Molina apunta que el problema de ahora del cierre de explotaciones es nuevo. Siempre ha habido traspasos, gente que dejaba la ganadería y empresarios nuevos que iniciaban su andadura. «Lo que pasaba antes era que había explotaciones que iban desapareciendo, porque se jubilaba el propietario o este se la vendía a otros ganaderos». De esta forma se seguía manteniendo la actividad. Los profesionales en activo tenían más tierra y más cabaña. Pero ahora, ante la grave situación del campo, «la tendencia de los dos últimos años es que cuando se quitan, se quitan,. Y nadie se las queda, por lo que los animales van al matadero», señala el presidente de la asociación nacional y andaluza de ganaderías en extensivo.

Los datos de la Junta avalan esa caída en el número de ejemplares. Según las cifras extraídas de los censos agrarios realizados por la Administración andaluza, el número de cabezas de bovino cayó de los 162.000 ejemplares del censo con fecha de noviembre de 2021 a los 155.342 del mismo mes un año después. Las ovejas pasaron de 609.444 cabezas a 155.342, según la última cifra oficial. Los ejemplares censados de cabra pasaron de 60.644 a 59.804; y los cerdos, de 303.307 ejemplares de 2021 a los 277.760 censados hace ahora un año.

En cuanto a explotaciones, la Junta tiene censadas en la actualidad, con datos del censo relativo a este mes de noviembre, 1.399 explotaciones de bovino en extensivo, así como 4.082 de ovino y 2.363 de ibérico. En cuanto a la superficie media, el presidente de la AGGE indicó que la media se sitúa en las 400 hectáreas para cualquier tipo de ganado, ya sea ovino, bovino o porcino, puesto que se necesita un mínimo de superficie para garantizar el alimento de los animales y que las explotaciones sean rentables.

Más cargas laborales

Al respecto apuntó a que la tendencia es que haya menos explotaciones y con más superficie y cabezas de ganado ante la falta de relevo generacional. Molina indicó que para que una explotación sea rentable tiene que tener como mínimo 400 hectáreas. «Hace no muchos años un ganadero podía salir adelante con un rebaño de 500 cabezas, pero hoy si no tienes mil, no puedes vivir porque los rendimientos son más bajos, y los gastos más grandes», sentenció.

Los ganaderos, por tanto, están obligados cada vez más a gestionar grandes superficies de terreno para poder tener «unos ingresos mínimos para poder sacar adelante a una familia», asegura.

Una tendencia que implica rebaños más grandes, mayor superficie de pastoreo, mayores costes de mantenimiento y «más trabajo y sacrificio», recuerda Molina, razón por la que la ganadería extensiva no logra captar el interés de los jóvenes como medio de vida.