En el primer semestre de 2011 en las redes sociales comenzaron a colgarse imágenes de siluros (Silurus glanaris) pescados en el embalse de Iznájar. La confirmación oficial llegó el día 20 de julio en el que se capturó un ejemplar, determinado por el Departamento de Zoología de la Universidad de Córdoba. Por aquel entonces estaba prohibida la navegación en ese lugar como medida preventiva ante la aparición de mejillón cebra en el abril del 2009 en el embalse de Los Bermejales. Se modificó la Orden General de Pesca estableciendo como medida preventiva la prohibición de forma genérica de la pesca y se reguló la utilización de medios auxiliares, así como las medidas de control y desinfección de los mismos. Se permitía la pesca deportiva solo en tramos concretos más controlables. Como se previó fue ya detectado en julio de 2012.

Volviendo con el siluro, se distribuye de forma natural por las cuencas del Mar del Norte, Báltico, Negro, Caspio y Aral, no es por consiguiente nativo de la península ibérica. La especie ha sido ampliamente distribuida por muchos cuerpos de agua del mundo para su pesca. El tamaño máximo conocido para la especie es de 5 metros y 300 kg de peso, pero lo normal son ejemplares de alrededor de 2 metros y 80 kg de peso.

Dado su enorme tamaño y sus hábitos depredadores, el siluro supone un riesgo elevado a la abundancia y supervivencia de peces nativos y otros vertebrados (anfibios, aves y pequeños mamíferos). También puede afectar a la calidad del agua en embalses a través de procesos de cascada trófica, interacciones que controlan ecosistemas enteros. Su impacto ecológico en ambientes mediterráneo sobre la flora y fauna es todavía poco conocido. Es probable un impacto considerable sobre ciprínidos autóctonos. La abundancia de aves acuáticas, especialmente las anátidas, es significativamente menor en embalses con siluros, lo que sugiere un impacto ecológico directo o bien que las aves han aprendido a evitar las zonas donde se ha introducido esta especie.

Vista panorámica del pantano de Iznájar. CÓRDOBA

En este punto es necesario recordar que el siluro no es una especie pescable de acuerdo con la legislación nacional y autonómica y que por tanto no puede ejercerse de forma activa o reglada la actividad piscícola. En este sentido la Ley del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, prohíbe la introducción de especies alóctonas y en el caso de introducciones accidentales o ilegales, no se puede autorizar en ningún caso su aprovechamiento piscícola, promoviendo las medidas apropiadas de control de especies para su erradicación.

Además hay que añadir que el siluro se encuentra incluido el Catálogo español de especies exóticas invasoras, que también conlleva la prohibición genérica de su posesión, transporte, tráfico y comercio de ejemplares vivos o muertos, de sus restos, incluyendo el comercio exterior. Además, los ejemplares de las especies incluidas en el catálogo que sean extraídos de la naturaleza por cualquier procedimiento no podrán ser devueltos al medio natural. En ningún caso, se podrán contemplar actuaciones o comportamientos destinados al fomento de estas especies. En particular, en el ejercicio de la pesca en aguas continentales, queda prohibida la utilización como cebo vivo o muerto de cualquier ejemplar de dichas especies o de sus partes y derivados.

Por aquellos años se creó un grupo de trabajo entre los que estaba la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, la Universidad de Córdoba, la Federación Andaluza de Pesca, la Asociación para la Conservación Piscícola y de los Ecosistemas Acuáticos del Sur (ACPES), junto a cualificados técnicos de la Consejería de Medio Ambiente. En el citado grupo se barajaron muchas propuestas y se concluyó que era imposible erradicar a esta especie del embalse de 2.522 hectáreas de superficie y una capacidad de 981 hectómetros cúbicos, y en cierta medida dejar confinada a esta especie en el embalse, medida que la ciencia y el tiempo han confirmado que era errónea.