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A pie de tierra

Inquisición y milenarismo

 

Inquisición y milenarismo -

Desiderio Vaquerizo Desiderio Vaquerizo
01/10/2016

En los albores del año 1500, Fray Diego Martínez de Toledo, joven dominico que ejerce como fiscal en el Santo tribunal de la Inquisición de la ciudad del Tajo, es convocado con urgencia por Don Diego de Deza, Inquisidor General de Castilla, León y Aragón, quien quiere encomendarle una misión muy especial. Mientras, en Herrera, pequeña villa próxima al Guadiana en los confines del Condado de Belalcázar, Inés, una niña de sólo 12 años hija de Juan Esteban, zapatero y curtidor, conversos ambos, ha comenzado a tener visiones; dice subir al cielo de la mano de su madre muerta y traer de allí un mensaje divino de gran trascendencia: el Mesías está a punto de llegar. Ambos personajes cruzarán sus destinos en una trama basada en hechos reales que pondrá al descubierto lo mejor y lo peor de la condición humana. De fondo, la crisis de milenarismo que se produjo en Castilla mediado el milenio, y el papel de máquina represora de letal eficiencia que, amparada en la supuesta defensa de la unidad de la fe y la ortodoxia católica, ejerció la Inquisición española. En un momento en el que la institución languidecía, ante una cierta creencia general de que la herejía había sido por fin erradicada, el brote de judaísmo mesiánico protagonizado por Inés de Herrera le vino como llovido del cielo para justificar su existencia, demostrar su autoridad y prolongar en el tiempo su reinado de intransigencia, terror e iniquidad. Empleándose a fondo con los judeoconversos les privó de referentes y modelos conforme a un concepto de la justicia supuestamente ejemplarizante, destinada en último término a disuadirles de seguir aferrados a la Ley Mosaica. El problema es que tardó poco en pervertir su objetivo, en beneficio de intereses espurios que, alimentados por la obcecación, la suspicacia y la rivalidad, persiguieron enriquecimiento fácil, venganza y poder; todo ello mediante lucha desigual a muerte, de la mano a veces de antiguos correligionarios, empeñados en despejar dudas y demostrar la verdad de su nueva fe a costa de misas, rosarios y ollas con tocino.

Esta es sólo una breve sinopsis de la novela Inés de Herrera. La niña profeta, que presenté en el Salón de Mosaicos del Alcázar de los Reyes Cristianos, en el marco del Otoño Sefardí, brillante iniciativa del Ayuntamiento, en pleno equinoccio de otoño, justo cuando comienza el Año Nuevo judío. Me acompañaron en la mesa M. Téllez, teniente de alcalde de Cultura; S. Alcázar, alcalde actual de Herrera del Duque, donde sucedieron los hechos; J. Peláez, de Ediciones El Almendro, que ha publicado la obra; J. Calvo Poyato, historiador y escritor de renombre que hizo una glosa del libro verdaderamente magistral, y L. R. Gallardo, violín, que sublimó el acto con la sensibilidad, la pasión y la garra de sus interpretaciones. A ello se sumó una ingente cantidad de público que abarrotó el Salón de Mosaicos hasta el punto de verse obligados muchos a permanecer de pie o a marcharse. Entre los asistentes, numerosas personalidades de la cultura cordobesa, alumnos, familiares, amigos, pero también otra mucha gente que quiso asistir a la presentación atraída por la temática del libro o quizá el tirón de alguno de los participantes. Fue verdaderamente emotivo; todo un derroche de respeto, entrega y cariño ante el que quiero dar las gracias públicamente y de corazón. Cuando hace 44 años llegué a Córdoba para ingresar en su Universidad Laboral, sin más norte que labrarme un futuro ni otro consuelo que sorberme las lágrimas, no me habría atrevido siquiera a soñar que un día mi ciudad de adopción llegara a envolverme tan amorosamente en su manto, a acunarme como al más preciado de sus hijos. A día de hoy cuento con el privilegio de tener dos tierras, dos patrias, dos lugares a los que volver, raíces múltiples que tiran de mí con vehemencia de útero.

Mi historia retrata a una comunidad desgarrada entre el rechazo de los suyos y de los cristianos viejos; que frente al fanatismo imperante entonó de forma suicida un canto a la tolerancia, un grito desgarrado de libertad y esperanza, un afán explícito de paz y de convivencia, a las que nunca debería renunciar el ser humano. La obra está tan repleta de emociones, sentimientos y verdad que bien pudo ser esa la clave del éxito de su adaptación teatral, estrenada el pasado verano en la plaza de toros de Herrera del Duque bajo la dirección de E. García Ballesteros, con música de Acetre interpretada en directo. Fue una conmoción colectiva, el triunfo de un pueblo que ha decidido asumir su historia y reivindicarse a sí mismo. Están todos invitados el año que viene.

* Catedrático de Arqueología de la UCO

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