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La rueda

Conciencia jurídica

 

Magdalena Entrenas Magdalena Entrenas
10/11/2017

Enfrentarse como abogada a según qué asunto no es tarea fácil y no lo es ya no solo por el esfuerzo, el estudio previo, la preparación del caso, la recopilación de datos y pruebas y hasta por el trato con el cliente, muchas veces lo más difícil, porque trasladar las posibles soluciones a quien no entiende de leyes y además está cegado por la subjetividad es casi siempre lo peor, sino porque además hay asuntos que duelen en el alma de la toga.

No es verdad lo que injustamente se piensa sobre la falta de sensibilidad del abogado, o incluso sobre la falta de escrúpulos que nos atribuyen por defender lo que a ojos de la ciudadanía puede resultar indefendible. No, no es verdad, entre otras razones porque siempre hay una inmensa gama de grises y todo en la vida tiene sino una justificación, al menos una explicación, la que sea.

Frente a tanta crítica injustificada, lo que muchos no saben es la inmensa soledad del abogado, esa de la que ya he hablado en alguna ocasión y en la que te enfrentas muchas veces a dilemas con soluciones cuanto menos complejas. Nuestros clientes no siempre llevan razón, no siempre la justificación o la explicación que tienen sus actos nos gustan; existen versiones y visiones incomprensibles o que no encajan; existen terrenos pantanosos, verdades dolorosas y difíciles de digerir que por extrañas se convierten a veces en increíbles; existen mentiras tan reales que cualquiera puede creerlas; existen tantas y tantas perspectivas de una misma realidad que ahí es donde radica la grandeza de encontrar la que mejor encaje para la defensa del cliente.

Sin embargo todo eso está o debiera estar reñido con algo por lo que creo no debe pasar ningún abogado. Si defender hasta lo indefendible es admisible, acusar o imputar a otro la comisión de un delito sin una mínima certeza refrendada con datos periféricos, no debiera serlo en absoluto. No, por mas que el cliente insista, así que si su acusación se desmorona ante nuestros ojos como un azucarillo en el café recién hecho, seguir por esa senda... ¿Es de recibo? Todavía hay algo peor y por lo que como dije al principio cuesta enfrentarse con según que asuntos: mirar para otro lado ante el delito del que ni siquiera la víctima es consciente.

* Abogada

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