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LOS DEBATES DE CÓRDOBA

El ciclista urbano y la educacion vial

 

JOSE JAVIER Rodríguez Alcaide
22/11/2015

El pensador futurista inglés H.G.Wells observó que "la historia es cada vez más una carrera entre la educación y la catástrofe". En 1985 Wells vio el potencial de los seres humanos para exterminarse, porque quizás no seamos lo bastante listos para no pasarnos de listos. La frase de Wells también se puede aplicar no al ciclista en carretera sino al urbano, hipnotizado por el paisaje social, político y tecnológico, entretenido por la vorágine de ideas que nos bombardean a todas horas sobre la conveniencia de montar en bicicleta. Algunos ciclistas, ayunos de educación vial, invaden aceras reservadas al peatón, van en collera o en fila de a dos por zonas peatonales, serpentean entre viandantes de modo anónimo y desordenado, están a punto de atropellar al niño que corretea o a la anciana que a trancas y barrancas busca un banco en el que sentarse.

El ciclista urbano tiene excelente preparación física, elevado coeficiente intelectual pero no siempre muestra disponer de capacidad de pensar, pues no es lo mismo tener ese alto coeficiente que saber reflexionar. No me gustaría tener que comparar a ese arquetipo de ciclista urbano, que conduce por las aceras montado en su corcel, con aquel profesor matemático, titulado por Harvard, de nombre Ted Kaczynski, que asesinó a tres personas e hirió a docenas con cartas bombas.

El ciclista urbano debería aprobar un curso teórico de conducción y circulación sobre dos ruedas a fin de poder cambiar su software mental, hasta que llegue a entender que debe circular por su carril bici y, si lo hace por zona peatonal, actuar a pie acompañando a su manillar.

Por cuanto acabo de relatar la ciudad de Córdoba necesita de una ordenanza municipal, respetada por el ciclista urbano desde la definición e identificación del mismo hasta el desglose de reglas para cruzar pasos de cebra, acceder y salir del carril bici, transitar apeado por aceras y zonas peatonales. Deberá haber cicloescuelas dedicadas a enseñar la ordenanza, los medios de comunicación a despertar la emoción de ese aprendizaje y munícipes no solo para salir reelegidos. Hasta ahora poco se ha hecho para salvar al peatón del atropello y a la municipalidad del enfrentamiento recíproco entre concejales.

No es necesario ser una lumbrera ni un hiperintelectual para sentir vaga inquietud por la muy comentada invasión por parte del ciclismo urbano del espacio reservado al tránsito peatonal. Solo pedimos a los concejales una pequeña dosis de inteligencia práctica. Siempre hay una gran recompensa cuando se piensa con claridad y se intercambian ideas emocionantes. La ordenanza municipal debería ser un compendio de inteligencia práctica, dedicada en este caso a saber circular en bicicleta.

* Catedrático emérito de la UCO

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