CÓRDOBA

GOLDEN CLUB

SÁBADO 20

22.30 HORAS

Los hay tenaces e incansables. Son artistas que no tienen tiempo, o que para ellos es realmente lo de menos, siempre que haya posibilidad de seguir apurando una veta que, como en este caso, parece un filón inagotable de ideas y, sobre todo, de la maestría que da el tesoro de una experiencia llena de sensibilidad y kilómetros. Es el caso de José María Guzmán, cantante y compositor que, de forma inevitable, nos traslada a muchos hacia la nostalgia de tiempos pasados, musicales, y por tanto, puede que mejores para algunos.

Muchos recordamos aquel puñado de canciones de transición, aquellas cuyos títulos siempre le solicitarán, escenario tras escenario, aquellas inmortales notas que quedan en el aire para siempre. Señora Azul, o Por las calles del viejo París, o Sólo pienso en ti, son algunos de estos himnos clavados a fuego en el corazón de una generación muy especial a la que pertenece Guzmán.

Madrileño, parece cumplir años cada cuatro, no sólo por haber nacido un 29 de febrero, sino por su profusa actividad. Su primer instrumento fue el violonchelo, aun muy joven, pero, como a muchos otros embriones de artistas, la aparición de The Beatles le decanta hacia derroteros musicales más populares. Pronto da muestras de su versatilidad al tocar con soltura varios instrumentos y cantar, por lo que es requerido para directos y grabaciones de estudio, labores que más tarde ampliaría con las de productor, actor, autor de anuncios publicitarios o colaborador en bandas sonoras.

Uno de los puntos de inflexión en la vida profesional de Guzmán llega en 1971 al conocer a Rodrigo. Ambos planearon realizar un grupo con Juan Robles Cánovas (de Franklin) y Adolfo Rodríguez (de Los Íberos), no sin antes pasar por su primer intento y grupo, llamado Solera, que terminaría siendo Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán (CRAG), formación con la que graban sus principales éxitos. Aun así, la falta de éxito inicial y los servicios militares dan al traste con el grupo antes de lo que se esperaba.

En 1978 se intentó reactivar el proyecto CRAG, incluso parece ser que el sello RCA estaba interesado en ello, pero lo cierto es que no pudo llevarse a cabo a pesar de que estaban ensayando y grabando maquetas. Al año siguiente, Guzmán formará parte de la última formación de Módulos (antes de su separación), pero ya está pensando en su próximo proyecto. En 1980, José María Guzmán comprueba que el pop de siempre comienza de nuevo a ser apreciado, y está convencido de poder ofrecer un producto de calidad formando el grupo Cadillac, con él a la guitarra, Eduardo Ramírez al bajo, Pedro Agustín Sánchez a los teclados y Javier de Juan a la batería. Todos excelentes instrumenstistas de dilatada experiencia, obteniendo un claro éxito con su disco de debut, y prologando su trayectoria en lo que supone la primera vez que un proyecto de José María Guzmán llega a un segundo álbum con éxito, e incluso llegan a representar a España en Eurovisión.

Disueltas las bandas Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán y Cadillac, en el año 1987, y tras varios intentos de reflote con relativo éxito, es ya en 1998 cuando se considera que la carrera de José María Guzmán vuelve a brillar con Guzmán & Cía, al volver a grabar antiguos temas con nuevos arreglos e introduciendo otros de nueva composición con gran acierto, con varios discos ya editados.