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Diario Córdoba

Os presento a alguien verdaderamente feliz; o sea, muy feliz de verdad; o sea, yo. Por esto os hablo con la felicidad de los diminutivos: mi cervecita, mi playita, mi pisito, mi paguita, mi parejita… No tendría tiempo suficiente para deciros lo feliz que es mi felicidad y mi existencia, pero lo intentaré, para que os sirva de guía. Soy un hombre de mediana edad, que no es lo mismo que de la Edad Media. Estoy casado con mi mujer, por supuesto; aunque, como es natural, tenemos nuestras diferencias. A ella, por ejemplo, le gusta mucho el gimnasio; a mí, que no me aparten de mi cervecita. Si mi mujer se mete con mi barriga, le digo que es verdad, que mis dineros me cuesta mantenerla. Tenemos una parejita, niño y niña; por este orden. Son chavales de su edad, vosotros ya me entendéis: fines de semana, botellón... Tengo mi equipo de música; los vecinos protestan. ¡Envidias! Tengo mi perrito. Lo saco a pasear. Se hace sus necesidades. No las recojo; para eso pago mis impuestos. Si ladra, tiene que explayarse. Disfruto mucho con un robot que me he regalado. Le pido que me busque una emisora, que me ponga música, que me diga el tiempo, y el robot, con nombre y voz de mujer, por supuesto, me obedece y hasta sube el volumen de la música si se lo mando. Sólo veo series de televisión. Odio tanta noticia negativa que me pone de mala bilis para todo el día. ¡Qué me importa a mí lo que sucede más allá de mi balcón! Un incendio, una guerra, una patera, una mujer maltratada, sequía, crisis económica… Desde luego, el periodismo se ha vuelto muy alarmista. Gasto toda el agua que quiero, para eso la pago. Gasto todo el aire acondicionado que me da la gana, para eso lo pago. Normalmente, no voto, pero soy de izquierdas, porque así no me molestan. Como os decía, me encantan las series de televisión. Coloco el aparato en la terraza y me río todo lo que quiero. Soy tan feliz que cuando bostezo me gusta hacerlo abriendo mucho la boca y soltando un buen grito; me palmeo varias veces la barriga y me rasco; a veces, incluso eructo y ventoseo. Os lo recomiendo; se queda uno feliz y descansado. Es muy saludable para el cardio y el estrés. Ésta es mi felicidad. Vivo en mi felicidad permanente. ¿Puede ser alguien más feliz que yo? ¡Ah!, y acabo de jubilarme. Os lo recomiendo

*Escritor

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