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DESASTRE NATURAL EN EL CARIBE

«Que vengan a ayudarnos»

Una chica de Pozoblanco pide ayuda desesperada para salir de la isla de San Martín, devastada por el huracán Irma, y dice que «si no nos sacan de aquí no sabemos lo que podemos aguantar»

 

ANTONIO MANUEL CABALLERO
11/09/2017

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Fotografía realizada por Sara en la que muestra el estado en el que ha quedado su casa. - córdoba

La pozoalbense Sara Cerezo Miranda ha lanzado un mensaje de socorro desde la isla de San Martín, en las Antillas Menores, frente a Puerto Rico y bajo gestión de Francia y Holanda. La isla ha quedado totalmente destruida por el paso del huracán Irma.

Si bien, en las primeras horas, el pasado miércoles, su familia en Pozoblanco recibió un mensaje esperanzador ya que había logrado sobrevivir pese a que su casa, en la que se cobijó, ha quedado destruida, en las últimas horas sus padres, Rafael y Lola, han recibido otro mensaje sobrecogedor en forma de vídeo en el que muestra lo poco que queda de su casa (ver en www.diariocordoba.com).

Sara Cerezo es odontóloga y tiene 27 años. Se marchó a trabajar a Francia pero le surgió la posibilidad de ir a esa isla, más concretamente a la parte francesa, donde ejerce en un gabinete odontológico gestionado por otro ciudadano español, de origen malagueño.

En su mensaje, facilitado a este periódico por su familia, Sara Cerezo señala que estaba en su casa cuando pasó el huracán y dice que «estamos vivos», pero añade que «si no nos sacan de aquí, no sabemos lo que podremos aguantar».

Relata que «la gente está desesperada, no hay agua, ni comida, ni gasolina y sólo les queda matarse entre ellos para intentar salir de esta», y cuenta que «la calle es la guerra, se matan a tiros, a cuchillazos, por una botella de agua, por un trozo de pan».

La joven pide auxilio y dice que «necesitamos que nos saquen, que nos escuchen, que no se les olvide que estamos aquí, que no tenemos nada». Con angustia dice «que no hay diez muertos, que hay muchos más y están flotando los cadáveres en las calles, en el mar, en todos sitios». Y añade que «no podemos estar más tiempo aquí, tienen que venir a por nosotros, tienen que venir a sacarnos». Entre lágrima comenta que «la información que estáis recibiendo no es verdad, los muertos no son verdad, la protección no es verdad». En el vídeo termina diciendo que «no tenemos nada, por favor que vengan a ayudarnos».

Desde allí, con mucha dificultad por el fallo de las comunicaciones, ha señalado que residen en la isla unos 30 españoles pero apenas han podido contactar entre ellos por lo que piensan que pueden estar incomunicados o desaparacecidos.

Desde Pozoblanco su familia ha estado muy pendiente de las noticias que llegaban y también sus amigas se han movilizado.

El alcalde de Pozoblanco, Santiago Cabello, se ha puesto a disposición de la familia. En declaraciones a Diario CÓRDOBA, el alcalde señaló anoche que lanzaba un mensaje de tranquilidad y manifestaba que «estamos a plena disposición para colaborar en lo que sea posible dentro de nuestras posibilidades como Ayuntamiento».

Cabello comentó que «me consta que se están haciendo las gestiones oportunas para buscar la mejor solución posible». Y añadió que «estamos en contacto con la familia, pero también con los Ministerios de Interior y de Asuntos Exteriores españoles, que ya están trabajando para buscar una solución lo más rápida posible».

El padre, Rafael Cerezo, relató ayer que su hija tras conocer la llegada del huracán y de los avisos a la población de su magnitud, intentó salir de la isla pero no encontró ningún billete ni en barco ni en avión, porque muchas personas querían salir». Entonces, se refugió en su vivienda y se hizo con víveres para varios días.

El padre ha tenido noticias que de tanto los puertos como los aeropuertos habían sufrido daños y que militares franceses y holandeses se disponían a habilitarlos cuando llegó la alerta por el paso de otro huracán, el denominado José, que sin embargo ha pasado de largo sin empeorar la situación en la isla.

De momento, la esperanza de la familia es que esas infraestructuras puedan ponerse en marcha y sobre todo que se garantice su seguridad hasta que pueda salir.

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