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NUEVO PERFIL DE POLÍTICO

Las otras puertas giratorias

La fiebre por los fichajes de juristas, militares o periodistas enfada a los cuadros medios de los partidos H El Ejército se convierte en un nuevo caladero de candidatos para las listas electorales

 

Alberto Asarta (Vox). -

Edmundo Bal (Ciudadanos). -

Miriam Ruiz Castro
25/03/2019

Si alguno de los generales que PP y Vox van a presentar como cabezas de lista al Congreso de los Diputados resulta elegido en las urnas, será la primera vez que un alto mando del Ejército ocupe un escaño en democracia. Ya hubo un teniente general en la vicepresidencia del Gobierno, Manuel Gutiérrez Mellado, entre 1976 y 1981, pero fue Adolfo Suárez quien lo eligió y no tenía cargo electo.

La precampaña para los comicios generales ha traído consigo un goteo incesante de «fichajes» de independientes en las listas de los partidos para el Congreso y el Senado. Si antaño se premiaba una larga trayectoria en el partido y la lealtad con el aparato, ahora los líderes se afanan en engordar sus filas con personas de relevancia pública, sin ninguna relación con la vida política y de sectores profesionales que poco o nada tienen que ver con los partidos. Son las otras puertas giratorias. Algunas, como las que comunican judicatura con cargo político, llevan años engrasadas, pero la de los altos mandos del Ejército puede ser la gran novedad de esta legislatura.

El primer militar con escaño fue el comandante Julio Busquets, fundador de la Unión Militar Democrática y símbolo de los deseos de una parte de las Fuerzas Armadas de unirse al fervor democrático. En 1977 dejó el Ejército para presentarse a las generales como independiente en la candidatura del PSC. Poco después, fue precisamente Gutiérrez Mellado quien aprobó impedir que el cargo público fuera compatible con el uniforme, bajo la idea de alejar a los mandos del Ejército, demasiado vinculados a la dictadura franquista, de la vida política y democrática. Hoy los militares pueden ser elegidos diputados, pero no pueden estar en activo. Apenas una decena de militares se han sentado en el Congreso en democracia; los últimos, el popular Federico Trillo o la socialista Zaida Cantera, ambos excomandantes.

En las elecciones del 2015 y la repetición del 2016, Podemos intentó colocar como diputado al más alto mando de las Fuerzas Armadas, el exJemad Julio Rodríguez, pero no tuvo éxito. Ahora, Vox presenta hasta seis cabezas de lista generales y el PP, a un general de división por Melilla. Una nueva puerta giratoria entre el cuartel y el escaño.

Fichar a independientes como golpe de efecto para ganarse la simpatía de la ciudadanía no es una estrategia nueva. Deportistas de élite, activistas, periodistas, jueces e incluso actores han ocupado asiento en el Congreso de los Diputados, pero la renovación interna que han sufrido los dos principales partidos ha acentuado la fiebre por abrir paso a los de fuera, relegando a los hombres y mujeres de partido. Pablo Casado, por ejemplo, ha seducido a los periodistas Cayetana Álvarez de Toledo y Pablo Montesinos para encabezar las listas del PP de Barcelona y Málaga, respectivamente, para el 28-A. Pedro Sánchez, al exseleccionador de baloncesto Pepu Hernández, en este caso, para las municipales del 26 de mayo en Madrid.

Sánchez armó un Gobierno en el que menos de la mitad de sus ministros tienen carnet del PSOE. Y pretende repetir el esquema para el Congreso «fichando talento de la sociedad civil» y, de paso, limpiando las listas de aquellos que no le son afines. Lo mismo ha hecho Casado, que ha renovado al 80% de sus cabezas de lista dejando fuera a históricos dirigentes del PP que no le apoyaron en las recientes primarias –solo ha sobrevivido Ana Pastor– y ocupando puestos de salida con fichajes que no han sentado del todo bien entre sus filas. Ambos aseguran que han dado paso a la «renovación en sus partidos», pero se reprochan mutuamente los nombramientos a dedo y las «purgas» a los que no les eran fieles. Y sin pasar por primarias.

Albert Rivera ha fichado de otros partidos o de fuera de la política, como el abogado del Estado Edmundo Bal o el vicepresidente de Coca-Cola, Marcos de Quinto. Para abrirles hueco en las listas, ha tenido que empujar hacia abajo a algunos miembros de su ejecutiva.

En Podemos, de momento, más que fichajes ha habido bajas, como la de Íñigo Errejón o Carolina Bescansa, a las que se han sumado la del senador catalán Óscar Guardingo y el candidato para las europeas Pablo Bustinduy. De momento, ya han anunciado a la jueza Victoria Rosell, que tuvo que dejar el Congreso tras ser imputada y ahora ha demostrado su inocencia, y a la profesora María Eugenia Rodríguez Palop, nueva cabeza de lista para las europeas.

La puerta sigue girando y todavía pueden llegar fichajes de última hora.