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contracorriente

Missiego, alejada de la fama

La cantante que representó a España en el Festival de Eurovisión en 1979 y quedó segunda vive desde hace nueve años en Benalmádena junto a familiares y amigos

 

Betty Missiego, en su vivienda de Benalmádena, ayer, antes de celebrar su cumpleaños. - EFE / JORGE ZAPATA

Carmen Peláez (EFE)
17/01/2020

Su canción es nuestra canción y Betty Missiego es nuestra Betty desde 1979, cuando representó a España en el Festival de Eurovisión y quedó en segundo puesto ya que los puntos de España hicieron vencedor a Israel, lo que generó mucha polémica. Ella asegura ahora que nunca le ha interesado la fama y el divismo.

«Eurovisión fue muy importante para mí, me abrió a un gran mundo del espectáculo y fue una experiencia inolvidable, además del cariño que he recibido», ha destacado en una entrevista con motivo de su 82 cumpleaños, que celebró ayer. La cantante -de origen peruano y nacionalizada española- cumple años rodeada de familiares y amigos en Benalmádena (Málaga), donde reside desde hace nueve años junto al marido. «Para mí es un privilegio poder seguir celebrando mi cumpleaños y rodeada de gente joven que te hace sentir con más energía que la propia que una misma tiene», comenta. «Además, poder vivir en un lugar como Benalmádena, en Andalucía, te da mucha más vida y ganas de vivir», afirma en el salón de su casa al pie del mar Mediterráneo.

Creció rodeada de música. Una de sus tías era cantante de ópera, otros familiares tocaban instrumentos y cantaban y en las reuniones familiares lo hacían todos juntos. Aunque en un principio a ella le interesó más el ballet, al que se entregó fuertemente hasta que una lesión de columna truncó su deseo de dedicarse profesionalmente a este arte.

«Me tuve que retirar del ballet, incluso siendo profesora, y teniendo la oportunidad de viajar a París con una beca tuve que renunciar a mi carrera; se me fue hasta un poco la cabeza, pero gracias a Dios tenía la voz y pude seguir adelante», comenta. «Cuando la gente me escuchaba cantar boleros, me decían «qué voz tan bonita tienes, deberías dedicarte a cantar». Y un día, de repente, decidí hacerlo».

Su otra mitad

Fernando Moreno es su otra mitad; juntos desde hace más de 50 años, él es -además de marido- su sombra en lo profesional: compone para ella, dirige su carrera, la acompaña profesionalmente. «Hemos estado en muchos lugares, he tenido la tranquilidad de que mi marido lleva toda mi carrera artística y no he tenido que preocuparme nunca de nada». «No es tan normal encontrar a un artista y cantante que no da primacía a su ambición artística», precisa él.

«A mí me gusta que se reconozca mi trabajo; pero nunca me han interesado la fama y el divismo y mucho menos vender mi intimidad o el dolor, no me ha importado el dinero barato», añade Betty en referencia al fallecimiento de unos de sus hijos.

Hace tiempo que su carrera profesional está en un segundo plano. «No dejé de cantar por no tener voz; es más, sigo teniendo una buena voz, pero ya no canto lo mismo». Recientemente, actuó en una parodia de la plataforma Netflix sobre su paso por Eurovisión: «Me lo he pasado estupendamente y me puse las pilas como antiguamente».

Para Betty, la oferta televisiva en España sobre música es escasa: “Faltan muchos programas como los de antes; no hay apenas buenos programas, solo concursos, y no dejan a las nuevas generaciones explotarse al máximo y sacar lo mejor de ellos».

No utiliza redes sociales, no le gustan: «Mi marido es el que se encarga de todo eso, es más, ni abro el ordenador».

Para el recuerdo quedan sus recogidos en el cabello para una cara despejada al actuar, y es que explica que le gusta hacer movimientos al cantar: «Cuando una acaricia, debe estar libre de pelos; totalmente desnuda».

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