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ANÁLISIS

Vértigo sin Fidel Castro

La ausencia del dirigente sitúa a Cuba en una difícil disyuntiva, con una juventud desencantada y una economía que hace aguas y justo cuando llega a la Casa Blanca el imprevisible Donald Trump

 

De luto 8 Una bandera de Cuba, a media asta, ondeaba ayer en una de las calles de La Habana. - AP / DESMOND BOYLAN

Ramón Lobo Ramón Lobo
28/11/2016

Fidel Castro es un símbolo que permanecerá más allá de la muerte, pero su ausencia física provoca vértigo. La edad de Raúl (85 años) y la escasez de dirigentes jóvenes carismáticos, sitúa a Cuba en una disyuntiva muy delicada justo cuando llega a la Casa Blanca el imprevisible Donald Trump. Estas son algunas de las áreas clave.

LA JUVENTUD

En la película cubana Alicia en el pueblo de Maravillas, un inspector de Educación se presenta en una escuela y pregunta a un alumno: «¿Qué quieres ser de mayor?» Este responde: «Me gustaría ser extranjero». En Cuba hay muchas Cubas, entre ellas una joven que se siente asfixiada de la que se habla poco. El 24% de la población tiene menos de 24 años. Serán los que deberán gobernar su país más allá de los eslóganes, los gritos y mitos revolucionarios. La apertura económica representa su única esperanza de un futuro mejor. Cualquier retroceso sería a su costa.

ECONOMÍA

Los coches tuneados de los años 50 son un símbolo de la escasa modernización de su industria, de una producción basada en la subsistencia y en la imaginación. Tras décadas de embargo inútil –no logró su objetivo de acabar con el régimen–, la economía está destrozada. Con la crisis de Venezuela, su suministrador de petróleo barato a cambio de médicos y profesores valorado en 1.300 millones de dólares anuales les ha dejado al borde de un segundo periodo especial. El primero empezó hace 26 años, tras el hundimiento de la URSS. Entonces, el PIB de Cuba cayó el 38%, llegaron los apagones de 16 horas. En julio de este año, La Habana anunció recortes para reducir en un tercio el consumo de combustible. El periodo especial pesa como una losa en la memoria colectiva.

OPORTUNIDAD DE NEGOCIO

La economía cubana se mueve en dos mundos no siempre paralelos, la dolarizada (peso convertible) y la que vive en el peso sin adjetivos. El contacto con el turismo y las exportaciones ha generado una nueva clase privilegiada. La economía cubana está muy subvencionada, y depende de las ayudas exteriores. Este año no está siendo bueno, se prevé un crecimiento por debajo del 2%, incluso negativo. Cuba es una oportunidad de negocio. El embargo de EEUU y leyes como la Helms-Burton tratan de evitar la entrada de terceros; quieren preservar el mercado para cuando les apetezca ocuparlo.

RELACIONES CON EEUU

Estados Unidos no acertó con Cuba. Eisenhower prefirió jugar al golf que reunirse con Fidel en Washington en 1959. La Casa Blanca se colocó las gafas de la Guerra Fría que solo veía comunistas o súbditos de sus multinacionales. No había grises. Tras la crisis de los misiles, Cuba perdió fuelle geoestratégico, quedó reducida a un grano en el culo del imperio. Cada presidente de EEUU le podía dedicar a Cuba 15 minutos de su presidencia, mientras que Fidel le dedicaba 24 horas siete días a la semana. Ganó el persistente.

EL FUTURO CON TRUMP

Sin la URSS y sin Hugo Chávez, al régimen cubano solo le quedaba EEUU, aprovechar la oportunidad de negociar con Barack Obama y el Partido Demócrata. Las declaraciones de Trump tras la muerte de Fidel y el tuit de su vicepresidente, el ultra conservador Mike Pence, que denuncian una dictadura brutal y prometen proteger al pueblo cubano, son una pista: retrocederemos varias décadas, a los tiempos de George Bush o Ronald Reagan. El jolgorio en las calles de Miami indica que no existen puentes. Con un presidente bocazas e imprevisible y un Congreso en manos republicanas hay pocas esperanzas. Vuelven los tiempos duros. Un día le pregunté a un cantante que se ganaba la vida por los cafés de Santiago de Cuba y defendía con ahínco cada coma de la revolución, qué harían si se levantaba el embargo y empezaban a entrar dólares. Tras pensarlo, respondió en voz baja: «Pues habría que hacer un proceso de concienciación de que los americanos son buenos».

LOS DISIDENTES

Han estado atrapados en la polarización ideológica y emocional que rodea a Cuba. Para la izquierda eran unos reaccionarios al servicio de la CIA; para la derecha, unos luchadores de la libertad ante un régimen criminal. Seguramente habrá de todo, pero la inmensa mayoría lleva años luchando por una apertura que nunca llega. Decir como Trump que el «legado de Fidel Castro es uno de escuadrones de fusilamiento, robo, sufrimiento inimaginable, pobreza y la negación de los derechos humanos fundamentales» es no tener idea de lo que se está hablando. La mejor forma de lograr el cambio político en Cuba es ayudar a que funcione la maltrecha economía.

ÉXITOS DE LA REVOLUCION

Cuba es un dictadura, hay presos políticos. Pero si se quiere cambiar algo conviene conocer la realidad: la isla ocupa el puesto 67 en el índice de bienestar social de la ONU de 2016. Aunque supone un retroceso respecto al año anterior, que ocupó el 44, el 67 es dos puestos mejor que Costa Rica. España ocupa el 26.

Pensar que se va a poder construir el futuro de Cuba desde el jolgorio de Miami y desde la negación de avances sociales que trajo la revolución, es no conocer a los cubanos, incluso a los que están cansados del régimen. Pensar que se puede cambiar la realidad desde el eslogan simplista es una garantía para seguir fracasando,

Los disidentes podrían jugar el papel de puentes, saber crear espacios comunes. Fidel Castro es un terreno emocional que no permite la reflexión, únicamente la militancia. Entramos en un mundo sin grises, con un presidente Donald Trump imprevisible. Será malo para Cuba, será malo para todos.

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