Kiosco

Diario Córdoba

Juan Enrique Redondo Cantueso

¡Despierta, te los estás perdiendo!

La cuestión es si podremos amanecer ante un futuro azabache, afrontar un pasado que no vuelve

Tantos y tantos años no han hecho aprender a las generaciones siguientes que los lobos suelen venir disfrazados de corderos, que la realidad no debería estar dirigida por el dictado de una pantalla o que la toxicidad está cada vez más de moda en las conductas. Quizá no tengamos otra alternativa que tirar hacia adelante con el mundo que nos ha tocado y revestirnos con una guerrera anti todo; quizá sea este nuestro último día, o quizá la vida de verdad aún no haya despertado en nosotros. La cuestión es si podremos amanecer ante un futuro azabache, afrontar un pasado que ya no vuelve o resucitarnos en un presente al que no hacemos ni caso. Hoy quiero escribir sobre aquellos que nunca descubrieron nada, ni atravesaron ningún Rubicón, ni vencieron batalla alguna; a esos que son invisibles a los ojos de la sociedad del hiperconsumo pero que su brillo no pasa desapercibido para las almas.

Las imágenes cavernarias de Platón proyectadas en esta película que vivimos llamada sociedad siguen obnubilando nuestro día a día, velando un presente que acaba por matizar el brillo de muchas personas; personas que parecen flotar ante nosotros, pero que no llegan a agarrarse a nuestras vidas. Seres líquidos de baja densidad porque tal vez nadie les puso algo de levadura. Sin embargo, llega un día en el que, compartiendo unas cervezas junto a un amigo, puedes llegar a despertar a otra vida, una vida de la que nadie habla, y descubrir personas que vuelven a florecer al cabo del tiempo.

A esos hemos olvidado, a los que nos miran con una sonrisa boba cuando no nos damos cuenta, a los que siempre son pero que nunca están, aunque sí ocupen un pequeño espacio en nuestro corazón. A aquellos que siempre te defenderán aunque te hayas cubierto de gloria (pero también te harán ver que no lo hiciste bien). A los que afloran cuando ya parecían defenestrados de nuestros recuerdos, a los que rezan por uno, aunque quizá ni siquiera crean; o a los que, con una sonrisa marmórea y después de un duro golpe recibido, se resisten a derramar una sola lágrima para no entristecer a un amigo. Si ves a alguno no lo pierdas, pues has hallado un tesoro.

Por tantos que dejaron un poso de su presencia, vacíos de palabra pero cargados de una fuerza invisible que nos empujó en un determinado momento a seguir adelante. A esos que un nuevo día se les hace una eternidad, que sufren dolor físico constante pero no lo dicen para no amargarte el día. Esos suelen ser gente callada, comedida, valiente, de raza. Gentes que han sufrido y sufren, pero que anteponen el bienestar de los otros al suyo propio; que anteponen un capricho para otros negándose lo necesario a sí mismos. A aquellos que luchan toda la vida como escribía Bertold Brecht y le parafraseaba Silvio Rodríguez: los olvidados, los pequeños, los humildes, los valientes... los imprescindibles. Así que no lo olvides: ¡despierta, te los estás perdiendo!

** Profesor del Colegio Trinitarios

Compartir el artículo

stats