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Marisa Vadillo

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Marisa Vadillo

Esos vagos andaluces

«Vaya aquí mi pequeño homenaje a esos vagos andaluces que no paran de trabajar»

Por motivos de trabajo, he pasado todo el mes de julio en Madrid, encerrada en una biblioteca, entre nueve y once horas diarias, hasta que acabas con forma de silla y tu propio cuerpo empieza a mandarte señales congelándote las piernas para que sepas que te estás momificando... que debería cerrar los libros y andar un ratito.

Nunca había pasado parte del verano en Madrid así que ha sido muy curioso pasar, precisamente, este. Uno de los fenómenos, que ya me esperaba, es que te conviertes en estereotipo. Por tu forma de hablar, por tu ‘cordobéh’, que no disimulas, las personas dan por sentados algunos clichés. Nada nuevo, ni ningún problema, a todos nos pasa con los demás también.

Sin embargo, sí ha habido una cosa que, tengo que confesarles, que me ha provocado (secretamente) cierto regustillo andaluz. En todos los sitios a los que iba, el comentario era el mismo: ‘no se puede trabajar con este calor’. En multitud de situaciones, he escuchado ese comentario, asociaban las altas temperaturas a la imposibilidad de poder desarrollar sus trabajos con seguridad o calidad. Comentarios de un derrotismo cercano al Apocalipsis, no era sólo el qué sino el cómo lo decían. Los pobres estaban desbordados por la falta de costumbre.

Cierto que ha habido días de calor más intenso, pero estamos hablando de un calor que te permite pasear por la sombra perfectamente a las tres y media de la tarde, que te deja dormir, que te deja trabajar. En nuestra ciudad mataríamos por un día de su ola de calor.

Con esto quiero decir que, a veces, los estereotipos son crueles. Los andaluces, por lo que yo conozco --y evidentemente hay de todo-- es gente que sabe vivir pero que también sabe trabajar, incluso en condiciones inhumanas de calor y con unas condiciones laborales, a veces, muy duras, en uno de los sectores más inestables y menos agradecidos que existe: el sector servicios. Bares, hoteles, visitas turísticas, etcétera. Así que vaya aquí mi pequeño homenaje a esos vagos andaluces que no paran de trabajar, incluso en olas de calor salvajes de verdad y que, además, cumplen otro estereotipo y es que, en vez de quejarse, saben sacarle punta a todo y reírse hasta de su sombra. Feliz agosto a todos.

*Artista y profesora de la Universidad de Sevilla

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