Opinión | FORO ROMANO

Los nombres de Andalucía

«Ya en democracia, Carlos Cano representó en coplas esa tierra que quería resucitar y levantarse para pedir trabajo y libertad»

El Himno de Andalucía se coló por el balcón de mi confinamiento, desde donde observo el mundo intentando evitar el contagio del covid, y me trasladó a una feliz realidad: los patios de recreo en las escuelas donde los niños de todo el mundo tienen la obligación de jugar cada día. El ruido incesante de los colegiales desde las nueve de la mañana -confirmación de que la vida sigue- me distrajo lo justo de todos los días al leer el periódico. Pero fue la música del Himno de Andalucía -que ya en abril de 1977 fue adaptado por Carlos Cano para una coral y que en su día Blas Infante comenzó a hacerlo realidad al oír un canto religioso popular que algunos campesinos jornaleros andaluces cantaban durante la siega-, digo que fue la música del alma andaluza la que me obligó a asomarme al balcón. El patio de la escuela lleno de alumnos puestos en fila inevitablemente me trasladó a aquellas colas de cada mañana de las escuelas de los años cincuenta donde íbamos a cumplir con la obligación infantil de aprender y jugar, cuando no sabíamos que vivíamos en una dictadura, y cantábamos de manera desafinada el «Viva España, alzad los brazos hijos del pueblo español…». Andalucía apenas si nos la enseñaban en la escuela y el gobernador civil y el obispo eran las máximas autoridades, a los que recibíamos con la bandera nacional, que la blanquiverde no existía. Una guitarra y la garganta de una maestra trasladan a todos los andaluces, que ya se han levantado, a este patio de colegio donde reclaman tierra y libertad por una Andalucía libre, España y la Humanidad. Los colegiales aplauden y piden otra canción sin darse cuenta de que acaban de ser inscritos, por primera vez o un año más, en el alma de Andalucía, la tierra que si a algunos no los vió nacer porque sus padres vivían más allá de los mares donde la pobreza hasta les impedía aprender a nadar, ya sí son hijos para siempre de un espacio donde habita la libertad… y hay patios de recreo de cemento tan fuerte como el que desde 1931 ha fabricado la cementera Asland en las afueras de Córdoba, cuando el barrio de Valdeolleros amanecía manchado de polvo de argamasa y hormigón.

Andalucía existía como tierra de señoritos, la mayoría sin escrúpulos; de campesinos, la mayoría analfabetos; y cantaores de flamenco, la mayoría a la búsqueda de un cacho pan. Luego, a comienzos del siglo XX, Blas Infante despertó la posibilidad de otra Andalucía, pero fue fusilado el 11 de agosto de 1936. Muerto Franco, ya en democracia, Carlos Cano representó en coplas esa tierra que quería resucitar y levantarse para pedir trabajo y libertad. Lo oí cantar por primera vez en un colegio mayor de Madrid, sentado en el suelo del pasillo porque el aula estaba abarrotada. Y para mí se convirtió en esa otra banda sonora de Andalucía distinta a la del flamenco y las sevillanas. Luego vino la figura política que escribiría el nombre de Andalucía en los libros con una dignidad que asombraba: Rafael Escuredo. En las primeras elecciones al Congreso, las de 1977, mis compañeros de curso no andaluces en Madrid, que no conocían a nadie, ante mi incertidumbre me aconsejaron votar a los andalucistas. Escuredo salió de diputado, y luego fue el primer presidente de una Andalucía que había recobrado toda su dignidad.

El 4 de diciembre de 1977 fue el día donde Andalucía dejó sellada su alma en las calles de sus ocho provincias que se llenaron de banderas, gritos y corazones abiertos a la voluntad de resurrección de una tierra llena de arte y pensamiento. Y en La Rambla de Barcelona. Y en la plaza de Santa Ana de Madrid. Porque Andalucía siempre ha estado repartida por ahí buscando el sustento, como los emigrantes. Luego, cuando Rafael Escuredo consiguió que triunfara en Andalucía el sí en el referéndum del 28 de febrero de 1980 se pasó a esta fecha todas las celebraciones andaluzas.

Ahora, desde mi balcón del confinamiento, cuando los chiquillos se han metido en clase después de haber escuchado el Himno de Andalucía, me acuerdo de la actriz cordobesa Marisol Membrillo haciendo de mujer de Blas Infante en la película Una pasión singular, de las visitas de Carlos Cano a la Caseta de la Prensa en los Jardines de la Victoria por ser padrino de la hija de Antonio Ramos, exdirector de este periódico, y de Rafael Escuredo, al que entrevisté en su oficina de Madrid ya retirado de la política. Los nombres de Andalucía.