Opinión | Para ti, para mí
La libertad es la vencedora
Los historiadores han recordado estos días los 75 años del final de la II Guerra Mundial, con la capitulación de Alemania en mayo y la de Japón en agosto. La fecha no puede ser más propicia para el lanzamiento de un nuevo libro de Juan José Primo Jurado, con el atrayente título Eso no estaba en mi libro de Historia del Comunismo, editado por Almuzara. Juan José lleva la historia en sus venas y tiene el privilegio de unir su saber a su «saber decir y saber escribir», lo que hace que sus conferencias y sus libros atraigan la atención de sus oyentes y sus lectores, a los que hace partícipes, no solo de los hechos, sino del por qué de lo sucedido, de los múltiples entresijos que desembocan después en tragedias. Este libro, aparte de su palpitante actualidad, tiene la ventaja de ofrecer lo que anuncia en su título, cuando afirma: «Eso no estaba en mi libro». El problema siempre es el mismo. La gente corriente, los ciudadanos de a pie, no saben, ni siquiera pueden imaginar lo que se «cuece» en pasillos y conciliábulos, las noticias que no ven la luz ni se publican, lo que «ocurre de puertas adentro», hasta que llega la sorpresa de los «sucesos inesperados». El libro de Primo Jurado sobre el comunismo nos va a contar su historia, pero también, con especial relieve, nos va a ir presentando a los protagonistas de esa historia, con sus nombres y apellidos, con sus luces y sus sombras, con sus decisiones y traiciones. A medida que pasa el tiempo, nos damos cuenta del sentido y la razón que tenía aquella frase de Graham Greene: «Si supiésemos la última verdad de las cosas, tendríamos compasión hasta de las estrellas». Sabemos «algo» de lo que ocurre, pero sabemos «muy poco» del porqué ocurre, de sus verdaderas causas y condiciones para que ocurra. Hay páginas brillantes en este libro sobre la historia del comunismo. Me fijaré en tres, especialmente. La primera, unos párrafos del famoso discurso pronunciado por Ronald Reagan, el 12 de junio de 1987, junto al Muro de Berlín, cuando exclamó con fuerza: «En la década de los 50 Jrushchov predijo: ‘Os enterraremos’. Pero en Occidente hoy vemos un mundo libre que ha alcanzado un nivel de prosperidad y bienestar sin precedentes en toda la historia humana. En el mundo comunista vemos fracaso, retraso tecnológico, niveles sanitarios en declive, incluso necesidad del tipo más básico: demasiada poca comida. Incluso hoy, la Unión Soviética no puede alimentarse a sí misma. Después de estas cuatro décadas, entonces, una conclusión inevitable se alza ante el mundo entero: La libertad lleva a la prosperidad. La libertad viene a sustituir los antiguos odios entre las naciones por civismo y paz. La libertad es la vencedora. Secretario General Gorbachov, si usted busca la paz, si usted busca la prosperidad, si usted busca la liberización: ¡Venga a este muro! ¡Señor Gorbachov, abra esta puerta! ¡Señor Gorbachov, haga caer este muro!». «Y el muro cayó y el comunismo como sistema político acabó con su derrota sin paliativos en la Guerra Fría», apostilla el historiador. La segunda página que elegiría de este libro es tambien un discurso, el de Mijail Gorbachov, en su despedida, reconociendo el fracaso del sistema totalitario: «Este sistema político que privó al país de la oportunidad de ser exitoso y próspero, hace mucho tiempo que se ha eliminado. Un gran avance se ha logrado en el camino hacia el cambio democrático. Las elecciones libres, la libertad de prensa, las libertades religiosas, los órganos representativos del poder, el sistema multipartidista, todo esto se ha hecho realidad». Y elegiría también una tercera página en el libro de Primo Jurado, la selección de las veinticuatro películas imprescindibles sobre el comunismo, al igual que la lista de los himnos nacionales y canciones. Páginas hermosas son también las dedicadas al papa Juan Pablo II y sus encuentros con Gorbachov. Y la cita que hace de una entrevista del papa Francisco en el periódico La Reppublica, en la que el pontífice elude la pregunta trampa del periodista, clarificando su actitud: «Los cristianos queremos luchar contra las desigualdades, el mayor mal que existe en el mundo. Si acaso son los comunistas los que piensan como los cristianos. Cristo ha hablado de una sociedad en la que decidan los pobres, los débiles y los excluidos. Para obtener igualdad y libertad debemos ayudar al pueblo, a los pobres con fe en Dios o sin ella, y no a los demagogos y a los barrabás». La obra de Juan José tiene un especial atractivo: presentarnos la historia como maestra de la vida. Y por eso, cada capitulo lo escribe con la sinceridad del historiador, la belleza del escritor y el interés de tantas personas, de tanta gente buena, como quiere saber lo que nos pasa de verdad y dónde se encuentran las causas de tantos males. No es difícil adivinarlas. Basta ser un poco observadores y fijarnos, para orientarnos, «en las obras y en los frutos», tal y como nos dice Jesús en el evangelio.
* Sacerdote y periodista
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