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GUERRA EN SIRIA

La vuelta a casa de los yihadistas internacionales

Washington pide a sus aliados que repatríen a sus países a los militantes que fueron a luchar por el Estado Islámico en Siria e Irak. España ha recibido la petición y espera a saber cuántos yihadistas españoles están presos para preparar su posible retorno

 

Combatientes del Estado Islámico y sus familias abandonan el feudo de Baghouz. - FADEL SENNA / AFP

JUAN JOSÉ FERNÁNDEZ / ADRIÀ ROCHA CUTILLER
17/02/2019

Hacía nueve meses que Mohammed Alí estaba detenido cuando lo sentaron encima de una silla de plástico roja, delante de los focos. Las milicias kurdas lo habían capturado mientras intentaba —sin éxito— escapar de Siria cruzando la frontera con Turquía.

Mohammed Alí, ciudadano canadiense, 28 años, casado y padre de dos hijos: miembro del Estado Islámico (EI) se preguntaba "por qué no debería poder volver a casa". "No he hecho nada malo en Canadá; no he infringido ninguna ley allí. De acuerdo, vine aquí, pero eso lo hice por la gente siria. Quiero decir: crecí en Canadá, mi familia está en Canadá y mis amigos están en Canadá. No tengo ningún sitio más adónde ir. Esa es mi casa», dijo el yihadista en una entrevista a la agencia AFP.

Estados Unidos pidió la semana pasada  a sus aliados que repatríen a todos sus yihadistas nacionales que en la actualidad están en las cárceles de las milicias kurdas en el noreste de Siria. El presidente Donald Trump lo ha vuelto a pedir este domingo. Si los paíes europeos no se hacen cargo de ellos, los soldados estadounidenses "se verán obligados a liberarlos", ha dicho en un tuit. 

900 ENCARCELADOS

Por ahora, en las cárceles kurdas hay cerca de 4.000 miembros del EI, 900 de los cuales son extranjeros; es decir, ni sirios ni iraquís. Entre las personas retenidas, también están las mujeres de los combatientes, que no han participado en los combates pero que, como sus maridos, abandonaron sus países para emigrar al paraíso terrenal que prometía la fabulosa propaganda del Estado Islámico. Y también están, por supuesto, sus hijos, en muchos casos nacidos en Siria.

Ahora, presos en las cárceles kurdas, muchos querrían volver a sus países: «Hay mucha mala sangre entre los extranjeros [que formábamos parte del EI] y los sirios e iraquís. Los extranjeros nos sentimos abandonados. Nosotros queremos escapar y volver a casa; los sirios e iraquís intentan infiltrarse de nuevo entre la población», explica Mohammed Alí.

Entre los extranjeros encarcelados en el norte de Siria hay  británicos, franceses, belgas, alemanes, rusos, chechenos, canadienses, filipinos, uzbekos, kazajos y un largo etcétera. Podría haber también  españoles, aunque las milicias kurdas no dicen el número exacto.

En diciembre de 2017, ya eran 199 hombres y 23 mujeres las personas que se habían viajadado desde España a Siria e Irak como CTE (Combatientes Terroristas Extranjeros) para combatir junto al Estado Islámico, en un movimiento que se inició en 2012. De los 222, según fuentes policiales españolas, 43 tenían la nacionalidad española y los demás, en su mayoría, eran marroquís con permiso de residencia en España. Cuarenta han muerto en combate y siete en atentados suicidas; 34 volvieron a España. De ellos, 13 están en prisiones españolas.

El Gobierno, de momento, ha recibido la petición norteamericana, y está a la espera de que se le informe de cuántos yihadistas españoles están en prisiones kurdas si es que los hay. A las fuentes policiales consultadas por este diario no les consta ningún español entre los prisioneros de guerra tomados por milicias kurdas al Estado Islámico. «Estamos en fase de averiguarlo. Luego, ya veremos», dicen a EL PERIÓDICO fuentes del Ministerio del Interior.

El «ya veremos» es clave. La repatriación no es sencilla, pues estas personas son cautivas de una autoridad - las milicias kurdosirias- no estatal: la extradición normal aquí no sirve.

«Ir a combatir por el DAESH es un delito de integración en banda terrorista. Pero no serían claras las circunstancias de la detención», explican fuentes de los operativos antiterroristas de las Fuerzas de Seguridad del Estado, para quienes —como en el resto de países occidentales— el retorno de milicianos del radicalismo islámico es una amenaza «de primer orden».  «Vuelven fanatizados, con formación militar, sabiendo de explosivos, y, quizá frustrados porque no han atentado en su viaje».

RETIRADA ESTADOUNIDENSE

Todo lo ha precipitado la decisión de Donald Trump de retirar, cuanto antes, sus 2.000 soldados desplegados en Siria. Ese anuncio ha dado alas a una Turquía que ve a las milicias kurdas como una amenaza: Recep Tayyip Erdogan, el presidente turco, se prepara para atacar las zonas kurdas de Siria, así lo ha dicho, en cuanto vea la mínima oportunidad.

Esa ofensiva obligaría a redistribuir sus tropas a las milicias kurdas, según han dicho sus portavoces. Los milicianos que, en la actualidad, están vigilando las cárceles yihadistas podrían sean enviados al frente. «Los gobiernos europeos deben elegir, y es preferible que los yihadistas extranjeros sean devueltos y procesados en sus países que que se escapen y sean luego un riesgo en el futuro», explica el experto y analista Julien Barnes-Dacey.

Entre los países de la UE, las posiciones varían. Francia quiere evitar la dispersión y estudia cómo repatriar a 130 de sus ciudadanos, entre combatientes y sus familias, de las cárceles kurdas. Bélgica afirma que facilitará el retorno de los menores de 10 años y para el resto estudiará "caso por caso". La posición oficial alemana es que "todos los ciudadanos tienen el derecho de retornar a Alemania" y en el Reino Unido el retorno de los yihadistas está considerado una "amenaza de primer orden".