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JUICIO AL ‘PROCÉS’

Un guardia civil: «De salir, nos habrían machacado»

Dice que Sánchez era «el interlocutor válido de la masa» y no cedió en nada. Declara que «hubo una multitud dando gritos, hostigando e intimidando»

 

Puigdemont visitó ayer la cárcel alemana de Neumünster y donó libros. - ACN / Natàlia Segura

Ángeles Vázquez Ángeles Vázquez
26/03/2019

Los tenientes de la Guardia Civil encargados del registro de la Consejería de Economíaa el 20 de septiembre de 2017 y de la seguridad de la comisión judicial coincidieron ayer en las líneas generales de su testimonio ante el tribunal del procés. Ambos señalaron que el entonces presidente de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), Jordi Sánchez, les fue presentado como el «interlocutor válido de la masa» y que era imposible abandonar el edificio con un mínimo de seguridad por el pasillo que les ofrecía tanto hecho con voluntarios como con mossos de la brigada móvil.

El primero, actualmente capitán, fue el más explícito. Explicó que los registros acabaron hacia las 21.30 o 22 horas, pero el último equipo del Instituto Armado no salió de Economía hasta las 7 de la mañana, porque no tuvieron la «osadía» para ejercer su derecho a la «libertad de movimiento» por la cantidad de personas concentrada. «Nos habrían machacado. Había un riesgo objetivo y evidente», aseveró el testigo, que añadió que no solo era su impresión, sino que entiende que a ello obedeció que ni Sánchez, ni el presidente de Ómnium Cultural, Jordi Cuixart, les dijeran que no salieran uniformados o con las cajas del registros por el pasillo. «¿Si no había riesgo, qué más les hubiera dado?», agregó. Según su testimonio, había una «multitud, dando gritos, hostigando e intimidando» desde las 10.30 horas, lo que impide que los detenidos sean conducidos a sus despachos. «Hasta se habían subido a los vehículos» de la Guardia Civil, «una locura», describió el capitán.

Los dos testigos aseguraron que al comentar la posibilidad de salir a través del corredor que proponía Sánchez, dos mossas que estaban próximas les preguntaron «si estaban locos», que si salían con las cajas a través del cordón les «matarían». Ambos reforzaron el controvertido testimonio de la letrada de la Administración de Justicia del Juzgado de Instrucción número 13 (antes, secretaria judicial), Monserrat del Toro, hasta en el punto relativo al helicóptero, porque ambos admitieron haberlo valorado para abandonar Economía.

Según el relato del capitán, a las 09.15 horas vio «que empezaba a crecer el número de gente», que cifra en «unas 400-500 personas», y que la vía estaba cortada, por lo que entendía que «había una afectación de orden público», que es competencia de los mossos, motivo por el que se dirigió a la intendente Teresa Laplana y le pidió que condujera a los manifestantes «hasta la zona de bulevar, para liberar el acceso». «Me dijo que no observaba ningún tipo de afectación a la seguridad ciudadana e iba a mantener la situación». El testigo, contrariado con su actitud, más adelante atribuyó a la agente acusada de sedición en la Audiencia Nacional, que en todas las conversaciones que hubo con Sànchez «se mantenía en un segundo plano, acatando las decisiones» que este adoptaba.

Más tarde también incluyó en esa categoría al presidente de Ómnium Cultural, Jordi Cuixart, pero con él solo dijo haber hablado en una reunión que mantuvieron a las 21.30 de la noche.

«ESPERPÉNTICO» / El siguiente testigo únicamente habló con él cuando le preguntó si era verdad uno de los bulos que corrieron entre los concentrados: que se había intervenido TV3. En cambio con Sánchez llegó a tener «una camaradería», por la que acabó tomando nota de su teléfono. Hasta le comentó: «Si has convocado Diadas con millones de personas, dígale a la gente que se vaya». El presidente de la ANC le respondió que «la gente no se lo iba a permitir».

El primer testigo, por su parte, había calificado de «esperpéntico» tener que gestionar la seguridad con Sánchez. Agregó que «pese a que decía tener una actitud colaborativa, la verdad es que nunca cedió a ninguna petición», como hacer un cerco para proteger los coches, en los que había armas, y que resultaron destrozados. Según los guardias civiles, de su interior desaparecieron uniformes, mochilas, identificaciones... Afortunadamente los fusiles no salieron de los vehículos.

Todo ello en un ambiente tan hostil que a la pareja de agentes que custodiaba la puerta se le insultaba, escupía y tiraba botellas. Y de madrugada se intentó forzar la puerta, por lo que todos los policías del hall de Economía, incluidos mossos de paisano, se pusieron a sujetarla para evitar que se abriera.

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