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COPA DEL REY / LA RESACA

La cruda realidad copera del Barça

Sin juego ni intensidad, el equipo de Valverde cae ante la primera dificultad, aunque el gol de Coutinho alivia el marcador

 

Vidal frente a Prcic. - EFE

Joan Domenech
11/01/2019

1. Tres defensas fijos, dos desaparecen

Semedo, Chumi y Miranda son los tres defensas fijos del Barça en la Copa. Han disputado los tres partidos como titulares. Solo variaba la identidad de uno de los dos centrales en cada partido: Cuenca tuvo el privilegio de jugar en León contra la Cultural; Vermaelen, lesionado, participó en el partido de vuelta y el debutante Jeison Murillo ocupó esa vacante de la última línea. Cillessen defendió la portería de la Copa como siempre.

A pesar de que el Levante es un equipo de Primera, Valverde reforzó la confianza de Chumi y Miranda, aunque también es cierto que son las únicas oportunidades que tiene, en la Copa, para dar descanso a Piqué y Alba.

Los dos notaron la diferencia de categoría del rival, de un Segunda B a un Primera; en particular Miranda, que toleró una colada de Coke, un defensa como él, y falló el pase que originó el 2-0. Murillo, el más experto de todos pese a ser debutante, vio una amarilla a los 21 minutos en un inicio de partido para olvidar. Chumi, el otro central del filial, la vio en el 42 para frenar una escapada de Boateng. Los dos fueron sustituidos. No hubo marcajes férreos ni intensidad hasta el 2-0. 

2. Dembélé, el falso nueve, llega tarde

Malcom, Dembelé y Coutinho compusieron la delantera del Barça. Ninguno es un nueve, entendido como un referente del área, un rematador. Acaso podían ejercer, los tres, de falso nueve, con movilidad y generando espacios.

Valverde eligió a Dembélé por ser el más hábil en el regate y en espacios reducidos. El francés dio señales de vida tarde, como en los entrenamientos. En el primer tiempo apenas se le vio, en una única aparición poco después de que el Levante marcara el segundo gol y luego ya no enfocó el marco rival hasta los últimos diez minutos al encadenar tres remates seguidos.

Más tarde llegó Coutinho, cuyo rendimiento fue pobrísimo hasta que anotó de penalti para aliviar el marcador y reforzar las esperanzas de clasificación. Malcom completó la aciaga noche de la delantera: una escapada de las suyas, la única, chocó contra el portero.

3. Arturo Vidal decide organizar

Sergio Buquets, titular y capitán, referente, además, del juego del Barça, debía ser el hombre que iniciara el juego. Y así fue al principio, cuando se convertía en el tercer central para iniciar la cadena de pases desde atrás. No tuvo peso Busquets, y el equipo perdió uno de sus pilares. Por experiencia y por veteranía. No supo inculcar el tono de intensidad exigible ni dando ejemplo al ceder un espacio vital a Chema para que abriera el marcador en el minuto 3.

La función de Busquets la usurpó Arturo Vidal a su manera. Fiel a su estilo, recorriendo campo, atacando las pelotas con fuerza, tratando de multiplicarse pese a que perdiera la posición y provocara algo de desorden. Al equipo le faltaba fuego y se lo dio el futbolista chileno.

La falta de fútbol no la compensó nadie con tanta personalidad. Las pérdidas fueron continuas en el primer tiempo y la mayor posesión azulgrana no significa que el once de Valverde fuera fluido en su juego. Al contrario. El exceso de novedades (nueve respecto a la Copa) en el equipo eliminó todas las conexiones habituales. Y sin juego ni intensidad ni titulares, el equipo sucumbió merecidamente.

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