+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario Diario Córdoba:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
   
 
 

CRÍTICA TEATRAL

Vida y muerte según La Cubana

 

Un momento de ‘Adiós Arturo’ en el Gran Teatro de Córdoba. - MANUEL MURILLO

Juan Antonio Díaz
15/06/2019

Título: ‘Adiós, Arturo’.
Compañía: La Cubana.
Guión: Jordi Milán.
Intérpretes: Jaume Baucis, Xavier Tena, Toni Torres, Nuria Benet, Álex González, Babeth Ripoll, Montse Amat, Toni Sans, Edu Ferrés y Virginia Melgar.
Dirección: Jordi Milán.
Lugar: Gran Teatro.

Todo está convenientemente preparado en el interior del Gran Teatro para que comience la función. Un espectáculo en la misma línea que, afortunadamente, nos tiene acostumbrados La Cubana. Es cierto que en sus últimos montajes la compañía une teatro con números de variedades, música y music hall, pero le viene que ni pintado. Adiós Arturo es una comedia loca con toques surrealistas, un canto a la vida y una apelación a vivirla intensamente que, como siempre, está aliñada con las cosas que caracterizan al más puro estilo de La Cubana, con participación del público, música, sorpresas y mucho humor. Habla de lo mismo de siempre; de lo único que sabe hacer La Cubana: de teatro. La función se inspira en el teatro que hacemos en nuestra vida cotidiana y pasa inadvertido como tal; ese teatro que hay en la calle, en los supermercados, en el trabajo, en la familia, con las amistades y, cómo no, también socialmente donde desplegamos nuestras dotes interpretativas en toda clase de actos: paripés, fiestas, bodas, bautizos, comuniones y entierros.

La historia comienza con la muerte de Arturo Cirera Mompou, sin más compañía que su loro Ernesto, su chofer marroquí y una legión de sobrinos, sobrinos-nietos y demás familia que piensan cómo hacerse con la herencia del millonario pariente. Aquí, La Cubana da una vuelta de tuerca al montaje y se aleja de la clásica estructura de presentación, nudo y desenlace para contar la historia al contrario. Es entonces cuando relatan la biografía de Arturo Cirera que, al cumplir 70 años, decide seguir siendo poco convencional y redacta sus últimas voluntades y organiza su funeral no en un sitio religioso sino en el teatro de la ciudad de le había visto nacer. Sobre el escenario, de cuerpo presente, Arturo participa en la alegre fiesta. Una vez despedido el finado, el escenario se convierte en su casa barcelonesa dos días antes de su fallecimiento, momento en que podemos ver todo lo que ocurre para atrapar la herencia.

Como no podía ser de otra manera La Cubana nos regala dos horas de divertimento en estado puro que, visto como está el patio, es muy de agradecer. Merece la pena ir a despedir a Arturo.