POESÍA
La mano que sacia la sed

Juan Vico, en una imagen de archivo. / EL PERIÓDICO
Tras varios títulos de narrativa, el último de relatos, Juan Vico (Badalona, 1975) regresa a la poesía con Condición de los amantes, género con el que debutó y sobre el que ha cimentado una propuesta radical y personalísima. Radical porque arraiga en la tradición, como pone de manifiesto la cita de Lope de Vega que da título al libro -«¡Oh, varia condición de los amantes!/ Si no los quieren luego, todo es furia./ Todo es desconfianza, si los quieren»-, y personal porque ha sabido incorporar elementos innovadores con singularidad. No hay duda de que la voz de Vico es una de las más sólidas del panorama actual y en Condición de los amantes se dan cita todos los argumentos. Vico desarrolla una historia sin aparente orden, trama ni concierto, impulsada por el azar y rescatada a fragmentos desde los espejismos de la memoria; una historia contada con la mecánica del amor. Ya en el primer poema, «Objetivo azar», señala el carácter caprichoso de su naturaleza: «tu nombre/ confundido en otros nombres: tu/ nombre arrepentido en otros nombres:// un resquicio/ en cada nombre». También, a renglón seguido, aclara otra cuestión fundamental: el sujeto escribe desde su «mitología personal», donde ha alzado sus ídolos sobre la inconsistencia de aquello que recuerda, aunque, a diferencia de otros amantes, enfrentándose a sus trampantojos por medio del poema: «si escribo aquí, olvido allí», por lo que, como un envés del verso de Neruda, añade: «Hazme/ callar ahora», subrayando el silencio como precepto de los amantes.
La voz poética va iluminando con sus descripciones un escenario donde es importante lo nombrado, pero también las omisiones deliberadas o inconscientes. El resultado es una mirada caleidoscópica, múltiple, donde «decir uno y decir tú/ no es decir demasiado,/ un arañazo más en la pizarra de la memoria». Así, lo contado es el fermento de la lucha por aferrarse a las evocaciones, una tensión formidable que acaba liberando el poema: «Las fotos que conservo, no me ayudan/ a fijar tu imagen: emerges de cada una/ como personas distintas». Un combate que también se refleja en un uso frecuente de los dos puntos para crear una espiral de aclaraciones sobre aclaraciones que evidencian la imposibilidad de conclusión alguna. Será tarea del lector ir delimitando, entre las luces y las sombras, los contornos de la escritura de Vico y sus ingredientes: invención, conflicto, fatalidad y pasión. Como dice en «Ciencia infusa»: «Romper/ todo lo escrito y escribir de nuevo lo mismo/ como un castigo o como parodia,/ como un discreto ejercicio espiritual:/ cuestión/ más de fe que de osadía/ si solo creo, al fin y al cabo,/ en el delirio de tu carne resurrecta».
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