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VUELTA AL COLE

Alberto Soler, psicólogo clínico: «La jornada continua puede suponer un serio deterioro en el rendimiento de los alumnos, especialmente en aquellos que tienen menos recursos»

Distintos informes plantean un debate sobre la jornada educativa en nuestro país

Alberto Soler, en una conferenciareciente.

Alberto Soler, en una conferenciareciente. / Javier Arias (Cortesía Fundación Telefónica)

A escasas semanas de que arranque la conocida como vuelta al cole, vuelve a abrirse un debate que desde hace años genera polémica en la comunidad educativa española: ¿es mejor la jornada escolar continua o la partida?

Hoy en día en gran parte de los colegios públicos de primaria y secundaria se aplica la jornada continua, es decir, clases únicamente por la mañana en horario intensivo. Esta medida se extendió a partir de los años 90, sobre todo en la escuela pública, y lo hizo más como una demanda laboral del profesorado que como un cambio pedagógico. En los centros privados y concertados, sin embargo, apenas ha tenido presencia.

Mientras en España la jornada intensiva se ha ido normalizando, en la mayoría de países europeos la excepción es precisamente esa. Lo habitual en el continente es mantener una jornada partida, con una pausa larga al mediodía. Esa franja no solo sirve para descansar, también se integra en el proceso educativo con actividades relacionadas con la alimentación, la higiene o la convivencia.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) lleva tiempo señalando que el reparto del tiempo en la escuela es tan o más importante que la cantidad total de horas. Concentrar demasiadas clases en un mismo tramo horario, advierte, puede terminar afectando al rendimiento académico y a la igualdad de oportunidades.

Qué se propone desde distintos organismos

La propia OCDE sugiere que España debería avanzar hacia modelos más flexibles y próximos a lo que ya se hace en países como Portugal o Dinamarca. En su último informe, destaca que buena parte de las familias españolas asumen gastos extra en actividades de tarde porque los colegios cierran tras la comida. Abrir los centros mañana y tarde permitiría, según este organismo, aliviar esas cargas económicas y, de paso, mejorar los resultados académicos.

La mirada de Alberto Soler

En este contexto se sitúa la voz de Alberto Soler Sarrió: psicólogo clínico en Valencia, especializado en crianza y con más de 15 años de experiencia en psicoterapia. Además de su consulta privada, desde 2015 dirige el videoblog Píldoras de Psicología, donde cada semana aborda temas relacionados con la educación y el desarrollo personal.

Soler recuerda que existen datos que deberían hacer reflexionar. Por ejemplo el informe oficial de la Generalitat Valenciana en 2015 señalaba que “en ocho de los nueve centros piloto en los que aplicaron la medida habían descendido los resultados en las pruebas diagnósticas”.

Para este psicólogo no se trata solo de estadísticas: también de cómo aprenden los alumnos. Como explica en uno de sus vídeos, “el tiempo de enseñanza que no se sincroniza adecuadamente con las necesidades y con las características del alumnado es en buena medida tiempo perdido”.

La cuestión de la fatiga es otro de los puntos clave y según sus palabras, “concentrar tanto los horarios perjudica más a quien más dificultades tiene”. Es decir que los estudiantes brillantes pueden compensar el cansancio, pero aquellos con menos recursos o mayores problemas de aprendizaje se ven más afectados, ampliando la brecha entre unos y otros.

Por eso concluye con una advertencia clara: “La jornada continua puede suponer un serio deterioro en el rendimiento de los alumnos, especialmente en aquellos que tienen menos recursos”.

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