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Séneca, filósofo cordobés, sobre el estoicismo: "No hay viento favorable para el que no sabe a qué puerto se dirige"

Se trata de uno de los personajes más ilustres de la ciudad de Córdoba

Retrato de Séneca según modelo de la antigüedad (pseudo-Séneca), por Lucas Vorsterman I (1638). Biblioteca Nacional de Francia

Retrato de Séneca según modelo de la antigüedad (pseudo-Séneca), por Lucas Vorsterman I (1638). Biblioteca Nacional de Francia / Wikipedia

Diario CÓRDOBA

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En los últimos tiempos la filosofía estoica ha vuelto a ganar popularidad. En redes sociales, libros de autoayuda y charlas motivacionales se habla del estoicismo como una herramienta para enfrentar la incertidumbre, la presión diaria y los golpes que da la vida. No es casualidad: en un mundo donde la economía, la política y hasta el clima parecen cambiar de un día para otro, las enseñanzas de este pensamiento antiguo están siendo revisadas y aplicadas de nuevo.

Dentro de esta corriente, Séneca, nacido en Córdoba en el año 4 a. C., ocupa un papel esencial. Filósofo, escritor, político y uno de los máximos exponentes del estoicismo romano, su figura está ligada tanto a la historia de Roma como al patrimonio cultural cordobés. En la ciudad andaluza se levanta, junto a la Puerta de Almodóvar, un monumento que recuerda su legado. No es solo un símbolo local, sino un recordatorio universal de sus reflexiones sobre la ética, la virtud y la forma correcta de vivir.

Uno de los pensamientos más citados y compartidos de Séneca a lo largo de los siglos es la frase: "A quien no sabe hacia qué puerto se encamina, ningún viento le será bastante propicio". A veces parafraseada como “No hay viento favorable para el que no sabe a qué puerto se dirige”, esta idea aparece en la Carta 71, titulada Lo honesto es el bien supremo.

Lo honesto es el bien supremo

En ese texto Séneca responde a su interlocutor recordándole que la vida no puede guiarse por impulsos improvisados, sino que debe orientarse hacia un fin claro y virtuoso. Utiliza imágenes muy concretas para explicar su punto: "Ningún pintor, por más que tenga los colores a punto, logrará obtener un retrato si no tiene bien fijado lo que pretende pintar", escribe para luego añadir la metáfora de la flecha: "Quien pretenda disparar una saeta tiene que saber en dónde se propone hacer blanco".

El mensaje es directo: nuestras decisiones fallan porque no sabemos a dónde apuntamos. Cuando falta esa dirección, el azar domina. Y para Séneca, ese rumbo debía ser siempre el bien supremo, que identifica de forma rotunda: “El único bien es la honradez, las otras cosas son bienes falsos y espurios”.

En la Carta 71 no se limita a dar un consejo práctico; también reflexiona sobre la naturaleza de la vida, el paso del tiempo y la inevitabilidad de la decadencia. Recuerda que todo lo que nace está destinado a desaparecer: las ciudades, los imperios y hasta los campos más fértiles acabarán por sucumbir, ya sea por guerras, catástrofes naturales o la simple inercia del tiempo. Ante esa realidad inevitable, la fortaleza de espíritu y la virtud son las únicas posesiones verdaderamente seguras.

Para Córdoba Séneca no es solo un personaje histórico, sino una parte viva de su identidad. Su estatua no es un adorno, sino un recordatorio de que su pensamiento sigue vigente: que no importa la época ni las circunstancias, siempre será necesario tener un rumbo claro y mantenerlo con constancia.

En un 2025 marcado por la velocidad de los cambios y la fragilidad de las certezas, aquella frase que escribió hace casi dos mil años sigue siendo un faro para cualquiera que se sienta perdido: sin saber hacia dónde vamos, ningún viento, por fuerte o favorable que parezca, nos llevará a buen puerto.

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