Verano y melón en España van de la mano: un mes antes y después del periodo estival, empezamos a ver estas piezas de fruta en los supermercados y, por ende, en nuestras sobremesas, meriendas y almuerzos. Además de su sabor refrescante y su textura crujiente, es la fruta preferida de los veraneantes por su altísima composición de agua y, por tanto, capacidad hidratante. 

Los problemas con el melón vienen cuando tenemos que elegirlo en la frutería o en el supermercado: ¿Cómo podemos saber que un melón está bueno? Hay distintas técnicas que podemos utilizar para saberlo, pero, en las inmediaciones de esta pregunta, sale un debate recurrente en verano, ¿existen los melones y las “melonas? 

Según dice la cultura popular, para elegir el mejor melón, en realidad, tenemos que buscar una “melona” que serían más dulces y jugosas que los melones “macho”. Las hembras serían aquellas que tienen los círculos concéntricos, mientras que los machos serían los que tienen las rayas en forma de estrella. 

La teoría de las “melonas” se basa en que, efectivamente, el melón es una hortaliza que tiene flores macho y hembras. Ósea que sí, técnicamente los melones tienen género; pero el contrapunto de este hecho es que la única flor fecunda, capaz de dar frutos, es la hembra: por lo tanto, jamás vamos a encontrar un melón que no sea hembra. 

Por tanto, aunque efectivamente existen las flores de los melones machos y hembras, si vamos a la frutería todos los melones que veamos van a ser técnicamente “hembras”. 

Ya que no podemos basarnos en el género para elegir el mejor melón, tendremos que fijarnos en otras características: por ejemplo, debe tener la piel tersa y no sonar hueco si le damos unos golpecitos con el puño. 

Por otro lado, tenemos que acercar la nariz y asegurarnos de que no suene hueco. Por último, si queremos asegurarnos de que el fruto está maduro, tenemos que prestar atención al color: cuanto más amarillenta es la tonalidad del melón, más maduro está y, por tanto, más dulce.