Las nocheviejas en el pueblo dieron paso a los cotillones; los cotillones, a las casas rurales; las casas rurales, a capitales europeas; Francia, a Ciudad Real; París, a Horcajo de los Montes. Es la línea de mi vida, que se podría dibujar con las formas y lugares del último día de cada año, hasta llegar al 31 de diciembre del 2019. Una carretera de los Montes de Toledo, niebla en el Guadiana, el aire festivo en cada pueblo manchego, y el vacío, cubiertos que suenan tras las ventanas, niños apurando bolsas de gusanitos, escarcha, un puro y una boina. Hostal El Álamo, nadie alojado, Pili lo abre para mí, pero avisa: «Tardará en calentarse». Me voy con la ropa de ciclismo a comprar la cena. Parte del supermercado está apagado, escasa oferta. Aún sosteniendo la bolsa, me siento en la barra del bar El Caballo. Hay jolgorio y gente sin ganas de ir a casa. Me consuela. Soy una atracción. Todos se sorprenden de que vaya a pasar fin de año solo. Y la cena, y la familia, y qué pasa con las uvas. No he comprado uvas, solo chocolote. Otra cerveza sin alcohol, Paco.

Una pradera cerca de Anchuras, por la CM-4106

Paco es el dueño, el más sosegado, aunque también se deja contagiar por la algarabía. Se rompe con una llamada desde la cocina. Solo quedan dos horas para las doce. Paco baja la persiana, algunos clientes protestan, para los que nunca es suficiente. Paco me detiene, me invita a cenar con su familia. Yo estaba preparado para el hostal, mi comida, mi lata, libro y lamparilla, pero acepto formar parte de esa gran mesa rectangular forrada de papel y repleta de gambas y jamón. Doy besos a desconocidos, me tomo siete uvas, a las doce y cuarto vuelve a subir la persiana, gente impaciente se frota las manos en la calle, sus hijos se montan en el coche para su gran noche, a 20 kilómetros, chaqueta y vestido largo. Aguanto media hora más y a la una me voy al hostal. Leo un poco antes de dormir.

fiesta de Nochevieja en un bar de Horcajo de los Montes (Ciudad Real)

fiesta de Nochevieja en un bar de Horcajo de los Montes (Ciudad Real)

El 1 de enero del 2020, a las ocho de la mañana, solo una persona se acoda en la barra del bar El Caballo. Hay un silencio visceral y todo está limpio. Paco enciende la máquina del café. El 1 de enero del 2020 hago 103 kilómetros en bicicleta y en mi camino, ya por carreteras toledanas, me encuentro a siete personas que huyen de algo.

El pueblo, al amanecer

Chico y María Luisa se felicitan la entrada de Año Nuevo

Un ganadero en Porzuna