A partir de la novela homónima de Jonas Jonasson, el director Felix Herngren ha construido un guión (bastante fiel, posiblemente para intentar así no defraudar a tantos lectores), junto a Hans Ingemansson, donde se nos relatan las peripecias del protagonista, después de huir de la fiesta de cumpleaños que le preparan en el asilo, donde le esperan autoridades y demás parafernalia con la fallida intención de celebrar haber llegado a la centuria.

El relato regresa al pasado constantemente y simultanea las aventuras, en presente, con el repaso histórico a determinados acontecimientos y personajes del pasado siglo, a la vez que se da a conocer la biografía de este curioso personaje, que a más de uno recordará al protagonista de 'Forrest Gump' (otra adaptación cinematográfica, firmada por Robert Zemeckis en 1994).

Todo ello, con bastante humor negro pues se trata de una comedia dramática procedente de Suecia, donde ya se sabe lo poco dados que son por allí a convencionalismos y relatos pasionales.

La corrección está servida, ya que las dos horas que dura 'El abuelo que saltó por la ventana y se largó' pasan divirtiendo y entreteniendo (que no es poco), aunque quizás se eche de menos un poco de pasión y grandeza visual que redondeara el producto final para no ser una producción más. No obstante, como digo, hay que reconocer cómo este tipo que ha asistido a la Historia contemporánea, gracias a su obsesión por la fabricación de explosivos, de manera fácil y sin darnos cuenta, nos lleva de la mano por esos líos en que se mete y en sus entradas y salidas en la escena histórica. El, como Zelig (el protagonista del film homónimo de Woody Allen), siempre estaba ahí. Igual que otros personajes cinematográficos dejándose llevar.

Recordemos, también, al jardinero en la cumbre de la política que encarnara Peter Sellers en 'Bienvenido Mr. Chance'.

Así, casi sin querer.

Ahí estaban.