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Día del Trabajo

La OIT estima que 2.000 millones de personas trabajan sin derechos

La profesora de Historia Contemporánea de la UCO Rosa María Almansa habla de cómo han cambiado las relaciones en los empleos

Según los datos de la OIT (2020), el 61 % de la fuerza de trabajo mundial está empleada de manera informal.

Según los datos de la OIT (2020), el 61 % de la fuerza de trabajo mundial está empleada de manera informal. / CÓRDOBA

Córdoba

El próximo 1 de mayo se conmemora el Día del Trabajo. Preguntamos a la profesora del Área de Historia Contemporánea y coordinadora de la asignatura Historia de las relaciones laborales, Rosa María Almansa Pérez, sobre el equilibrio en las relaciones laborales y su respuesta es muy clara: «El capital es la apropiación privada de los recursos esenciales para la vida y el trabajo, que todos necesitamos. El trabajo y la naturaleza son la fuente de todo, y sin el trabajo no podría mantenerse la vida.

Por lo tanto, no puede haber equilibrio entre capital y trabajo desde el momento en que el capital es una apropiación ilegítima de los recursos y la energía producidos por el trabajo y la naturaleza. El trabajo, por otra parte, no tiene hoy posibilidad alguna de decidir qué se produce, para qué o de qué modo. ¿A qué llamamos equilibrio? Lo que existe es un despojo completo de la soberanía del trabajo», afirma.

Sin mejoría

Y parece que la cosa va a peor. Almansa explica que hubo mejoras de las condiciones laborales a lo largo de los siglos XIX y XX en determinados países (muy pocas en los países sometidos a dominación colonial hasta bien entrado el siglo XX) gracias a la presión del movimiento obrero. Pero, sobre todo, «gracias a que ese movimiento obrero tenía pretensiones revolucionarias que estaba dispuesto a realizar», apunta. Incide en que «desde el momento en que esas aspiraciones revolucionarias se apagaron, porque se conformó con ciertas mejoras aunque se mantuviera su subordinación, las condiciones laborales han ido empeorando rápidamente». Así, «hoy tenemos un fenómeno inesperado: la esclavitud, que, aunque no suele implicar la posesión legal de los trabajadores forzados, es superior en número, en términos absolutos, que en ningún otro momento de la Historia, incluidas las épocas ‘clásicas’ del esclavismo. Por otro lado, según la Organización Internacional del Trabajo, OIT (2020), el 61% de la fuerza de trabajo mundial (unos 2.000 millones de trabajadores) está empleada de manera informal (o sea, sin derechos). También constata que la desigualdad es más pronunciada de lo que pensaba y que la participación de las rentas del trabajo en la renta global desciende sin freno. Paradojas todas ellas propias de nuestra ‘capitarquía’, o sea, un mundo que es propiedad del capital», subraya Almansa.

Demandas laborales

Almansa sostiene que las demandas laborales no han cambiado en «algunos lugares que tenemos olvidados, los del capitalismo pobre» y «siguen siendo las mismas que en la época de nuestra revolución industrial, si es que pueden permitirse demandar algo».

Firma del quinto acuerdo para el empleo y la negociación colectiva entre Cepyme, CEOE, CCOO y UGT.

Firma del quinto acuerdo para el empleo y la negociación colectiva entre Cepyme, CEOE, CCOO y UGT. / CÓRDOBA

«En otros lugares, depende en qué escala del trabajo nos situemos. Un sector creciente de los trabajadores pide otra vez lo elemental, como poder vivir con un solo trabajo, sin tener que lidiar con dos o tres para sobrevivir. Pero hay también un pequeño núcleo que tiene salarios altos o muy altos (y que no deja de demandar nuevas ventajas) que les hace olvidarse completamente de la suerte de los demás. Paradójicamente, es este el que recibe mayor atención de los sindicatos más fuertes», sostiene esta profesora.

Rosa María Almansa advierte que la esclavitud hoy es superior a épocas «clásicas»

En esta realidad están impactando ya fenómenos como una mayor digitalización, el teletrabajo, el desarrollo de la IA, etc. y, como remarca Rosa Mª Almansa, «lo harán aún más en el futuro. Hasta ahora las mejoras tecnológicas se enjugaban con más consumo (que exigían más producción y por tanto mantenían hasta cierto punto el empleo), aunque la tendencia de la tasa de empleo ha ido en general a la baja desde los años setenta. Es difícil que podamos seguir aumentando la tasa de consumo, aunque solo sea de bienes que llaman impropiamente ‘inmateriales’, como los videojuegos, porque estamos saturados a todos los niveles. Y la inestabilidad mundial no ofrece las mejores condiciones para ello. Si el consumo continúa aumentando, será al precio de un deterioro de la calidad, con todos los riesgos que ello conlleva». Por otro lado, en su opinión, «la negociación colectiva es un mecanismo muy parcial, no global, y no tiene nada que ver con una auténtica regulación económica. Está dirigida a regular el forcejeo entre intereses de dos partes muy desiguales en poder. Por ahí no va a revertirse ninguna tendencia que sea fundamental».

Negociación colectiva

En referencia a la negociación colectiva, Almansa indica que «si nació en un contexto donde predominaban las grandes empresas y sectores muy homogéneos, hoy la descentralización de las empresas hace que los ámbitos de negociación sean más reducidos, mientras que los sectores económicos son muy desiguales entre sí y los sindicatos se ven debilitados en su capacidad negociadora. Como consecuencia, se ha roto el relativo equilibrio negociador de las partes y se imponen, en muchas ocasiones, unos modelos de negociación colectiva que no siempre implican adquisición de derechos para los trabajadores, dando lugar a lo que se conoce como negociación colectiva de gestión».

En opinión de la profesora de la UCO, se ha roto el equilibrio negociador

En este sentido, aventura que, a corto plazo, «debería asumir la incorporación de colectivos de trabajadores fuertemente precarizados, como informales, de inmigrantes irregulares, o aquellos cuyas relaciones de trabajo están mediadas por las nuevas tecnologías. Pero a medio y largo plazo debemos afrontar una sociedad de trabajo libre, lo que quiere decir que trabajaremos para la calidad de vida humana y natural, y no para la acumulación de capital, que nos obliga a trabajar para lo superfluo y lo dañino, como la guerra, hoy inducida por las empresas armamentísticas. Esto implica la desaparición del capital si queremos que la vida prevalezca».

La situación de la mujer

Aunque la legislación aliente la incorporación de la mujer al mercado laboral, las mujeres siguen sufriendo mayor desempleo, tienen una menor tasa de actividad, más parcialidad, temporalidad y abandono y eso que en las aulas son más de la mitad.

«En mi opinión, la actual situación de las mujeres debe entenderse sobre todo a partir de circunstancias que heredamos socialmente y que se perpetúan sin que comprendamos por qué. Vivimos insertos en un ambiente de competencia general, que pensamos que es saludable porque supuestamente nos estimula, pero lo que hace en realidad es desgastarnos y legitimar el egoísmo y la desconfianza, que se refuerzan. Un contexto así no es favorable a relaciones de verdadera igualdad, sino que mantiene viejos estereotipos porque la promoción de un grupo social determinado es percibida generalmente por otros como una amenaza que incluye la desvalorización propia». Es más, «esta situación permanecerá mientras los trabajadores compitamos entre nosotros para que nos escoja el capital. Solo puede ser superada con una comunidad fraternal del trabajo cuyo objetivo sea una verdadera calidad de vida, no acumular como hace el propio capital», concluye.

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