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Feria de Nuestra Señora de la Salud

Toros en Córdoba: Ortega y Aguado, un alivio artístico sin contundencia

Los dos sevillanos y Manzanares se reparten cuatro orejas de distinto peso en el festejo con el que se cierran los espectáculos taurinos de la feria

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Francisco Javier Domínguez

Francisco Javier Domínguez

Ganado: Toros de Domingo Hernández, justos de presencia pero nobles y manejables en líneas generales. De embestida franca, segundo, tercero y quinto.

José María Manzanares, de sangre toro y azabache. Estocada (oreja); pinchazo y estocada desprendida (ovación).

Juan Ortega, de verde manzana y oro. Estocada desprendida (oreja); estocada caída (oreja con petición de la segunda).

Pablo Aguado, de catafalco y oro. Pinchazo y estocada (oreja); estocada desprendida y un descabello (ovación tras aviso).

Incidencias: Plaza de toros de Los Califas. Última corrida del abono de la Feria de Mayo. Más de media entrada en tarde calurosa. El banderillero Iván García, de la cuadrilla de Pablo Aguado, ha saludado tras parear al sexto de forma extraordinaria

Durante años, en el presente siglo, las ferias taurinas de mayo las salvaban Finito de Córdoba y José Luis Moreno. El resto de las figuras pasaban por Córdoba como las de hoy, de puntillas, y salvo alguna faena puntual como el rabo aquel que cortó Morante, eran los dos cordobeses los que mantenían cierta regularidad en el triunfo. Finito cumplió ayer 35 años de alternativa y sigue en activo, pero apenas torea. Quien mantuviera el peso de la feria durante más de 20 años es hoy un recuerdo inmenso para quienes disfrutamos de su tauromaquia durante más de dos décadas bien cumplidas. Moreno, que cumple 30 de alternativa el próximo sábado, está retirado, pero recordamos faenas como aquella a Salmonete, de Torrestrella, o las dos ferias en las que le birlaron el Manolete. La doble efeméride y el tiempo que ha pasado deben hacernos reflexionar sobre la necesidad de apostar por una cantera sólida de toreros. De otro modo será muy difícil.

Suena el himno de España antes del inicio de la corrida.

La terna sobre el albero antes de empezar la corrida. / A. J. González

Sin Finito, sin Moreno, a la espera de que rompan los de aquí. Sin Morante y sin Roca, Los Califas es un páramo, un baldío. Sus tendidos son ya un roquedo yermo y estéril. Y hay quienes no se dan cuenta de que su propiedad está completamente devaluada, aunque las entradas cuesten a razón de 79 euros el tendido alto de sombra. Es como el que tiene una finca y sostiene a un aparcero —e incluso le aplaude— que lo tiene todo con matas y por rozar. Porque cuando se vaya el que hay, a ver quién viene a poner en producción el erial.

Con esos precedentes, que debían ser fuente de inspiración, Juan Ortega y Pablo Aguado han logrado momentos de lucimiento en una tarde que se ha quedado a medias por tres razones: los dos sevillanos no han terminado de apretar en el toreo fundamental, los toros, nobles, no han tenido demasiados finales ni emoción y las espadas han fallado. El triunfador numérico ha sido Juan Ortega, que con dos estocaditas ha conseguido sendas orejas, pero cada vez es más evidente el alivio con el que vienen los toreros a Córdoba.

Juan Ortega al natural con el quinto de la tarde.

Juan Ortega al natural con el quinto de la tarde. / A. J. González

Ortega, que ha dejado momentos sublimes en ambos toros tanto con el capote como con la muleta, se ha quedado a medio camino de romper ambas faenas con toros a su medida. Tras un gran saludo a la verónica en su primero, ha iniciado torerísimamente la labor de muleta por bajo y hasta el tercio. Luego se han sucedido las series muy superficiales. Es importante reseñar esto. No vale andar por allí con medios muletazos por ambas manos. Hay que rematar. No andar desangelado. Más de lo mismo en el quinto. Grandioso concepto y colocación, pero del empaque y del gusto no vive el hombre. Sin rematar Ortega por falta de ambición.

Tres cuartos de lo mismo le ha pasado a Aguado. Que ha llegado aliviado a Córdoba. Y punto. ¿Que ha estado bien? Sí. ¿Que no se vive de unas verónicas y de unos naturales sueltos? Pues es así. Como Ortega, nos ha hecho disfrutar en ambos toros en compases sueltos por ambos pitones. Ayudados, trincherazos, toreo fundamental. En sus dos toros ha cuajado naturales al ralentí; pero el tercero, por la derecha, ha sido puro almíbar, así como el sexto, cuando se ha acoplado de maravilla en las primeras series. Pero había ganado, en los dos casos, para una mayor rotundidad. Para haber reventado aquello. Porque eran toros para él, tanto como para Ortega. No ha podido ser. Ya me entienden.

Pablo Aguado brinda el tercero de la tarde a El Cordobés desde el ruedo.

Pablo Aguado brinda el tercero de la tarde a El Cordobés desde el ruedo. / A. J. González

Y Manzanares. Ay, Manzanares. Es complejo explicar cómo un maestro que ganó un Manolete, que ha sido figura máxima y que tenía legión de seguidores anda mancillando su crédito, sin ángel y sin alma, por esas plazas.

Manzanares en una serie de derechazos con el primer toro de Domingo Hernández.

Manzanares en una tanda de derechazos con el primer toro de Domingo Hernández. / A. J. González

El primero, un noble marca de la casa, se lo ha pasado con distancia y precaución. Al segundo, protestado, le ha apretado y ya. Por momentos, en ambos toros, ha sido un mitin. El alicantino no está gestionando bien su momento.

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