Feria de Nuestra Señora de la Salud
Julio Norte abre la Puerta de Los Califas con dos orejas en el primer festejo de la Feria de Córdoba
El salmantino se convierte en el primer triunfador del ciclo cordobés, en un festejo en el que destacó la faena de muleta al cuarto de la tarde del mexicano Emiliano Osornio, mientras que Manuel Quintana no tuvo el debut deseado como novillero con caballos ante sus paisanos
Ganado: novillos de El Cotillo-Hermanos Collado Ruiz, de aceptable presentación y juego desigual, destacando el quinto, aplaudido en el arrastre.
Emiliano Osornio: estocada tendida (silencio); y pinchazo hondo, dos pinchazos, media estocada y un descabello (silencio tras aviso)
Julio Norte: pinchazo y bajonazo (ovación); y estocada (dos orejas).
Manuel Quintana: pinchazo y estocada (saludo desde el tercio tras un aviso); y espadazo (saludos desde el tercio).
Plaza: Los Califas. Algo más de un cuarto de entrada en una tarde de temperatura agradable.
El salmantino Julio Norte abrió este sábado la primera Puerta de Los Califas de la presente edición de la Feria Taurina de Nuestra Señora de la Salud gracias a la faena al quinto de la tarde y a su concepto del torero, más acorde con el tipo de público que acude a la plaza y que, como ocurría ayer sábado, pasó por alto la faena de muleta de Emiliano Osornio al segundo de su lote, en el que dejó para el recuerdo los mejores pasajes de la tarde, taurinamente hablando, con naturales de cartel.
El mexicano, que pasó desapercibido en el que abría plaza, un endeble ejemplar que bastante hacía con mantenerse en pie, ofrecía en el cuarto de la tarde una dimensión que muy pocos aficionados supieron valorar en su justa medida, más pendientes de otros menesteres que de lo que estaba ocurriendo en el albero califal. Con un concepto muy clásico, desde el trasteo inicial dejó claro que había venido a Córdoba a dejar su impronta. Y así lo hizo, con una rotundidad a la que no daban crédito ese puñado de aficionados que afortunadamente aún quedan en los tendidos del coso cordobés, y que veían como sus compañeros de butaca, minutos después, aplaudían y concedían trofeos que, para los más puristas, fueron excesivos. Aunque como reza el dicho, «doctores tiene la iglesia», y el democrático espectáculo de la tauromaquia se rige por el número de pañuelos que aparezcan en los tendidos, así como por los criterios de la presidencia, que ayer tampoco se salvó en el que cerraba plaza, cuando el usía se permitió el lujo de, móvil en ristre, fotografiar los tendidos, tal vez como prueba inequívoca de que la petición de trofeos no fue mayoritaria.

Emiliano Osornio, en la novillada con picadores, con reses de El Cotillo-Hermanos Collado Ruiz, en Los Califas. / Manuel Murillo
Puerta de Los Califas
Queda dicho que Osornio puso hoy el toreo, ese por el que merece la pena hacerse unos cuantos cientos de kilómetros y pagar religiosamente una localidad, aunque el que consiguió abrir por primera vez en esta feria la Puerta de Los Califas fue el salmantino Julio Norte, que desde el paseíllo conectó con el respetable como solo lo hacen las figuras.
Osornio puso el toreo y Julio Norte fue el único en tocar pelo gracias a su conexión con los tendidos
Así, del clasicismo del mexicano, se pasaba a un toreo más efectista, como quedaba visto en el saludo capotero al primero de su lote, ejemplar que tampoco andaba sobrado de fuerzas. Aun así, y tras brindar al V Califa del toreo, que presenció el festejo desde un burladero del callejón, Norte inició su actuación con un gran cambio de mano en el trasteo y dos tandas con la derecha, culminadas con dos largos pases de pecho. Pero fue cambiar al pitón izquierdo y la faena se empezó a venir abajo, pese a los intentos del novillero con circulares invertidos y los siempre recurrentes desplantes que hacían las delicias del respetable.

Julio Norte, este sábado en Los Califas. / Manuel Murillo
De haber andado más fino con los aceros hubiera cortado el primer trofeo de la tarde, algo que sí ocurriría en el segundo de su lote, el mejor ejemplar del encierro de El Cotillo-Hermanos Collado Ruiz, un precioso castaño claro de nombre Barquero y herrado con el número 10, que a la postre fue el único aplaudido en el arrastre, y en el que los cordobeses Rafa Rosa y Óscar Reyes se desmonteraron tras un buen tercio de banderillas.
Sabedor de que este tramo de la temporada, tras su paso por Valencia y Sevilla, y su inminente cita en Madrid, es de gran importancia para lo que será su despedida del escalafón novilleril, ya que tomará la alternativa en Dax el próximo verano, Norte puso toda la carne en el asador con una faena que comenzaba de rodillas con varios pases cambiados por la espalda, para seguir con varias tandas por la derecha, siempre aprovechando el viaje de su antagonista, algo que el respetable hasta le permitió, habida cuenta de los aplausos que brotaban de los tendidos. Tras probar con la zurda, nuevamente por el pitón derecho aguantó varios parones, recurriendo a las cercanías para caldear a un público que, tras varias manoletinas de rodillas, nada ortodoxas, y la certera estocada puso en sus manos las dos orejas y, con ellas, la primera Puerta de Los Califas de la feria.

Manuel Quintana en el primer festejo de la feria taurina de Córdoba. / Manuel Murillo
Una salida a hombros con la que, seguramente, soñaba Manuel Quintana, en la que era la presentación ante su afición como novillero con caballos. Y había prisa en que se produjera ese momento, porque con los areneros aún en la plaza, saltaba al ruedo el tercero de la tarde, al que Quintana recibió con unas acarameladas verónicas rematadas con una media que hizo recordar a aquel otro novillero cordobés de los ochenta que revolucionó a la Córdoba taurina. Con la faena, la cosa cambió y Manuel tuvo que afrontar las dificultades del novillo en cada tanda, mostrándose más cómodo cuando toreó con la derecha, ya que por el pitón contrario los pases eran de uno en uno ante la imposibilidad de ligar una tanda. Aunque no se pudo ver su auténtica dimensión, Quintana estuvo más que correcto y pudo haber tocado pelo de haber acertado con la espada a la primera, algo que sí ocurría en el que cerraba plaza, aunque en este caso con una faena con altibajos, estructurada mayoritariamente sobre el pitón izquierdo, dejando algunas tandas de mucha enjundia intercaladas con otras en las que la voluntad por agradar del joven novillero salvó la situación.
Quintana manejó el capote con gran elegancia en el saludo al tercero de la tarde
En esta ocasión, queda dicho, fue más certero con la espada, pero desde el palco se estimó que la actuación de Quintana, en su conjunto y pese a los pañuelos que flameaban en los tendidos, no era merecedora de premio, algo que no importó al respetable, que despedía al cordobés con una cerrada ovación, mientras que minutos después se abría la Puerta de Los Califas para Julio Norte y Emiliano Osornio se dirigía con su cuadrilla al hotel preguntándose, tal vez, qué había pasado esa tarde en Córdoba. Seguramente lo mismo que muchos aficionados seguirán preguntándose cuando abandonaron Los Califas.
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