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Historia del toreo

Manuel Benítez 'El Cordobés', 90 años de genialidad

Apenas iniciada su carrera de novillero se convierte en la figura de la época y gozaba de mucha popularidad

Manuel Benítez 'El Cordobés', en Las Ventas, detenido tras saltar como espontáneo.

Manuel Benítez 'El Cordobés', en Las Ventas, detenido tras saltar como espontáneo. / COR

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Francisco Gordón Suárez

Francisco Gordón Suárez

El pasado 4 de mayo, Manuel Benítez El Cordobés cumplió 90 años. A lo largo de estas nueve décadas, la figura y leyenda del Ciclón de Palma del Río ha ido creciendo hasta obtener, merecidamente, el unánime reconocimiento del que hoy disfruta.

Tras pasar todo tipo de penurias durante su infancia y primera juventud, busca en los toros un medio para salir de la miseria en la que andaba sumido. Comienza sus primeras correrías taurinas saltando por las noches los cercados de las fincas cercanas a su localidad natal, enfrentándose bajo la luz de la luna a las reses y a los mayorales que salían en su busca con intenciones poco amistosas. Como tantos otros maletillas de la época, deambula por el campo bravo en busca de una oportunidad, si bien su falta de técnica y sus maneras algo toscas no suponían la mejor carta de presentación.

Desesperado, en 1957 se tira de espontáneo en Las Ventas, siendo detenido por la Policía Armada e ingresando posteriormente en la cárcel. Tras su paso por el presidio, aburrido, decide "colgar los trastos" e irse a trabajar al extranjero "de lo que sea", pero, una vez en la cola en la que debían darle los papeles, no le alcanza el cupo y debe permanecer en España. Esta circunstancia hace que, de nuevo, piense que la única solución son los toros y comienza a acudir a capeas en los pueblos cercanos a Madrid. En una de ellas ve morir de una cornada a su compañero de cartel.

Córdoba Archivo fotográfico histórico de Diario Córdoba Manuel Benítez el Córdobés de novillero en Bilbao

Manuel Benítez 'El Córdobés' de novillero en Bilbao / CANO

Será el encuentro con Rafael Sánchez El Pipo el punto de inflexión en la carrera de Manuel Benítez. En 1960, El Cordobés conoce a El Pipo en una cafetería madrileña y, en palabras de Domingo Delgado de la Cámara (biógrafo de El Cordobés), le promete comprarle un Mercedes si aceptaba apoderarle. Ya fuera por el envite o por el buen ojo que siempre demostró el singular apoderado cordobés, lo cierto es que ya esa temporada El Pipo comienza a organizar novilladas al reclamo de un aún desconocido novillero de Palma del Río. Pero el valor y la heterodoxia que caracterizaban el toreo de El Cordobés pronto cautivaron a los públicos y en 1961 ya gozaba de una enorme popularidad que se vio incrementada tras torear un festival en El Pardo, residencia del entonces Jefe del Estado. Al año siguiente, El Cordobés era ya la máxima figura de los novilleros y se anuncia su alternativa para final de la temporada, pero la lluvia da al traste con el festejo.

Será en la Feria de Mayo de 1963 cuando, finalmente, El Cordobés alcance el doctorado de manos de Antonio Bienvenida, con José María Montilla de testigo. El toro de la ceremonia se llamó Palancar. Aquella tarde, cortó cuatro orejas y un rabo. La temporada siguiente, a su vuelta de América, se anuncia en su primera Feria de Abril de Sevilla y el 20 de abril corta un rabo en el ruedo maestrante a un toro de Carlos Núñez. Con ese bagaje, la confirmación de alternativa el San Isidro de 1964 había alcanzado un interés jamás conocido, hasta el punto de que, volviendo a invocar la autoridad de Delgado de la Cámara, ha sido la corrida que ha generado más expectación de toda la historia del toreo. El Cordobés fue corneado y, pese a no entrar a matar, le fue concedida una oreja.

En la temporada de 1965, para la historia particular de la ciudad, tiene lugar la inauguración del coso de los Califas, cortando Benítez tres orejas y un rabo. Esa temporada la acaba con 111 corridas de toros en su haber. En 1967 anuncia sorpresivamente su retirada, decisión que obliga a los empresarios a acudir en peregrinación a Villalobillos para pedirle al diestro que lo reconsiderara. Tras consultarlo con la almohada, El Cordobés aceptó torear ese año, no sin antes obligar a los empresarios a firmar la almohada, como muestra inequívoca de quién era el mandamás del toreo. En 1971 participa en nada menos que 121 corridas de toros, récord que se mantuvo durante 24 años. Desde 1971 hasta 1979, permanece alejado de los ruedos, reapareciendo en Benidorm. En 1981, tras el desgraciado percance mortal en Albacete de un espontáneo, decide retirarse del toreo, aunque nunca lo hará oficialmente, y torea durante más una década en distintas corridas. El 1 de junio de 2002 se corta la coleta tras estoquear dos toros en la Feria de Mayo, aunque aún toreó dos corridas más en Palavás. El 5 de abril de 2014, cuando ya frisaba los 80 años, El Cordobés toreó por última vez en público, en una festival a beneficio de los enfermos de cáncer, en el que salió a hombros (de Finito de Córdoba) tras cuajar una faena antológica a un novillo de Domingo Hernández.

Manuel Benítez y Palomo Linares, los guerrilleros.

Manuel Benítez y Palomo Linares, los guerrilleros. / CÓRDOBA

Esta sucinta semblanza de sus méritos artísticos debe completarse con la trascendencia social que también ha logrado. A comienzos de la década de los 60 del siglo pasado, España se identifica con un desharrapado que, por aquel entonces, entre revolcones y volteretas, andaba más por los aires que con los pies en el suelo. En un país aún poco acostumbrado a las alegrías, todos los estamentos de la sociedad se movilizaban para ver a El Cordobés. En la época del Real Madrid ye-yé, lo que se agotaba en los quioscos eran los cromos del álbum de El Cordobés. Su fama traspasó fronteras, como lo demuestra el hecho de que 500 millones de personas en el mundo lo vieran por televisión cortar cuatro orejas y un rabo el día que en el Madison Square Garden de Nueva York se instalaron cuatro pantallas para verlo torear en la denominada Corrida del Siglo. Su figura ha abarcado otras disciplinas artísticas, como el cine, la música, la pintura o la literatura. Ha sido icono publicitario, dinamizador de la economía patria, piloto de avión o protagonista de películas de éxito, hasta el punto de que The Beatles le copiaron el flequillo desde aquel día en que se desplazaron a Córdoba porque querían protagonizar una película con él. Años después, Brodway, Las Vegas y Londres vieron a Tom Jones resarcirse de su derrota eurovisiva gracias al éxito mundial alcanzado con el musical Matador , inspirado en la vida del diestro de Palma del Río. También los escritores Dominique Lapierre y Larry Collins narraron la vida del quinto Califa en el best seller O llevarás luto por mí, que ha sido traducido a 32 idiomas, y aún hoy sigue vendiéndose. La inconfundible sonrisa de El Cordobés ha ilustrado las portadas de prestigiosas revistas extranjeras como Life o Paris Macht y los periódicos de la época se hacían eco de su amistad con Robert Kennedy o Gerald Ford, con quienes se fotografió en la Casa Blanca.

Ya en el año 2002, un reducido grupo de representantes de distintos sectores de la sociedad cordobesa, constituyó una comisión para el nombramiento de Manuel Benítez El Cordobés como quinto califa del toreo, a la que pronto se sumaron otros ilustres comisionados. Mediante la adhesión de multitud de ciudadanos, asociaciones, empresas, profesionales taurinos, la comisión fue el cauce a través del cual se articuló la soberanía popular que legitimaba tan justo reconocimiento y que concluyó el 19 de septiembre de 2002 con la presentación formal ante el Ayuntamiento de Córdoba de la solicitud de nombramiento de El Cordobés como quinto califa del toreo, petición que hicieron suya la totalidad de los grupos municipales (cualquier tiempo pasado fue mejor) elevándola al Pleno, que la votó afirmativamente de forma unánime.

Manuel Benítez, hijo de El Cordobés, muestra la coleta tras cortársela a su padre en 2002.

Manuel Benítez, hijo de El Cordobés, muestra la coleta tras cortársela a su padre en 2002. / Juan Manuel Vacas

El 29 de octubre de 2002, Manuel Benítez El Cordobés, vestido de corto en un guiño a Manolete y su legendario homenaje en Lardhy, recogía de manos de la entonces alcaldesa de Córdoba Rosa Aguilar, en presencia de algunas de las más destacadas figuras del toreo de la historia, la medalla que representaba su reconocimiento como quinto califa del toreo, la máxima distinción que un torero pueda alcanzar.

Como corolario, habrá que decir que, en pleno siglo XXI, en la época de las telecomunicaciones y redes sociales, si uno teclea en Google Cordobés, el nacido en Córdoba y su provincia es la segunda acepción.

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