Sanfermines

Triunfo con sangre de Borja Jiménez en la tarde del santo patrón en Pamplona

El diestro sevillano ha sido corneado de gravedad en el muslo derecho

Borja Jiménez ha recibido una cornada en el muslo derecho este domingo en Pamplona.

Borja Jiménez ha recibido una cornada en el muslo derecho este domingo en Pamplona. / Jesús Diges / Efe

Paco Aguado (EFE)

Ficha del festejo

Ganado: seis toros de La Palmosilla, muy desiguales de volumen y alzadas, varios con cabezas aparatosas y bastas hechuras, que fueron los más descastados, pero con otros tres de muchas opciones y, en algún caso, más fina presencia: primero y quinto, que además desarrollaron mayor movilidad y nobleza, y un sexto pronto, repetidor y con clase.

Diego Urdiales, de verde esmeralda y oro: un pinchazo, estocada contraria y siete descabellos (silencio tras dos avisos); estocada delantera (silencio).

Fernando Adrián, de blanco y plata: pinchazo y estocada (silencio); estocada baja (oreja).

Borja Jiménez, de tabaco negro y oro: media estocada tendida (silencio); pinchazo y estocada honda (dos orejas que paseó la cuadrilla). Fue herido al entrar a matar al sexto, que le infirió un cornada en el muslo derecho "con lesión penetrante en triángulo de Scarpa, disecando arteria femoral y penetrando de forma transversal hasta la parte externa del muslo derecho", según los médicos que le intervinieron en la enfermería de la plaza.

La plaza: tercer festejo de abono de la feria de San Fermín, con lleno de "no hay billetes" (casi 20.000 espectadores), en tarde agradable.

El diestro sevillano Borja Jiménez cortó este domingo en Pamplona las dos orejas al sexto toro de la tarde, que le corneó de gravedad en el muslo derecho al entrar a matar al final de la corrida del día de San Fermín, en la que también paseó un trofeo Fernando Adrián y el mejor toreo llevó la firma del riojano Diego Urdiales.

Hasta el momento del percance, Jiménez le había hecho una faena más animosa que asentada al que se decantó como el toro de más clase del desigual sexteto de La Palmosilla y que, curiosamente, entró como remiendo de uno de los que corrieron el encierro en principio pero que fue rechazado después por los facultativos.

Es decir, que el único que no hizo la carrera matinal fue el que acabó desarrollando mejor condición para la muleta, esa que el diestro sevillano manejó con afán y encimándose demasiado con el serio y cuajado animal, al que no dejó así desplegar, por no facilitarle el largo recorrido que pedía, su clara entrega tras el engaño.

Con todo, la faena, salpicada de alardes desde que la abrió de rodillas en los medios, fue muy jaleada por las peñas que venían a los tendidos por primera vez en la feria, lo que, sumado sobre todo a la impresión de la cornada producida en la suerte suprema, hizo que se pidieran esas dos orejas que el alcalde Asirón, como presidente de la corrida, no tuvo reparos en conceder.

Antes, Jiménez había recibido a portagayola al tercero, el toro mas terciado de la corrida, que se creció y se rebrincó con cierta aspereza a lo largo de un trasteo porfión y destajista pero de escaso gobierno y poco reposo por parte del sevillano.

También tocó pelo el debutante Fernando Adrián, no de su primero, destartalado de cabeza y bajo de hechuras, que agotó su escaso fondo de raza mediada el movido y amontonado trabajo del diestro madrileño, que tampoco mostró mucha consistencia ante el quinto, otro de los toros con claras opciones del encierro gaditano.

Ese quinto, que había protagonizado momentos de peligro en el ruedo a la llegada del encierro, fue un cinqueño de finas y serias hechuras que rompió a embestir con entrega y movilidad cuando Adrián le citó para varios pases cambiados en los medios, y así siguió embistiendo a lo largo de un trasteo que no acabó de macizarse, por falta de mayor mando y temple, sin que el conjunto y menos aún la estocada baja con que lo remató justificaran el trofeo.

Diego Urdiales, el mejor toreo de la tarde

En realidad, el mejor toreo de la tarde de San Fermín llevó la firma de Diego Urdiales, el veterano del cartel y el único que se fue sin premio de la plaza. No lo pudo hacer con el cuarto, un toraco feo y muy ancho de sienes que no agradeció el buen trato del riojano, pero si con el primero de la corrida, un hondísimo castaño que, aun a falta de un punto más de calidad, embistió lo suficiente.

La faena de Urdiales fue muy clásica, en tanto que se limitó al toreo esencial, con solo algunos adornos, y estuvo dominada por el un acertado sentido de la medida y una técnica precisa, en altura y trazo de los muletazos, adecuada a las condiciones de un toro al que ayudó a ir a más y a mejor, con momentos especialmente destacados por el temple, la extensión y el ajuste de su naturales y derechazos. Solo que un pinchazo y una estocada muy contraria, previos a siete descabellos, lo dejaron todo en la nada estadística.